lunes, 1 de junio de 2009

Discurso de campaña de Raúl Alfonsín, 30/09/1983 en Cancha de Ferrocarril Oeste

Venimos...(cuidado con los fotógrafos, déjenlos trabajar). Todos nosotros sabemos ... todos los argentinos comprendemos que no estamos en estos momentos viviendo las circunstancias de una campaña electoral común; cada uno de nosotros sabe que no se trata solamente de consagrar una f6rmula; todos sabemos que en lo que realidad se trata es de saber si los argentinos podemos realmente superar esta etapa de decadencia, superar esta inmoralidad que se ha enseñoreado en nuestra sociedad, y transitar juntos un largo camino de paz y prosperidad.

Crisis moral por encima de todo, que hay que superar,y en consecuencia obliga a utilizar también la prédica y el discurso honrado de la autenticidad y de la verdad, que es la prédica y el discurso de la democracia. No se escucharán en las tribunas de la U.C.R., ni una sola frase que pueda esta reñida con la voluntad indeclinable y definitiva de lograr la democracia levantando banderas de uni6n nacional, entre todos los argentinos.

Estamos ante un pueblo que quiere cumplir con su deber, el problema es que la realidad argentina es tan compleja que a veces no atina a comprender cuál es su deber. Esto está señalando una responsabilidad mayúscula de parte de los partidos políticos y de los hombres políticos sin excepción. Tenemos que procurar orientar al pueblo, decir la verdad de lo que pasa, encontrar la manera de ayudar a que haya un comportamiento nacional, para que por encima de las divergencias ideológicas encontremos hoy la respuesta común capaz de dar soluciones en serio a los afligen tes problemas de nuestro pueblo, y a los durísimos problemas que debe enfrentar la nación argentina en su conjunto.

Es por eso la necesidad fundamental de actuar con sinceridad, dejando para minorías absurdas el uso de la diatriba, de la calumnia, de la insinceridad y del manipuleo. El pueblo argentino está maduro para comprender esta necesidad fundamental; solamente parece haber algunos que no han entendido lo que significa la democracia, que no es una competencia bárbara por el voto del pueblo, sino una forma de vida, una filosofía, que nos debe obligar a trabajar por la dignidad del hombre, al que hay que darle libertad y justicia social. Y cuando se pone en marcha un pueblo para ir a la democracia, están claras las reglas del juego: se someten los candidatos a elecciones y a veces se ganan y a veces se pierden.

La U.C.R. a través de su historia se ha sometido muchas veces a elecciones. Ha ganado y a perdido; pero cuando ha perdido no se ha sentido jamás derrotado, porque ha aceptado el lugar que le ha señalado el pueblo para servir a la Nación desde el llano.

Que nadie hable entonces de derrotar en la Argentina y que todos comprendan, y particularmente los hombres de otro partido mayoritario de la Argentina, que a veces se gana y a veces se pierde y que en esta hora difícil de la Argentina, el que con seguridad le va a tocar perder, tiene que procurar servir al pueblo desde el llano.

En definitiva, será, va a ser el gobierno de las mayorías argentinas. En definitiva, vamos a construir entre todos el país que nos merecemos por nuestra geografía y por nuestro pueblo. Yo vengo a explicarles esta noche qué es lo que va a hacer la U.C.R. desde el Gobierno, para superar esta tremenda crisis que padecemos: lo primero, el estado de derecho, el imperio de la ley emanada de la voluntad general, para que todos los hombres sepan inclinarse ante la Majestad de la Ley, y ningún hombre tenga jamás que inclinarse ante otro hombre. División de poderes,para que quien recurra a la justicia encuentre en ella lo que corresponde: seguridad para todos en el juego grande de las instituciones de la República, pero también, democracia cotidiana, la de todos los días, para que el más humilde de los hombres, o de las mujeres, se sienta ciudadano en su patria; seguro de sus derechos, responsable de su libertad y no tenga jamás que ir a hocicar ante el mostrador de ningún burócrata cuando tiene que realizar cualquier trámite.

Dejará la Argentina de andar a contramarcha de la historia; defenderse del flagelo de la subversión terrorista o golpista porque nadie más intenta un golpe gratis en la Argentina. Lo hará en el marco de la ley y en la respuesta cabal a principios de la democracia y en el respeto que corresponde a los derechos humanos sin baños de sangre ni desaparecidos. Seguridad para todos , para que la democracia se entienda como la necesidad de servir al hombre en su dignidad. Y terminemos de una vez para siempre en la Argentina con este flagelo que de alguna manera pesa sobre nuestra espalda, sobre todas, porque no siempre hemos levantado nuestra voz corno corresponde para terminar con él. Yo les aseguro a ustedes que uno de los primeros mensajes que enviaré al Congreso de la Nací6n será un proyecto de ley modificando el Código Penal, para establecer la misma pena al torturador que al homicida, pero acabamos con la tortura en la Argentina. Democracia integral, democracia en todas partes, democracia en las fuerzas armadas, lo que significa la supeditación de los poderes militares a los poderes institucionales. No hay país civilizado en el mundo, cualquiera sea el sistema o el régimen de gobierno donde no se respete este principio esencial, de modo que lo vamos a cumplimentar prolijamente.
Se acabarán los Comandantes en Jefe de cualquiera de las armas. La jerarquía militar terminará en el cargo de jefe de Estado Mayor, y hará un solo Comandante en Jefe de las Tres Fuerzas Armadas el que establece la Constitución Nacional: El Preside e de la Nación Argentina. Lo digo sin consideración peyorativa alguna y sin vanidad, ni jactancia, sino por el contrario, con la humildad que quien en definitiva va a ser un servidor de la Nación, obligado por ello a cumplir con los preceptos constitucionales. Corno lo manda la constitución, vamos a mandar a las Fuerzas Armadas Argentinas. Hay una cuesta muy dura que repechar... hay una cuesta dura ... hay un esfuerzo tremendo que realizar entre todos. Queremos superar todos los antagonismos, no solo entre la civilidad, necesitamos también superar los antagonismos entre la civilidad y las FFAA. Pero necesitamos fuerzas armadas de la Nación, de la Constitución y de la democracia, y no señores feudales que porque tengan algunos galones se crean amos de un pueblo de súbditos.

No vamos a aceptar la autoanmistía, vamos a declarar su nulidad; pero tampoco vamos a ir hacia atrás, mirando con sentido de venganza; no construiremos el futuro de] país de esta manera. Pero tampoco sobre la base de una claudicación moral que sin duda existiría si actuáramos como si nada hubiera pasado en la Argentina. Cada uno de los argentinos comprende y sabe y lo comprendemos y sabemos nosotros y lo hemos reiterado y lo decimos una vez más, porque se ha interpretado capciosamente, falazmente nuestras palabras, diciéndose que pretendíamos dividir a las FFAA NO!

Lo que queremos es que algunos pocos no se cubran la retirada con el miedo. Aquí hay distintas responsabilidades; hay una responsabilidad de quienes tornaron la decisión de actuar corno se hizo; hay una responsabilidad distinta de quienes en definitiva cometieron excesos en la represión. Y hay otra distinta también de quienes no hicieron otra cosa que en un marco de extrema confusión, cumplir órdenes. Esto cualquier juez de la República, cualquier ciudadano argentino sabe que señala increpancia (discrepancia) y distinciones fundamentales en cuanto a los grados de responsabilidad, y de esta manera es como vamos a salir adelante, no con leyes de autoamnistía que igualan en el delito a todos y que hacen que el que tenga mayor culpa se iguale con el que no tenga ninguna. Democracia integral en el país en todas partes; democracia que debe apoyarse y afianzarse en un sindicalismo fuerte, poderoso y moderno, capaz de representar corno corresponde los intereses de los trabajadores, pero también sindicalismo democrático, con participación de las minorías. Desde luego que no quiero sostener cuando hablo de democracia que los dirigentes sindicales no deben tener opinión política, todo lo contrario.

Pero sí recuerdo que la multipartidaria, que naci6 para apuntalar la democracia Argentina, estableció claramente el compromiso de los cinco partidos políticos, de que se iba a trabajar por un sindicalismo independiente del Estado, de la Empresa obviamente, y de los partidos políticos.

Lo que quiero señalar es que la pobreza, la miseria o la enfermedad no se detienen frente del hogar de un obrero para preguntar si es socialista, peronista o radical, entra nomás y no puede haber hijos ni enterrados entonces. Lo que quiero decir es que el Ministerio de trabajo de la Nación no puede convertirse en un comité fraudulento al servicio de las líneas autoritarias del sindicalismo argentino y las comisiones normalizadoras que él designa.

Entablar de inmediato las negociaciones para aportar todos sus esfuerzos al servicio de una interna dentro de un partido político. Lo que quiero decir es que no podemos nosotros considerar lograda la democracia, porque la practiquemos hacia interno de nuestros partidos políticos, olvidándonos de los trabajadores argentinos.

Cada uno tiene que tener el derecho cabal de participar corno corresponde en la organización que más lo va a defender toda su vida activa, que es el sindicato; sin miedos y sin prepotencia ninguna. De eso se trata: solamente a través de la democracia sindical vamos a poder afirmar que cada trabajador de nuestro país sin ningún tipo de incertidumbres ni miedos, incluso a veces a perder el trabajo porque se amañan con la patronal para ser despedido, que está en contra de la oligarquía sindical, pueda actuar en definitiva. Y sobre este logro de todos, la recuperación del Estado de Derecho, el primer objetivo que hemos definido en nuestra plataforma, y en el capítulo correspondiente a economía, no a Bienestar social para que no nos confundamos es combatir la pobreza extrema y la miseria; ustedes saben lo que nos pasa: aquí se ha destruido el aparato productivo de la Nación. Y esto significa un millón y medio de desocupados, semiocupados, subocupados, o trabajadores por cuenta propia, que trabajan un día si y otro no, y han perdido la protección de la seguridad social.

Ese millón y medio de desocupados no es una cifra para ninguno de nosotros; es dolor y angustia de compatriotas, es enfermedad de la pobreza que reaparece con fuerza, en mortalidad infantil, es deserción escolar, y sobre todo es desnutrición grave.

Alrededor de dos millones de compatriotas nuestros, amigos de Buenos Aires, están mal alimentados, subalimentados o con desnutrición grave. Más de la mitad de esos compatriotas son niños, que están sometidos a un verdadero genocidio económico,, porque jamás en su vida recuperarán el nivel intelectual con el que Dios quiso que nacieran, ya que las lesiones que produce el hambre en el cerebro son absolutamente irreversibles.

Yo, cuando acepté la candidatura a Presidente de la Nación por mi partido, hice un solo juramento que lo quiero reiterar aquí, para que cualquiera me lo pueda demandar si no lo cumplo: juré ante la Convención Nacional del Radicalismo y juro acá: Se va a terminar la desnutrición infantil en la República. Vamos a poner en marcha lo que hemos denominado el programa alimentarlo nacional: pan para los argentinos en la tierra del trigo y de la carne, que alguna vez fue llamada el granero del mundo y hoy exhibe centenares de miles de niños, no solamente en las provincias periféricas, que las he recorrido a todas, aquí a media hora de plaza de Mayo, en los asentamientos poblacionales nuevos, aquellos compatriotas que por no poder pagar han debido abandonar sus casas o sus departamentos. Los Hospitales están llenos de niños malnutridos. Será prioridad fundamental terminar con ello.

En otros países hay hambre porque no hay alimentos. Aquí hay hambre porque hay Inmoralidad; aquí porque hemos sometido al trabajador argentino a la Injusticia más irritante que puede sufrir un hombre; al padre argentino a la humillación más grande que puede sufrir: trabajar los 30 días del mes y no alcanzar a ganar lo necesario para llevar el pan a su mesa los 30 días del mes. Se acabó! Vamos a utilizar todos los resortes de la administración del Estado. Tendrá prioridad fundamental la mujer embarazada y el lactante, los niños menores de Carlos y los ;escolares. Vamos a utilizar los centros materno infantiles, las guarderías, los comedores escolares; vamos a trabajar con los gobiernos de provincia y con las administraciones municipales. Vamos a reclamar el esfuerzo de las organizaciones intermedias y de los sindicatos.

Pero se acaba la inmoralidad del hambre en la República Argentina. Vamos a atacar de entrada la desocupación, que en buena medida es causante fundamental de este desastre social que padecemos. Se nos había querido hacer creer a los argentinos que produciendo una transferencia de Ingresos del sector del trabajo ,al sector del capital, se Iba a lograr un aumento de la inversión y con ello el crecimiento de la economía. Absurdo! Porque cuando no hay poder de compra en el pueblo no hay alicientes alguno para la inversión. Nosotros vamos a actuar exactamente al revés. Vamos a aumentar el poder de compra del pueblo, esto aumentará la demanda efectiva, el aumento de la demanda generará la necesidad de aumentar la producción, y para aumentar la producción habrá que tomar nuevos empleados y así vamos a poner en marcha el aparato productivo de la Nación. Pero hay una sola forma, de lograr de entrada un aumento en serio del poder de compra que significa un aumento, no del salarlo nominal, que al día siguiente es absorbido por el aumento de precios. Hay una sola forma de aumentar el salario real, que es terminar con el actual sistema financiero. Se acaba la usura oficializada en la Argentina. Se acaba la patria financiera! El Banco Central decidirá las tasas de interés, orientará el crédito, determinará lineas de redescuento y créditos preferenciales, pero se acabó con la usura en el país. Que una de las consecuencias más inmorales de esta política económica absurda e Inmoral es que el conjunto de las empresas nacionales paga más en gastos de financiamiento que lo que paga en salarlos, incluido las cargas sociales.

La inmoralidad, entonces, es tener que pagar más en intereses, que en el sudor del trabajo argentino. Si bajarnos de manera sustancial los intereses, habrá un ahorro para la empresa, que podrá instalarse a los salarios, sin que esto signifique un aumento de los costos, sino al contrario, la posibilidad de que disminuyan porque al haber más poder de compra va a haber posibilidad de producir más y bajarán los costos unitarios. Es decir, arrancamos de esta forma con un aumento en serio del salario y después debemos protegerlo; hasta ahora habíamos indexado toda la economía, menos el salario; ahora vamos a desindexar la economía y vamos a indexar el salario de los argentinos.

No era cierto que aquí se había aplicado una economía de mercado; Mentiras! se ha aplicado un fascismo de mercado, porque solamente podía llevarse adelante sobre la base de una tremenda represión volcada sobre los sectores populares.

Vamos a invertir absolutamente la tendencia. Vamos a invertir la tendencia, simplemente por sensibilidad social. Lo decimos porque durante nuestro gobierno lo hemos practicado. En su momento, le preguntamos al trabajador argentino, cuánto necesitaba para alimentar a su familia, cuánto para resguardar su salud ,cuánto para educar a sus hijos, cuánto, en fin, para una vida digna y decorosa, y eso fue el salario vital, mínimo y móvil, y desde ese salario construimos todo el andamiaje de la economía argentina, porque queríamos una economía al servicio del hombre, y no el hombre al servicio de la economía. Vamos a hacerlo así, y de esta forma vamos a ir protegiéndolo de la inflación, y mes tras mes procuraremos ir aumentando el salario real.

Yo sería un demagogo absurdo esta noche, amigos de Buenos Aires, si les dijera que de la noche a la mañana vamos a resolver, todos los problemas. No, no es así! Vamos a poder poner de entrada en el bolsillo del trabajador todo lo que desearíamos, no vamos a solucionar todo de la noche a la mañana, pero yo les aseguro de la noche a la mañana, termina la injusticia, termina la inmoralidad, termina la corrupción! Termina la Argentina del desamparo y vamos a vivir todos en la Argentina honesta que quiere su gente, en la Argentina honrada del trabajo, que vaya sepultando como una pesadilla todo este período trágico del reinado de la especulación en el país. Y vamos a trabajar entonces para que el trabajador de nuestro país tenga otro tipo... para que el trabajador argentino tenga una remuneración no monetario, y esto se llama mejor asignación de los recursos, esto se llama mejor asignación de los gastos presupuestarios y fundamentalmente los referidos a la educación y a la salud pública. En la época de lrigoyen, hace más de 50 años, la Argentina destinaba a educación el 25% de su presupuesto total, y en aquel tiempo,escúchenlo bien, que no me equivoco, el presupuesto de la educación apenas alcanza al 8%. El presupuesto de salud pública está en el 2,2%, y el presupuesto de las FFAA supera el 30%. Vamos a volver a los presupuestos que tenía la educación, porque aquí estamos prefigurando una argentina antidemocrática, jerarquizada, porque tengan la seguridad, amigos de Buenos Aires, si no encontramos hoy igualdad en los educandos, será imposible encontrar mañana a los ciudadanos de la democracia.

Y vamos a volver a los presupuestos de educación que existieron durante nuestro gobierno en primer lugar por una obligación moral, porque la justificación filosófica de la democracia pluralista está dada por los esfuerzos que realice para concretar la igualdad de oportunidades, de modo de brindarle al niño que ha nacido en el más pobre de los hogares todas las posibilidades de acceso a los distintos niveles de educación, y de cultura. En segundo lugar, porque es la educación la mejor inversión para el desarrollo, y además también porque es la educación la mejor inversión para la defensa nacional, porque un pueblo educado defiende mejor su soberanía y sus Intereses y sus fronteras, y por eso podemos afirmar que para nosotros es lnfinitivamente más Importante para la defensa nacional la enseñanza militar obligatoria que el servicio militar obligatorio.

Pero no podemos tampoco esperar al resultado, a que los cambios de la política económica comiencen a producir sus consecuencias en el campo de la desocupación; es absolutamente necesario tornar medidas puntuales con el propósito de combatirla desde el primer día. Saben que aquí hay un déficit de viviendas: al rededor de 2 millones de familias argentinas viven en viviendas deficitarias de las cuales por lo menos un millón viven en viviendas absolutamente deficitarias.

Este es un grave daño, es un verdadero flagelo que debemos combatir; y tiene desde luego su entidad propia, pero también la respuesta que a él debemos dar, tiene un eco en la coyuntura, que es secundario pero que es fundamental. Cada 100.000 viviendas económicas que nosotros construyamos, darán trabajo a 300.000 obreros directamente en la obra, o en los industrias que se ponen en marcha, y desde ya, anticipamos que de entrada nomás vamos a utilizar todos los fondos disponibles del FONAVI con el propósito de otorgar créditos que estarán vinculados a las posibilidades del jefe del hogar, estarán en el nivel aproximado del 15% del ingreso del jefe de la familia. Terminaremos con la 1050 en la Nación. Si ese 15% alcanza para cubrir la cuota de capital e intereses, perfecto, y si se salda la deuda antes, mejor. Pero así no alcanza, y a los 25 años del crédito hipotecario, continúa endeudado el trabajador, el Estado saldará la deuda, porque quiero decir que la sociedad lo ha explotado si no ha podido tener su vivienda económica a través de toda una vida de trabajo.

Pero debemos asentar estas respuestas a requerimientos claros y categóricos de la justicia social, no sobre la base del voluntarismo. Es necesario edificar esta respuesta en un aumento de la productividad de la economía argentina.

Por esto, y porque tenemos una deuda fabulosa que hemos contraído y somos el único país de la tierra, que hemos contraído en vez de para capitalizarnos, para destruirnos. Hemos importado manufacturas que producíamos, hemos cerrado las fábricas, hemos hecho cundir la desocupación, y al mismo tiempo nos endeudamos. Hemos permitido que salieran transferencias al exterior de quienes especulaban. Han venido acá capitales golondrinas, a cobrar intereses que no se han cobrado nunca en moneda fuerte en ningún país de la tierra y en ninguna época de la historia. Por eso será bueno que en ese tiempo en el que nosotros nos disponemos a iniciar una marcha grande entre todos para recuperar nuestros derechos y libertades, comencemos pegando un grito fuerte capaz de sentirse en todos los rincones de la tierra, para que todos los pueblos del mundo sepan que aquí en Argentina nos hemos empinado sobre nuestra responsabilidad y jamás en el futuro, nunca más en adelante permitiremos que nadie nos robe ni de adentro ni de afuera.

Es por eso que le decimos a esto que es el resultado de la manifestación más grosera del Imperialismo que no hemos de pagar a la plutocracia de ningún país de la tierra intereses usuarios, que no vamos a pasar la deuda sobre el hambre de nuestro pueblo y que no vamos a aceptar las recetas recesivas del FMI, al estilo de lo que quieren los países de la Trilareal. Vamos a pagar la deuda en la medida de nuestras exportaciones, y es por eso que vamos a reclamar la solidaridad de todas las democracias del mundo, para que se comprenda que quienes fueron temerarios con la dictadura al emprender una política que significó sembrar créditos al voleo y a cualquier interés, no podrán exigir a la democracia, frente a la necesidad de aumentar su crecimiento de la economía, frente a la necesidad de dar satisfacción a requerimientos elementales del pueblo; no podrán exigir que se paguen intereses como ahora, en estos contratos de refinanciación de la deuda de A.A. de más del 10% de la inflación. Vamos a aumentar la producción y en todas las actividades. Queremos establecer un compromiso en negro sobre blanco con los productores argentinos, con el propósito de que todo el mundo realice el esfuerzo necesario para que el país arranque.

Necesitamos un aumento sustancial de la producción industrial y ustedes se preguntarán cómo si no vamos a tener la posibilidad del uso de divisas para la importación de bienes de capital. Es cierto. Pero una de las consecuencias también de esta política inmoral ha sido que en estos momentos nosotros tengamos aproximadamente un 50% de la maquinaria industrial sin utilizar; 50% de utilaje ocioso y corno vamos a modificar el sis tema financiero, vamos a ir con el gerente de Banco al lado ante cada cortina metálica que esté baja para ver cuál es el capital del trabajo necesario y vamos a levantar decenas de día y miles de obreros trabajarán de nuevo por día en la Argentina. Va a haber un correcto sistema arancelario, que va a proteger al industrial de las ventajas comparativas de otros países.

Vamos a suplir las fallas estructurales de la economía argentina, que a veces producen aumentos de costos sin que medie para nada la negligencia del productor. Vamos a cambiar el sistema tributario de modo de alentar la reinversión, porque dejará de basarse sobre los consumos populares y buscaremos que fundamentalmente se aplique sobre los consumos suntuarios y las rentas no invertidas. Va a haber reglas de juego claro con sentido de permanencia en el tiempo, para que el capital de riesgo sepa realmente a qué atenerse; y encontraremos entre todos la manera de definir un régimen de promoción Industrial que sea accesible a la pequeña y a la mediana industria fundamentalmente de agroquímicos y de fertilizantes.

Habrá una planta de fertilizantes nitrogenados, utilizando el gas que estamos venteando; y en cuanto a los fosfatos, utilizaremos a las cooperativas para los convenios de trueque que deberá realizar con los países del Este y de Europa, además de la utilización más modesta de Zapla de tierras grandes. Vamos a lograr que la Junta Nacional de Granos y la Junta Nacional de Carnes estén preparadas para intervenir en el Comercio Exterior, no para monopolizarlo, pero sí para que sean testigos en el comercio exterior del productor y para que la Argentina no pierda buenos negocios, como ha perdido por fanatismo ideológico, porque no se quiso comerciar de gobierno a gobierno. Y a veces no sabemos ahora cuanto nos pagan en realidad, porque apareció un empresario Inteligente que no sabemos con lo que se queda en el camino.

Hay muchos países que quieren negociar de gobierno a gobierno, no sólo los socialistas; en África, en Asia y en América Latina, y tendremos que buscar también la manera de cambiar el tema tributario, de modo de premiar al buen productor y castigar mal productor. Y en todos los casos, detrás de este esfuerzo del productor industrial y del productor agropecuario estará un sistema financiero distinto, con posibilidades de crédito que sean accesibles a la producción, de acuerdo a la rentabilidad de cada uno, porque queremos al industrial en el torno, trabajando para el país y al productor agropecuario en el campo y en el surco elaborando la grandeza de la patria, y no corriendo detrás de los gerentes de Banco para cada vencimiento. Pero no termina ahí todo. Se hace necesario lograr una política agresiva en el comercio exterior. Estamos ante un mundo que sufre una recesión aguda un mundo que no ha crecido el año pasado, que seguramente no crezca este año. Cada uno de los países levanta barreras proteccionistas. Todos están sufriendo de este gobierno de ultraderecha de los EEUU, la puesta en marcha de una política financiera que en definitiva privilegia a las finanzas en detrimento de la producción. De modo que es difícil y tenemos que lograrlo. 1

Hay que diversificar los mercados y habrá que colocar no solamente nuestras materias primas, sino además nuestros productos manufacturados. Y para ello, nada mejor que aprender a trabajar en común con nuestros hermanos de América Latina. Nosotros somos discriminados y aún agredidos en nuestro comercio exterior por el norte, tanto por los EEUU como por el mercado económico europeo. Estamos realmente sufriendo procesos permanentes de deterioro de los términos del intercambio; cada vez nos pagan menos por lo que nos compran, cada vez tenemos que pagarle más lo que nos venden, y ahora competidores nuestros en terceros mercados para la colocación de carnes vacuna y de granos, en contra de la filosofía que preconizan, con productores subsidiarios. Tenemos que aprender a trabajar, corno les decía, en América Latina; tenemos que dejar de ser los soberbios europeos de América Latina, y trabajar juntos con nuestros hermanos para defender nuestros Intereses como corresponde.

Hay que lnternalizar el comercio exterior, hay que trabajar además para cumplir el sueño de los libertadores. Es indispensable que nos demos cuenta que debemos apoyarnos también para los distintos procesos de democratización que debemos llevar adelante; tenemos que terminar con problemas de límites que son tantos y tan graves. Nosotros con Chile, Chile en cierta forma con Bolivia y en consecuencia de alguna manera con Perú, Perú con Ecuador, Colombia con Venezuela, Venezuela con la Guyana por el esequivo; no puede ser más, es absurdo, provoca carreras armamentistas que son una verdadera inmoralidad en países que no han resuelto todavía los problemas del hambre de nuestros pueblos.

Es un lugar común, y a decir amigos, que vamos a recibir a nuestro país en una de las crisis más profundas de su historia. Casi daría la Impresión que son tantos los problemas que los cursos de acción que hay que seguir para solucionarlos fueran distintos y a veces contradictorios. Hay que dar la respuesta que corresponde a la justicia social y hay que aumentar el poder de compra del pueblo, y esto al mismo tiempo que disminuir una inflación tremenda. Vamos a atacar la inflación, pero no haciendo recaer sobre las espaldas del pueblo el esfuerzo de la reconstrucción de la economía. La vamos a recibir en alrededor de un 500% y nos comprometemos en pocos meses a llevarla a 2 dígitos al año.

Pero lo vamos a hacer atendiendo a las medidas estructurales y promoviendo de todas las maneras posibles el aumento de la producción al mismo tiempo que con una disciplina monetaria y fiscal. Tenemos que aumentar los gastos en educación y en salud, pero no podemos aumentar el déficit y entonces corresponderá que la saquemos, saquemos esos partidos de otras zonas del presupuesto, y como no podemos aumentar el déficit, vamos a disminuir el presupuesto de las FFAA en el país. Tengan la seguridad que a pesar de todo vamos a arrancar, vamos a reclamar la solidaridad de las democracias del mundo, vamos a reclamar la solidaridad con la naciente democracia argentina y estén seguros que lo logramos, porque no es cierto que la Argentina esté desprestigiada en el mundo, está desprestigiada la dictadura argentina, pero no el pueblo argentino. Vamos a salir con el esfuerzo de todos, que nadie deje caer sus brazos, que nadie disminuya en un ápice la altura de los objetivos que se ha determinado para el país. Vamos a arrancar, tengan ustedes la seguridad; otros países han atravesado crisis más duras que las nuestras y salieron.

Piensen ustedes en Europa y en la guerra, hoy son nuestros acreedores. Nosotros vamos a arrancar y será con el esfuerzo de todos, con el esfuerzo de la juventud, de la generación intermedia y con los hombres y mujeres de la tercera edad.

A todos les he dicho lo mismo recorriendo la República, y yo les quiero dejar este modesto mensaje de nuevo a los muchachos jóvenes. Comprendan que no están solos; serán la vanguardia de una lucha nueva, de una marcha nueva. Se trata de un rumbo distinto, una marcha con una meta nueva. Y casi diría también con una lealtad nueva. Una lealtad no con el pasado, una lealtad con el futuro que estamos obligados a construir. Un esfuerzo entre todos; yo les he dicho en toda la República que no cometan el error que hemos cometido los mayores. Quien piensa distinto en el pluralismo de la democracia puede ser un adversario, pero jamás un enemigo. No sigan a hombres. Los hombres fallan a veces o no pueden Sigan a ideas. Los principios acompañan toda la vida a un hombre de bien. Quiéranse a sí mismos. No puede querer a los demás quien no se quiere a sí mismo. Pero quererse a sí mismo significa respetarse a si mismo, y para respetarse a sí mismo hay que cumplir con su deber. Cumplir con su deber en el hogar, con el grupo familiar en la escuela, en el trabajo, con sus compañeros.

Es prepararse para cumplir con el deber con la patria, que mañana será el conjunto de los porvenires honrados que ustedes se vayan construyendo con esfuerzo y sacrificio. Es la tarea de todos; es la tarea de los hombres y de las mujeres; de la mujer que tiene esta inteligencia extraordinaria para defender a los suyos y que ahora comprende que la forma de defenderlos es practicando en este proceso de democratización y la vemos rodeando nuestras tribunas como nunca. La mujer que sufre las consecuencias de esta sociedad anticuada y machista que ni siquiera le confiere la posibilidad de compartir la patria potestad de sus hijos. De la mujer argentina que a veces de tan bondadosa le dio el mal consejo al hijo cuando le dijo "no te metas"; es que había miedo y miedo legítimo en la República. Pero frente a este requerimiento de la historia yo estoy seguro que también de tan bondadosa lo tomará de la mano al hijo e irá a la casa de cualquier partido político para decir sencillamente: "aquí estarnos, para defender la democracia de los argentinos".

Esta es la marcha nueva de los argentinos; hemos revalorizado la democracia. Cada uno ha entendido que la única forma de solucionar nuestros problemas es a través de la recuperación de nuestros derechos y nuestras libertades. Cada uno ha entendido que con la democracia no sólo se vota, con la democracia se come, se cura, se educa. Cada uno a entendido que hubiera bastado un solo diputado levantando su voz en el Congreso de la Nación para que estos "nenes de papá" que manejaron la economía hubieran tenido que desaparecer de la Casa de Gobierno.

Tenemos que ser nosotros los constructores de nuestro propio futuro. Cuando no nos mandoneen más, cuando nadie nos mandonee, ni de arriba ni de abajo; cuando nadie presione sobre nuestros derechos; cuando estemos recién convencidos de nuestra posibilidad de ejercer nuestros derechos, y de ser absolutamente responsables de nuestra libertad, allí recién vamos a construir el país que nos merecemos. Tengan la seguridad, será esta la instancia de nuestra marcha, algo nuevo en el país. Superaremos discrepancias. No estamos desafiados fundamentalmente por problemas ideológicos; podemos dejar para más adelante la discusión acerca de los aspectos más sofisticados de la ideología de cada uno. Aquí se trata de poner en marcha políticas de salvación nacional.

Y lo he dicho por todo el país: es tiempo porque estamos frente a elecciones, de levantar y enarbolar las banderas partidarias. Pero también es tiempo porque definimos cien años de paz y prosperidad, de dejar un lugar arriba de todas para que por encima de todas llamee la azul y blanca, hablando del encuentro definitivo de los argentinos. Es tiempo de marchar juntos también lo he dicho también en toda la República, cada uno inspirándonos en lo mejor de nosotros mismos y también en nuestros muertos más ilustres.

Los radicales ya estamos en la marcha, y al frente de nuestra columna. Allá van: Alem, Yrigoyen, Pueyrredón, Sabattini y Lebensohn , Larralde, Balbín, Illia. Los que estén a nuestra derecha pueden Inspirarse si lo desean en Sáenz Peña o en Pellegrini, los demócratas progresistas en Luciano Molina o Lisandro de la Torre, los socialistas en Juan B. Justo o Alfredo Palacios, los peronístas en Perón o en Evita, pero juntos los argentinos para terminar con la dictadura. Es la marcha nueva de los argentinos.

Dentro de poco esto nos va a parecer una pesadilla, un mal sueño. Vamos a enterrar la etapa de la decadencia argentina, vamos a volver a ponerla entre los primeros países del mundo por la riqueza de nuestro pueblo. No va a ser fácil, nos va a costar, pero lo vamos a lograr, y si lo hacemos, amigos de Buenos Aires, que nadie se deje deslumbrar por los resplandores de las glorias del pasado; yo les aseguro a ustedes que si cumplimos con nuestro deber, nuestros nietos nos van a honrar, como nosotros honramos a los hombres que hicieron la organización nacional. Vamos a salir de todo esto, y lo vamos a hacer entre todos, porque vamos a cumplir nosotros, nos toca a nosotros, así lo ha querido la historia, nos toca a nosotros en este Instante histórico fundamental, dar la respuesta que signifique ponerle una bisagra a este tiempo argentino. Vamos hacia el nuevo rumbo, con la nueva marcha, con la nueva lealtad, hacia el futuro los argentinos.

Una marcha presidida por un profundo sentido moral, por un profundo sentido patriótico, para concretar nada más y nada menos que los objetivos del Preámbulo de la Constitución Nacional de los Argentinos, que yo les pido a todos que lo vayamos repitiendo como sí fuera un compromiso al mismo tiempo que un rezo laico y una oración patriótica que ya empezamos a cantar, porque esto significa que vamos dejando atrás la decadencia argentina.

Estamos en una marcha nueva para constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover al bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que deseen habitar el suelo argentino.

jueves, 28 de mayo de 2009

Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria de 1918

La Juventud Argentina de Córdoba
A los Hombres Libres de Sudamérica

Hombres de una República Libre. acabamos de romper la ultima cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una verguenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocamos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.
La rebeldía estalla en Córdoba y es violenta porque aquí los tiranos se habían ensoberbecido y era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contrarrevolucionarios de Mayo. Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y -lo que es peor aún- el lugar en el que todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las Universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la ciencia frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático. Cuando en un rapto fugaz abre sus puertas a los altos espíritus es para arrepentirse luego y hacerle la vida imposible en su recinto. Por eso es que, dentro de semejante régimen, las fuerzas naturales llevan a mediocrizar la enseñanza, y el ensanchamiento vital de los organismos universitarios no es el futuro del desarrollo orgánico, sino el aliento de la periodicidad revolucionaria.
Nuestro régimen universitario -aún el más reciente- es anacró­nico. está fundado sobre una especie de derecho divino; el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En el nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes. El concepto de autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios no puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la sustancia misma de los estudios. La autoridad, en un hogar de estudiantes. no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando: enseñando.
Si no existe una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y de consiguiente infecunda. Toda la educación es una larga obra de amor a los que aprenden. Fundar la garantía de una paz fecunda en el artículo conminatorio de un reglamento o de un estatuto es, en todo caso, amparar un régimen cuartelario. pero no una labor de ciencia. Mantener la actual relación de gobernantes a gobernados es agitar el fermento de futuros trastornos. Las almas de los jóvenes deben ser movidas por fuerzas espirituales. Los gastados resortes de la autoridad que emana de la fuerza no se avienen con lo que reclaman el sentimiento y el concepto moderno de las universidades. El chasquido del látigo sólo puede rubricar el silencio de los inconscientes o de los cobardes. La única actitud silenciosa, que cabe en un instituto de ciencias es la del que escucha una verdad o la del que experimenta para crearla o comprobarla.
Por eso queremos arrancar de raíz en el organismo universita­rio el arcaico y bárbaro concepto de autoridad que en estas casas de estudio es un baluarte de absurda tiranía y sólo sirve para proteger criminalmente la falsa dignidad y la falsa competencia. Ahora ad­vertimos que la reciente reforma, sinceramente liberal, aportada a la universidad de Córdoba por el doctor José Nicolás Matienzo, sólo ha venido a probar que el mal era más afligente de lo que imaginábamos y que los antiguos privilegios disimulaban un estado de avanzada descomposición. La reforma Matienzo no ha inaugurado una democracia universitaria; ha sancionado el predominio de una casta de profesores. Los intereses creados en tomo de los mediocres han encontrado en ella un inesperado apoyo. Se nos acusa ahora de insurrectos en nombre de un orden que no discutimos. pero que nada tiene que hacer con nosotros. Si ello es así. si en nombre del orden se nos quiere seguir burlando y embru­teciendo, proclamamos bien alto el derecho sagrado a la insurrección. Entonces la única puerta que nos queda abierta a la esperanza es el destino heroico de la juventud. El sacrificio es nuestro mejor estímulo; la redención espiritual de las juventudes americanas nuestras única recompensa, pues sabemos que nuestras verdades lo son -y dolorosas- de todo el continente. Que en nuestro país una ley -la ley de Avellaneda, se opone a nuestros anhelos? Pues a reformar la ley, que nuestra salud moral lo está exigiendo.
La juventud vive siempre en trance de heroísmo. Es desintere­sada, es pura. No ha tenido tiempo aún de contaminarse. No se equívoca nunca en la elección de sus propios maestros. Ante los jóvenes no se hace mérito adulando o comprando. Hay que dejar que ellos mismos elijan sus maestros y directores, seguros de que el acierto ha de coronar sus determinaciones. En adelante, solo podrán ser maestros en la futura república universitaria los verda­deros constructores de almas, los creadores de verdad, de belleza y de bien.
La juventud universitaria de Córdoba cree que ha llegado la hora de plantear este grave problema a la consideración del país y de sus hombres representativos.
Los sucesos acaecidos recientemente en la Universidad de Córdoba, con motivo de la elección rectoral, aclaran singularmente nuestra razón en la manera de apreciar el conflicto universitario. La Federación Universitaria de Córdoba, cree que debe hacer conocer al país y a América las circunstancias de orden moral y jurídico que invalidan el acto electoral verificado el 15 de junio. Al confesar los ideales y principios que mueven a la juventud en esta hora única de su vida, quiere referir los aspectos locales del conflicto y levantar bien alta la llama que está quemando el viejo reducto de la opresión clerical. En la Universidad Nacional de Córdoba y en esta ciudad no se han presenciado desórdenes; se ha contemplado y se contempla el nacimiento de una verdadera revolución que ha de agrupar bien pronto bajo su bandera a todos los hombres libres del continente. Referiremos los sucesos para que se vea cuánta razón nos asistía y cuanta verguenza nos sacó a la cara la cobardía y la perfidia de los reaccionarios. Los actos de violencia, de los cuales nos responsabilizamos íntegramente, se cumplían como en el ejercicio de puras ideas. Volteamos -lo que representaba un alzamiento anacrónico y lo hicimos para poder levantar siquiera el corazón sobre esas ruinas. Aquellos representan también la medida de nuestra indignación en presencia de la miseria moral; de la simulación y del engaño artero que pretendía filtrarse con las apariencias de la legalidad. El sentido moral estaba oscurecido en las clases dirigentes por un fariseismo tradicional y por una pavorosa indigencia de ideales.
El espectáculo que ofrecía la asamblea universitaria era re­pugnante. Grupos de amorales deseosos de captarse la buena voluntad del futuro rector exploraban los contornos en el primer escrutinio, para inclinarse luego al bando que parecía asegurar el triunfo, sin recordar la adhesión públicamente empeñada, el compromiso de honor contraído por los intereses de la Universidad. Otros -los más- en nombre del sentimiento religioso y bajo la evocación de la Compañía de Jesús (Curiosa religión que enseña a menospreciar el honor y deprimir la personalidad! ¡Religión para vencidos o para esclavos!). se había obtenido una reforma liberal mediante el sacrificio heroico de una juventud. Se creía haber conquistado una garantía y de la garantía se apoderaban los únicos enemigos de la reforma. En la sombra los jesuitas habían prepara­do el triunfo de una profunda inmoralidad. Consentirla habría com­portado otra traición. A la burla respondimos con la revolución. La mayoría expresaba la suma de la represión, de la ignorancia y del vicio. Entonces dimos la única lección que cumplía y espantamos para siempre la amenaza del dominio clerical.
La sanción moral es nuestra. El derecho también. Aquellos pu­dieron obtener la sanción jurídica, empotrarse en la ley. No se lo permitimos. Antes de que la iniquidad fuera un acto jurídico, irrevocable y completo, nos apoderamos del salón de actos y arrojamos a la canalla, sólo entonces amedrentada, a la vera de los claustros. Que esto es cierto, lo patentiza el hecho de haber, a continuación, sesionado en el propio salón de actos la Federación Universitaria y de haber firmado mil estudiantes sobre el mismo pupitre rectoral, la declaración de huelga indefinida.
En efecto, los estatutos reformados disponen que la elección del rector terminará en una sola sesión, proclamándose inmediata­mente el resultado, previa lectura de cada una de las boletas y aprobación del acta respectiva. Afirmamos, sin temor de será rectificados que las boletas no fueron leídas, que el acta no fue aprobada, que el rector no fue proclamado, y que, por consiguiente, para la ley, aún no existe rector de esta universidad.
La juventud universitaria de Córdoba afirma que jamas hizo cuestión de nombres ni de empleos. Se levantó contra un régimen administrativo, contra un método docente, contra un concepto de autoridad. Las funciones públicas se ejercitaban en beneficio de determinadas camarillas. No se reformaban ni planes ni reglamentos por temor de que alguien en los cambios pudiera perder su empleo. La consigna de "hoy para ti, mañana para mí", corría de boca en boca y asumía la preeminencia de estatuto universitario. Los métodos docentes estaban viciados de un estrecho dogmatismo, contribuyendo a mantener a la universidad apartada de la ciencia y de las disciplinas modernas. Las lecciones, encerradas en la repetición interminable de viejos textos, amparaban el espíritu de rutina y de sumisión. Los cuerpos universitarios, celosos guardianes de los dogmas, trataban de mantener en clausura a la juventud, creyendo que la conspiración del silencio puede ser ejercitada en contra de la ciencia. Fue entonces cuando la oscura universidad mediterránea cerró sus puertas a Ferri, a Ferrero, a Palacios y a otros, ante el temor de que fuera perturbada su plácida ignorancia. Hicimos entonces una santa revolución y el régimen cayó a nuestros golpes.
Creímos honradamente que nuestro esfuerzo había creado algo nuevo, que por lo menos la elevación de nuestros ideales merecía algún respeto. Asombrados, contemplamos entonces como se coaligaban para arrebatar nuestra conquista los más crudos reaccio­narios.
No podemos dejar librada nuestra suerte a la tiranía de una secta religiosa, ni al juego de intereses egoístas. A ello se nos quiere sacrificar. El que se titula rector de la Universidad de San Carlos ha dicho su primera palabra: "Prefiero antes de renunciar que quede el tendal de cadáveres de los estudiantes". Palabras llenas de piedad y de amor, de respeto reverencioso a la disciplina; palabras dignas del jefe de una casa de altos estudios. No invoca ideales ni propósitos de acción cultural. Se siente custodiado por la fuerza y se alza soberbio y amenazador. Armoniosa lección que acaba de dar a la juventud el primer ciudadano de una democracia universitaria!. Recojamos la lección, compañeros de toda América; acaso tenga el sentido de un presagio glorioso, la virtud de un llamamiento a la lucha suprema por la libertad; ella nos muestra el verdadero carácter de la autoridad universitaria, tiránica y obcecada, que ve en cada petición un agravio y en cada pensamiento una semilla de rebelión.
La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Esta cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa.
La juventud universitaria de Córdoba, por intermedio de su fede­ración, saluda a los compañeros de la América toda y les incita a colaborar en la obra de libertad que inicia.


Firman: Enrique F Barros, Horacio Valdéz, Ismael C. Bordabhére, Presidente. Gumersindo Sayago, Alfredo Castellanos, Luis M. Méndez, Jorge L. Bazante, Ceferino Garrzón Maceda, Julio Molina, Carlos Suarez Pinto, Emilio R. Biagosch, Angel J. Nigro, Natalio J. Saibene, Antonio Medina Allende, Ernesto Garrzón.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Manifiesto revolucionario del 26 de Julio de 1890

Junta Revolucionaria del Parque
Al Pueblo:
El patriotismo nos obliga a proclamar la revolución como recurso extremo y necesario para evitar la ruina del país. Derrocar un gobierno constitucional, alterar sin justo motivo la paz pública y el orden social, sustituir el comicio con la asonada y erigir la violencia en sistema político, sería cometer un verdadero delito de que nos pediría cuenta la opinión nacional. Pero acatar y mantener un gobierno que representa la ilegalidad y la corrupción; vivir sin voz ni voto la vida pública de un pueblo que nació libre; ver desaparecer día por día las reglas, los principios, las garantías de toda administración pública regular, consentir los avances al tesoro, la adulteración de la moneda, el despilfarro de la renta; tolerar la usurpación de nuestros derechos políticos y la supresión de nuestras garantías individuales que interesan a la vida civil, sin esperanza alguna de reacción ni de mejora, porque todos los caminos están tomados para privar al pueblo de gobierno propio; y mantener en el poder a los mismos que han labrado la desgracia de la república; saber que los trabajadores emigran y que el comercio se arruina, porque, con la desmonetización del papel, el salario no basta para las primeras necesidades de la vida y se han suspendido los negocios y no se cumplen las obligaciones; soportar la miseria dentro del país y esperar la hora de la bancarrota internacional que nos deshonraría ante el extranjero; resignarse y sufrir todo fiando nuestra suerte y la de nuestra posteridad a lo imprevisto y a la evolución del tiempo, sin tentar el esfuerzo supremo, sin hacer los grandes sacrificios que reclama una situación angustiosa y casi desesperada, sería consagrar la impunidad del abuso, aceptar un despotismo ignominioso, renunciar al gobierno libre y asumir la más grave responsabilidad ante la patria, porque hasta los extranjeros podrían pedirnos cuenta de nuestra conducta, desde que ellos han venido a nosotros bajo los auspicios de una constitución que los ciudadanos hemos jurado y cuya custodia nos hemos reservado como un privilegio, que promete justicia y libertad a todos los hombres del mundo que vengan a habitar el suelo argentino.
La Junta Revolucionaria no necesita decir al pueblo de la nación y a las naciones extrañas los motivos de la revolución, ni detallar cronológicamente todos los desaciertos, todos los abusos, todos los delitos, todas las iniquidades de la administración actual. El país entero está fuera de quicio, desde la Capital hasta Jujuy. Las instituciones libres han desaparecido de todas partes: no hay república, no hay sistema federal, no hay gobierno representativo, no hay administración, no hay moralidad. La vida política se ha convertido en industria lucrativa.
El presidente de la república ha dado el ejemplo, viviendo en la holgura, haciendo la vida de los sátrapas con un menosprecio inaudito por el pueblo y con una falla de dignidad que cada día se ha hecho más irritante. Ni en Europa ni en América podía encontrarse en estos tiempos un gobierno que se le parezca; la codicia ha sido su inspiración, la corrupción ha sido su medio. Ha extraviado la conciencia de muchos hombres con las ganancias fáciles e ilícitas, ha envilecido la administración del Estado obligando a los funcionarios públicos a complacencias indebidas y ha pervertido las costumbres públicas y privadas prodigando favores que representan millones. El mismo ha recibido propinas de cuanto hombre de negocio ha mercado en la nación, y forma parte de los sindicatos organizados para las grandes especulaciones, sin haber introducido capital ni idea propia, sino la influencia y los medios que la constitución ponía en sus manos para la mejor administración del Estado. En cuatro años de gobierno se ha hecho millonario, y su fortuna acumulada por tan torpes medios se exhibe en bienes valiosísimos cuya adquisición se ha anunciado por la prensa. Su participación en los negocios administrativos es notoria, pública y confesada. Los presentes que ha recibido, sin noción de la delicadeza personal, suman cientos de miles de pesos y constan en escrituras públicas, porque los regalos no se han limitado a objetos de arte o de lujo; han llegado a donaciones de bienes territoriales, que el público ha denunciado como la remuneración de favores oficiales. Puede decirse que él ha vivido de los bienes del Estado y que se ha servido del erario público para constituirse un patrimonio propio. Su clientela le ha imitado; sujetos sin profesión, sin capital, sin industria, han esquilmado los bancos del Estado, se han apoderado de las tierras públicas, han negociado concesiones de ferrocarriles y puertos y se han hecho pagar su influencia con cuantiosos dineros.

En el orden público ha suprimido el sistema representativo hasta constituir un Congreso unánime sin discrepancia de opiniones, en el que únicamente se discute el modo de caracterizar mejor la adhesión personal, la sumisión y la obediencia pasiva. El régimen federativo ha sido escarnecido; los gobernadores de provincia, salvo rara excepción, son sus lugartenientes; se eligen, mandan, administran y se suceden según su antojo: rendidos a su capricho. Mendoza ha cambiado en horas de gobernador como en los tiempos revueltos de la anarquía. Tucumán presenció una jornada de sangre, fraguada por la intriga para incorporarla al sistema del monopolio político; no ha habido elección de gobernador que no haya sido otra cosa que un simple acto de comercio. Entre Ríos, bajo la ley marcial, acaba de recibir la imposición de un candidato resistido por la opinión pública. Córdoba ha sido el escenario de un juicio político inventado para arrojar del gobierno a un hombre de bien: hoy día es un aduar; la sociedad sobrecogida vive con los sobresaltos de los tiempos de Bustos y Quiroga.
Las demás provincias argentinas están reducidas a feudos: Salta, la noble provincia del norte, ha sido enfeudada y enfeudadas están igualmente al presidente, Santiago y Corrientes, La Rioja, Jujuy, San Luis y Catamarca.
Jamás argentino alguno ejerció mando más ofensivo ni más deprimente para las leyes de una nación libre.
En el orden financiero los desastres, los abusos, los escándalos, se cuentan por días. Se han hecho emisiones clandestinas para que el Banco Nacional pague dividendos falsos, porque los especuladores oficiales habían acaparado las acciones y la crisis sorprendió antes de que pudieran recoger el botín. El ahorro de los trabajadores y los depósitos del comercio se han distribuido con mano pródiga en el círculo de los favoritos del poder que han especulado por millones y han vivido en el fausto sin revelar el propósito de cumplir jamás sus obligaciones. La deuda pública se ha triplicado, los títulos a papel se han convenido, sin necesidad, en títulos a oro, aumentando considerablemente las obligaciones del país con el extranjero; se han entregado a la especulación más de cincuenta millones de pesos oro que había producido la venta de los fondos públicos de los bancos garantidos, y hoy día la nación no tiene una sola moneda metálica y está obligada al servicio en oro de más de ochenta millones de títulos emitidos para ese fin; se vendieron los ferrocarriles de la nación para disminuir la deuda pública, y realizada la venta se ha despilfarrado el precio; se enajenaron las obras de salubridad, y en medio de las sombras que rodean ese escándalo sin nombre, el pueblo únicamente ve que ha sido atado, por medio siglo, al yugo de una compañía extranjera, que le va a vender la salud a precio de oro; los bancos garantidos se han desacreditado con las emisiones falsas; la moneda de papel está depreciada en doscientos por ciento y se aumenta la circulación con treinta y cinco millones de la emisión clandestina, que se legaliza, y con cien millones, que se disfrazan con el nombre de bonos hipotecarios, pero que son verdadero papel moneda, porque tienen fuerza cancelatoria; cuando comienza la miseria se encarece la vida con los impuestos a oro; y después de haber provocado la crisis más intensa de que haya recuerdo en nuestra historia, ha estado a punto de entregar fragmentos de la soberanía para obtener un nuevo empréstito, que también se habría dilapidado, como se ha dilapidado todo el caudal del Estado.
Esta breve reseña de los agravios que el pueblo de la nación ha sufrido, está muy lejos de ser completa. Para dar idea exacta sería necesario formular una acusación circunstanciada y prolija de los delitos públicos y privados que ha cometido el jefe del Estado contra las instituciones, contra el bienestar y el honor de los argentinos. El pueblo la hará un día y requerirá su castigo, no para de que no se puede gobernar la república sin responsabilidad y sin honor.
Conocemos y medimos la responsabilidad que asumimos ante el pueblo de la Nación; hemos pensado en los sacrificios que demanda un movimiento en el que se compromete la tranquilidad pública y la vida misma de muchos de nuestros conciudadanos; pero el consejo de patriotas ilustres, de los grandes varones, de los hombres de bien, de todas las clases sociales, de todos los partidos, el voto íntimo de todas las provincias oprimidas, y hasta el sentimiento de los residentes extranjeros, nos empuja a la acción y sabemos que la opinión pública bendice y aclama nuestro esfuerzo, sean cuales fueren los sacrificios que demande.
El movimiento revolucionario de este día no es la obra de un partido político. Esencialmente popular e impersonal, no obedece ni responde a las ambiciones de círculo u hombre público alguno. No derrocamos el gobierno para separar hombres y sustituirlos en el mando; lo derrocamos para devolverlo al pueblo a fin de que el pueblo lo reconstituya sobre la base de la voluntad nacional y con la dignidad de otros tiempos, destruyendo esta ominosa oligarquía de advenedizos que ha deshonrado ante propios y extraños las instituciones de la república. El único autor de esta revolución, de este movimiento sin caudillo, profundamente nacional, larga, impacientemente esperada, es el pueblo de Buenos Aires que, fiel a sus tradiciones, reproduce en la historia una nueva evolución regeneradora que esperaban anhelosas todas las provincias argentinas.
El ejército nacional comparte con el pueblo las glorias de este día; sus armas se alzan para garantir el ejercicio de las instituciones. El soldado argentino es hoy día, como siempre, el defensor del pueblo, la columna más firme de la constitución, la garantía sólida de la paz y de la libertad de la república. La Constitución es la ley suprema de la Nación, es tanto como la bandera, y el soldado argentino que la dejara perecer sin prestarle su brazo, alegando la obediencia pasiva, no sería un ciudadano armado de un pueblo libre, sino el instrumento o el cómplice de un soberano déspota. El ejército no mancha su bandera ni su honor militar, ni su bravura, ni su fama, con un motín de cuartel. Sus soldados, sus oficiales y sus jefes han debido cooperar y han cooperado a este movimiento, porque la causa del pueblo es la causa de todos; es la causa de los ciudadanos y del ejército; porque la patria está en peligro de perecer y porque es necesario salvarla de la catástrofe. Su intervención contendrá la anarquía, impedirá desórdenes, garantizará la paz. Esa es su misión constitucional y no la tarea oscura, poco honrosa, de servir de gendarmería urbana para sofocar las libertades públicas.
El período de la revolución será transitorio y breve; no durará sino el tiempo indispensable para que el país se organice constitucionalmente. El gobierno revolucionario presidirá la elección de tal manera que no se suscite ni la sospecha de que la voluntad nacional haya podido ser sorprendida, subyugada o defraudada. El elegido para el mando supremo de la nación será el ciudadano que cuente con la mayoría de sufragios, en comicios pacíficos y libres, y únicamente quedarán excluidos como candidatos los miembros del gobierno revolucionario, que espontáneamente ofrecen al país esta garantía de su imparcialidad y de la pureza de sus propósitos.



Por la Junta Revolucionaria Leandro N. Alem, Aristóbulo del Valle, Mariano Demaría, Mariano Goyena, Juan José Romero, Lucio V. López

viernes, 22 de mayo de 2009

Discurso de Ricardo Balbín por Cadena Nacional de Radio y Televisión -16 de marzo de 1976

Tengo conciencia cabal de la curiosidad, por no decir la expectativa, que despierta esta audición. Lo mismo habría ocurrido con cualquier hombre de la política argentina que estuviera en este sitio en que estoy yo. Porque creo que la expectativa no la determina la palabra: es la inquietud nacional, estas intensas y profundas preocupaciones.
Soy hombre de un partido político,es verdad. Pero en esta emergencia yo hablaré como un ciudadano de la República. Cargado de preocupaciones, que son las preocupaciones de mi país. Deseoso de servirlo. Sé que muchos pueden suponer que vengo aquí a decir palabras de agravio. Sé que otros pensaran que voy a decir palabras de protesta. Hace tiempo que estoy diciendo que hay que dejar el pasado atrás y mirar para adelante, no tanto por nosotros sino por una importante juventud argentina que espera. Tengo naturalmente que decir qué hicimos y por qué lo hicimos, pero no esperen que yo pronuncie palabras de condenación. En esta hora prefiero estar con Yrigoyen. Que en el instante de asumir sus grandes responsabilidades, cuando alguien le reclamara que sancionara, y aquel grande hombre que fue nuestro maestro dijo. ..Vengo a reparar y nada más. Es esta la motivación que me impulsa a llegar aquí. Es esta la necesidad que tenemos de decir lo que creemos. Naturalmente que he sido anunciado como presidente de la Unión Cívica Radical y, por lo tanto, en unos pocos minutos tengo que decir qué somos, de dónde venimos y lo que aspiramos toda la vida. Nacimos a la vida política al impulso de los grandes maestros nuestros: Alem, el soñador constante; Yrigoyen, el realizador, que hoy mismo, ante estas necesidades del país, lo cubren las pantallas de televisión. De él aprendimos una cosa esencial: Nada se hará, nada habrán de conseguir los argentinos si no tienen la capacidad de conjugar el verbo de la unión de los argentinos. Su lucha fue ésa. Cuando el país estaba negado, él buscó la participación del país, y toda su gente, y todos sus hombres. Porque comprendía que solamente la unión del pueblo soberano podía realizar un país en soberanía. Hemos sido consecuentes con la definición y el concepto, porque hace a nuestra vida y a nuestro modo de pensar. Hemos andado todos los años, muchos más años que todos los partidos argentinos, pero siempre iluminó esta gestión fundamental encontrar el conjunto argentino para su gran realización. En los turnos de gobierno que tuvimos cumplimos, el país vivió en paz. y en el último turno que tuvo el radicalismo, con el presidente Illia, dimos la gran lección de la comprensión. Nos fijamos en el hombre, su destino y sus derechos. No hay ninguno que pueda en la República levantar la mano declarándose perseguido. No hay ninguno en el país que pueda levantar su mano diciendo: "Yo fui sancionado injustamente ". Y sobre esa base, de respeto humano de los pueblos y del pueblo, iniciamos la tarea de lo que ahora se reclama urgentemente: la liberación nacional. Nosotros seguimos ese camino. Distintos acontecimientos y circunstañcias lo pusieron en rudas peleas y desencuentros. Lo hemos dicho muchas veces en todas partes: estaba distorsionada la República.
Y fue así interrumpido injustamente, arbitrariamente, aquel gobierno de bien nacional, de sentido profundo de su soberanía, de respeto supremo a la voluntad de su pueblo, de afianzamiento de un federalismo en crisis en la actualidad. Jugaban las provincias en ese tiempo con la jerarquía del viejo federalismo argentino. Nos tumbaron. En alguna parte del país están los responsables viendo el país de ahora. Será prudente que hagan un examen de conciencia. ¿Qué hicimos después ? Buscamos afanosamente en el país las coincidencias fundamentales. Dejamos mucho de lo nuestro en la búsqueda afanosa de coincidencias esenciales. Queríamos borrar definitivamente lo que distanciaba, lo que dividía. Nos encontramos con un milagro: Hombres de distintas expresiones políticas, las más rudas expresiones políticas del desencuentro, coincidimos en recuperar principalmente las instituciones del país, que son irrenunciables, y echar las bases de una importante coincidencia nacional. El pueblo se pronunció y fuimos derrotados. Ganaron los otros . ¿Qué ocurrió en el país de cosa nueva? ¿Qué acontecimiento notable llegaba a la República? La frase definitiva y corta: El que gana gobierna y el que pierde ayuda, esta es la escena del país. Se han dado todas las circunstancias. Frente a esta situación en que está la República, yo pregunto: ¿dónde está la culpa? Yo sé que hay mucha gente, algunas expresiones políticas, que por sacar dividendos circunstanciales nos dicen "los complacientes", o "los tolerantes", y nosotros no somos nada más que la oposición correcta. Cuya derrota no modifica sus procedimientos ni sus actos. Ahí está el Congreso de la República, donde se demuestra cómo y de qué manera la Unión Cívica Radical y otras expresiones políticas argentinas, por qué no decirlo, fueron fieles al pensamiento mayor de todos juntos, realizar el país. Estaba Perón en el gobierno y estas consignas empezaron a funcionar . Admito que no eran totales, que era el principio. Todo necesita un principio. Pero se hizo el diálogo de arriba para abajo y de abajo para arriba. Se enten- dieron en los niveles superiores las expresiones políticas argentinas. Lo comprendió el pueblo,. este maravilloso pueblo que tenemos. El se murió. Me toco a mí la oportunidad de despedirlo en nombre de distintas expresiones políticas argentinas ¿Qué dije entonces? Algunas palabras,. es verdad, Pero dije una que tenía un profundo significado, salía del fondo de mi alma, de la verdad de mis sentimientos: "Este viejo adversario despide a un amigo ". Los hombres que hablan, los que ocupan con frecuencia las tribunas saben cómo es, a veces, cuando se produce la expresión, como en un trasfondo se dibuja una imagen. Yo confieso que aquella mañana, cuando yo dije con sinceridad 'el viejo adversario despide a un amigo", se me imagina que todo el país juntaba sus manos y que todos se mezclaban. para nacer de aquella definición sencilla y cierta,. leal y sentida,. una definición para todos los tiempos'.

Las manos tomadas de todos los argentinos para realizar la obra que queremos todos los argentinos. ¿Qué pasa después? Ahí está el interrogante, la pregunta, y el país da la respuesta. No anduvo más. Hubo aislamiento. Un no comprender. Un no entender aquel mensaje que dijo que "el heredero era el pueblo ". Aquí una minoría se declaró heredera. Pero una minoría que no entendia el país, sino a sus propios intereses. Estas son las grandes fallas de este acontecimiento nacional. Estoy seguro de que aquella mañana empresarios, obreros, maestros. profesionales, todos se sintieron tocados seguramente,pienso yo, como que amanecía en el país después de largos desencuentros la posibilidad cierta, verdadera, de que podíamos los argentinos, todos juntos, sin declinar ninguna de sus convicciones, realizar la República de todos. Poner la soberanía de los argentinos en la gran confrontación de Latinoamérica. Se fue aislando el gobierno. Se fue empobreciendo el gobierno. Y hay que comprender, hay que comprenderlo definitivamente, que cuando se descompone el Estado se descompone la sociedad. No hay término medio Descompuesto arriba, como una vertical se van destruyendo las estructuras de la sociedad. Unión de los argentinos, dijo orgullosa y emoclanadamente la Convenciónde la Unión Cívica Radical, tan pronto como el esfuerzo de toda la ciudadanía recuperó las instituciones políticas. De allí, luego de argumentos fuertes y notables, terminó en la sintesis. Vamos en la búsqueda de la unión de los argentinos a la vieja manera de Alem o Yrigoyen. Vamos a ponernos de acuerdo los sectores populares del país para encontrar las soluciones prolijas y ciertas que determinen el quehacer nacional.

¿Quién puede decir en el país que no la servimos? Están los reiterados documentos del partido y está la gestión notable de nuestros legisladores en el Congreso, el Senado de la Nación, la Cámara de Diputados de la Nación. No se puede pretender que una minoría realice la obra. Porque es la minoría. Pero allí estaban las grandes mayorías, las que habían nacido al impulso de su fundador, el que enfermo y viejo llegó al país después de hacer notables exámenes de su propia conciencia. "No vengo a dividir, vengo a unir a los argentinos". ¿Quién lo interpretó? ¿Quién dice que tiene esta bandera? Si parece que en definitiva la hubiéramos conservado nosotros, los hombres de la Unión Cívica Radical, y otros hombres de distintos partidos políticos argentinos. Ahí está el Congreso de la República, en su primer año de legislación brillante. Cuando estaban conformadas las formas de la convivencia. de la concertación, y luego, el Parlamento que no funciona por la ausencia de los responsables de la mayoría. No es un cargo, es una realidad. No es una imputación, es la exhibición de una realidad del país que se toca con la mano, que todos la vemos. Yo he dicho que no vengo a imputar. Tomo la historia. Sus acontecimientos, sus modos. Para tener el derecho de decir que todo está naufragado. Unir la Nación. Buscar la unidad de los argentinos tiene un profundo significado. No es ponernos emocionados cuando se enarbola el símbolo de todos los argentinos, sino hacer honor al símbolo de los argentinos. Era una situación distinta y diferente, volábamos sobre los sectores, ninguno podía gravitar sobre el otro, ninguno podía ser más que el otro, todo era una conjunción. Todo debía de plasmarse con una consigna para el conjunto. No podía haber un sector industrial de allá y otro de acá. No podía repararse el ámbito gremial en contra de los otros factores de la producción. Había que orquestar el conjunto argentino,y aquello que se inició en la senda de las grandes definiciones. las emocionales definiciones, nos da el espectáculo de hoy. Todos divididos. Todos desencontrados . El egoísmo de la lucha de los sectores ha llegado hasta el delito. Los obreros de un lado, naturalmente reclamando la sensatez del salario cuyos aumentos se mueren de risa cuando son agotados a los quince minutos, antes ó después de haberlos anunciado. La empresa se ha transformado en una expresión unilateral, donde hay quien se funde, dunde hay quien se angustia y también hay quien se enriquece vorazmente creando una guerrilla distinta y diferente de la otra brutal que también tiene la República . Y cuando los sectores trabajan por su cuenta. Cuando no hay conciencia de la unidad nacional se da esta tremenda descomposición. Después de Perón, los gremios divididos. La fuerza del trabajo uniforme, cuya capacidad de acción se perfila en lo que el radicalismo quizo. Las centrales únicas del trabajo, pero del trabajo y no la parcialidad política, están en desencuentro. ¿Quién lo oculta en esta actualidad? La empresa dividida. anarquizado el mundo empresario. Porque a fuerza de querer gravitar uno u otro sector se pelearon en el fulgor. Se producen las discrepancias políticas, duras discrepancias políticas. Las que habíamos dicho que quedaban en el tiempo, borradas, para que desaparecieran las distorsiones. Están otra vez así, al atisbo. Errores o aciertos, para ver de qué manera cada uno se hace el beneficio personal y no el beneficio colectivo. Algunos suponen que yo he venido a dar soluciones, y no las tengo. Pero las hay. Es ésa. La unión de los argentinos para el esfuerzo común de todos los argentinos.
Ahí esta la guerrilla ¿Por que vino y quién la trajo? Poniendo en peligro el país y encendiendo una mecha en el continente americano. Nadie se preocupa de eso. Pero la destrucción por la violencia de la Argentina, la guerrilla intensificada en el país pasa las fronteras, y puede llegar el día en que, sin querer o queriendo, una generación joven con la que sueño, una genéración Joven para la que trabajo, encuentre convulsionado su país, amenazada su República. Por eso traigo nada más que una invitación Conozco todos los rumores. Sé de todas las inquietudes. Se conjugan los movimientos de las Fuerzas Armadas Argentinas, esas Importantes fuerzas argentinas. Las que soportaron todo, las que enterraban sus muertos y hablaban de las instituciones del país.

Estas Fuerzas Armadas que no vi nunca. Que están ahi defendiendo y sufriendo, ayer nomás, el atentado brutal, sumado a los otros atentados. ¿Por qué los argentinos vamos a hacer tantas cosas mal? ¿Por qué el gobierno no llama a su profunda reflexión, para que no se comprometa, para que mantenga ese prestigio necesario al país y al prestigio de la República? ¿Por qué somos tan torpes que no encontramos nosotros, los hombres de la civilidad, los caminos profundos del quehacer y del realizar? Puedo afirmar, porque conozco en verdad y en profundidad el pensamiento de muchos hombres de la política argentina, que la decisión de diálogo está abierta en todas las direcciones. He hablado con hombres de todos los matices y responsables de todos los matices. Hay un común denominador en la República, que quiera salvar estas contingencias nacionales, hay una voluntad juvenil que quiere colaborar en el esfuerzo de mantener las instituciones de la República, porque es el camino de la civilización, de la democracia de los argentinos. Hay tiempo todavía.Podría dar la seguridad, podría dar la seguridad, de que en horas nomás, en horas nomás, pero en horas tranquilas, podría reunirse el país, todo el paíspara encontrar las soluciones magistrales que no son nada más que las sencillas soluciones morales argentinas. Sabemos de la corrupción, del contrabando, de la destrucción comercial. Conocemos como se ha abusado de esta República. Sabemos que hay algunos países que consideran que está en liquidación. ¿Por qué no nos juntamos todos en una mesa, todos juntos, para esta emergencia? Que escuchen los titulares del gobierno. No ha habido una sola palabra que los ofenda y los agravie. Pero ha habido una conciencia moral que los llama a las grandes responsabilidades, a los gestos de grandeza, a la necesidad de mostrar a este país como es y como debe ser, y no esta chatura en que estamos viviendo, esta incertidumbre en que estamos moviéndonos. Este no saber si vuelve vivo el soldado que va a hacer su servicio, o si vuelve vivo el obrero o el joven que está en la universidad. No lo arreglará ningún sector por poderosos que sea. Lo hará el país, todo el país. Conozco el prestigio de todos, y conozco los delincuentes que fueron también un poco apañados por el gobierno. Pero las instituciones son válidas, y aun cuando parece no, que no son eficaces sirven, porque estando el Congreso de la República se pudo saber la existencia de delincuentes en el gobierno, y se buscaron las investigaciones, están los resortes vivos como para poder realizar la tarea profunda que reclaman los argentinos. Por eso desde aquí invoco al conjunto nacional. Para que en horas nomás, exhibamos a la República un programa, una decisión, un norte. Pero que se deponga la soberbia. Cuando se tratan de estas cosas, lo digo desde arriba para abajo, no hay que andar con látigos, hay que andar con sentidos morales de la vida. Este es mi llamado. No ha resuelto nada. No ha aliviado ninguna angustia. No ha dado remedio al que no lo tiene. Pero trae, por lo menos, esta voluntad, y esta decisión, y para los que creen que todo se derrumba, para los que creen que un sector del país puede llegar a resolver estos problemas, yo digo en nombre de la Unión Cívica Radical para ahora y todos sus tiempos: la bandera de la unión de todos los argentinos, la vida en paz, el trabajo remunerado, la empresa cierta, y, sobre todo, la defensa de las instituciones de la República, no serán abandonadas jamás por la Unión Cívica Radical. Hemos utilizado este pensamiento, este lenguaje y esta acción en todos los turnos de nuestra historia. Lo vamos a seguir haciendo. Podemos reconstruir hoy o no.

¿Tendremos que rehacer todo despues de la catastrofe? Puede ser que sí, pero al más incrédulo de estas concepciones, le afirmo: Si se esperan las ruinas, en las ruinas encontrarán una banderaNo se realizará el país sino sobre la base de la unión de los argentinos. Señoras y señores, pido disculpas. Vienen de lo hondo de mi pensamieto estas palabras que pueden no tener sentido, pero tienen profundidad y sinceridad. No soy muy amante de los poetas, pero he seguido un poeta de mi tierra,: todos los incurables tienen cura cinco minutos antes de la muerte . Argentinos de todos los rincones, civiles de todos los lugares, militares de todo el país, brigadieres y marinos, ¿para qué llegar a los últimos cinco minutos? ¿Por qué no estamos conjugando la ilusión de aquél poeta? Se acerca el angustiado, el enfermo, el desprotegido, todos los incurables que tienen cura cinco minutos antes de la muerte. Desearía que los argentinos, hoy, no empezáramos a hacer la cuenta de los últimos cinco minutos.

jueves, 21 de mayo de 2009

DISCURSO DE CRISÓLOGO LARRALDE COMO CANDIDATO A VICEPRESIDENTE (1954)

“Los radicales no le vamos a hacer al presidente una carrera demagógica. Nosotros no estamos contra el capital. Porque el capital como acumulación de dinero no es mas que acumulación de trabajo. El dinero no es mas que la traducción económica del valor del trabajo. El capital es necesario para financiar la producción y desarrollarla, tanto en los países de economía estatal como Rusia, como en los países de economía privada como Inglaterra, Francia, Estados Unidos, Argentina, Etc. Pero estamos contra los excesos del capital. Es como si reconociéramos que siendo bueno el alcohol es funesto el alcoholismo. Nosotros sabemos que el capital, obediente a su ley constitutiva, no busca otra cosa que la ganancia, que coloca la obtención de la utilidad por encima de la moral, que cuando puede engrosarse honestamente lo hace y cuando no, lo hace lo mismo. El capital coloca la obtención de la utilidad y del beneficio por encima de la libertad, porque si puede acumular en libertad lo hace y si no, lo hace acomodándose con las dictaduras. Lo coloca por encima de la justicia y por encima del derecho, porque cuando puede realizar sus fines de crecimiento hipertrófico dentro del derecho y al amparo de la justicia, lo hace allí, pero cuando no, lo hace a pesar de la justicia y violando las leyes del derecho.
Nosotros conocemos la entraña dura de la bestia implacable que tiene el capitalismo y sabemos que los titulares del capitalismo, que son hombres como nosotros, conocen la tragedia de su propio destino. Ellos saben que no hay lugar mas frío, ni mas duro ni mas inhóspito que vivir durmiendo en vigilias angustiosas sobre montañas de oro, pero ellos saben que si cada uno de ellos se desposee de lo que tiene, no lograrían por ese medio la riqueza instantánea de las clases desheredadas.
Queremos entonces una revisión del ordenamiento capitalista. Queremos sacar el oro de la posición de símbolo augusto que le da esta civilización y poner en su lugar al hombre y trabajar todos por ese hombre que no pertenece a ningún partido, a ningún país, que el ser trabajador de todas las épocas., para hacerlo mas suyo, para darle mas salud, para hacerlo mas soberano, para hacerlo mas libre.
Queremos los radicales servir en esta lucha una causa de carácter extrapartidario; de carácter humano. Nadie piense que estamos recorriendo el país para hacer prosperar candidatos; nadie sea tan crédulo y tan ingenuo de pensar que estamos luchando por el éxito electoral de un partido, por las posiciones, por los cargos políticos, por lo que hay de personal en esta contienda.
Queremos que las palabras “revolución social” de que ha hablado el presidente de la República, se conviertan mediante nosotros en un hecho generoso y positivo para bien de todos. Queremos hacerlo sin sangre y sin rencores, como aquí se dijo, no a favor de un partido, si a favor de un pueblo; queremos anteponer a los privilegios económicos, el derecho del individuo, pero nada vamos a poder realizar, absolutamente nada, si primero no conseguimos el arma mas importante, que es el arma que todas las dictaduras niegan.
El marxismo dice: “La libertad es un prejuicio burgués”. El fascismo afirma “La libertad es un cadáver putrefacto en el Estado”. El peronismo dice “La libertad no sirve para comer”. Nosotros decimos que la libertad es lo único que sirve, que ha derecho de comer por el hecho de haber nacido; que hay derecho de comer para conservar la vida; para ennoblecerla con los actos de cada mañana y de cada tarde, pero no vivimos para comer, si no a la inversa. No pensamos en la libertad como el marxismo ni como el fascismo ni como el peronismo. Pensamos de la libertad acaso como podría pensar Dios.
Dadme al hombre en el corazón y en el cerebro, en los hijos que la vida le pone al lado; en la mujer que la vida y el amor le pone al flanco; en la madre que le ha puesto antes, en los nietos que van a venir después; una tremenda responsabilidad por aquella que se fue, por éstos que crecen y se multiplican; por aquellos que van a venir. Necesitamos para ser útiles, para se r hombres, para ser un valor, ser ante todo libres. Aquellos amigos que votaron bien al votar contra nosotros el 24 de febrero de 1946 –parece una paradoja- votaron bien porque creyeron que votaban su liberación económica y nadie puede condenar una aspiración tal; que se acerquen a nosotros para que con nosotros sientan la alegría de liquidar un sistema dictatorial para el bien de la República”

martes, 19 de mayo de 2009

Proclama revolucionaria del 4 de febrero de 1905

Manifiesto: La Unión Cívica Radical al Pueblo de la República

Ante la evidencia de una insólita regresión que, después de veinticinco años de transgresiones a todas las instituciones morales, políticas y administrativas, amenaza retardar indefinidamente el restablecimiento de la vida nacional; ante la ineficacia comprobada de la labor cívica electoral, porque la lucha es de la opinión contra gobiernos rebeldes alzados sobre las leyes y respetos públicos; y cuando no hay en la visión nacional ninguna esperanza de reacción espontánea, ni posibilidad de alcanzarla normalmente, es sagrado deber de patriotismo ejercitar el supremo recurso de la protesta armada a que han acudido casi todos los pueblos del mundo en el continuo batallar por la reparación de sus males y el respeto de sus derechos.
Sustanciar aquí las causas que determinan esta suprema resolución, sería suponer que la Nación no está compenetrada de ellas.
Son tan profundas que, si no han tronchado su porvenir, han malogrado al menos su vitalidad en uno de los períodos de mayor actividad y de más franca expansión.
La moral y el carácter, esos atributos con que Dios ha iluminado el universo revelando al hombre que sobre su frente lleva un rayo de divinidad, parece que no inspiran ni fortifican el espíritu de la Nación, cuando los gobernantes pueden inferirle los agravios que es penoso constatar una vez más, al reproducir el esfuerzo reivindicatorio.
Difamada la República en todos los centros del mundo, el descrédito seguirá latente y pasará a los anales de su vida, sin que sea dado precisar cuánto daño le habría ocasionado, ni cuándo retornará a la plena seguridad de su prestigio.
Agotada y perturbada durante el mejor desarrollo de sus energías, ya no recuperará la vida perdida, cualquiera que sea el acrecentamiento futuro. Desmoronado íntegramente su organismo político, será obra premiosa del concurso y de la solidaridad nacional levantarlo en todo su imperio, renovando e inculcando la enseñanza de sus principios y acentuándolo en los hechos por su recta aplicación y funcionamiento.
Es ésta una severa lección para no consentir las desviaciones de los gobiernos, dejándolas impunes, porque se hacen irreparables y asumen el carácter de responsabilidades colectivas, infiriendo a la sociedad males que no debió sufrir o privándola de beneficios que debió alcanzar.
Todo ha sido conculcado desde su cimiento hasta su más alta garantía. El sufragio, condición indispensable de la representación electiva, ha sido falseado primeramente y simulado por fin, con intermitencias de sangrientas imposiciones.
La vida comunal, la más directa demostración de las libertades públicas, la primera escuela político-social y una de las bases de nuestra organización, ha sido sucesiva e implacablemente menoscabada en su prestigio y en su eficiencia, hasta quedar suprimida, aún en esta Capital, centro de gloriosas conquistas humanas por ley fundada en la agraviante ironía de su notoria incapacidad de practicarla.
Mediante un sistema de punibles irregularidades, las provincias han sido convertidas en meras dependencias administrativas. Los gobernadores invisten y ejercen la suma de los poderes, y a su vez se posternan ante el Presidente de la República, quien por el hecho de serlo adquiere prepotencia tan absoluta que todos, hasta el Congreso y las legislaturas, se someten incondicionalmente a su voluntad para afianzarse en el cargo que detentan, retomarlo si lo han perdido o conseguirlo si lo aspiran.
Las constituciones, para cuya revisión las sociedades bien dirigidas buscan las horas tranquilas y concurrentes de la opinión, has sido rehechas y deshechas al arbitrio de los gobernantes, no para ampliar los derechos o darles más garantías, sino para restringirlos o falsearlos, arrogándose mayores poderes y extendiendo sin necesidad el enorme personal administrativo. En cambio, no se han cumplido muchos de los más fecundos preceptos que ellas consagran, como medios conducentes y eficaces para la mejor legislación y el bienestar de los pueblos.
La verdad y la eficacia de la doctrina que tiene por base el gobierno del pueblo por el pueblo reside en el grado de libertad con que la función electiva se realiza. Sin ésta no hay mandato sino usurpación audaz, y no existe vínculo leal alguno entre la autoridad y el pueblo que protesta. Las demás instituciones que se fundan en el hecho de esa representación y están destinadas a recibir su calor, quedan anuladas y mutiladas en su verdad y energía.
Desde la justicia y la instrucción, tan primordiales como fundamentales, hasta el ejército y las finanzas, todos los centros y ramas del gobierno están en el caos, acusando descenso moral, incompetencia y abandono de los más importantes intereses de la Patria. Las cátedras, las magistraturas, la dirección de los institutos científicos, la jefatura de las reparticiones y, en una palabra, todos los cargos públicos, se conceden a los cortesanos con prescindencia de integridad y de ilustración. La labor administrativa se traduce en obra inorgánica y destructora, en la contradicción permanente de las iniciativas más opuestas, mientras quedan sin solucionarse los grandes problemas del bienestar nacional.
En el derroche irresponsable y sin contralor, se ha disipado la riqueza del país con la cual estaríamos en condiciones de abordar con éxito la ejecución de las obras públicas que la civilización impone. Gravita sobre el país, comprometiendo su presente, el peso de una deuda enorme, de inversión casi desconocida, que pasará a las generaciones futuras como herencia de una época de desorden y de corrupción administrativa. El presupuesto es ley de expoliación para el contribuyente, de aniquilamiento para la industria, de traba para el comercio y de despilfarro para el gobierno. El pueblo ignora el destino real de las sumas arrancadas a su riqueza, en la forma de impuestos exorbitantes, porque el Congreso no cumple el deber de examinar las cuentas de la Administración para hacer efectivas las responsabilidades emergentes de los gastos ilegales y de la malversación de los dineros públicos.
La población permanece casi estacionaria, siendo evidente que cuando menos debiéramos constituir un Estado diez veces millonario, fuerte y laborioso, con personalidad respetada en el mundo trabajando en paz y libertad la grandeza de la Patria.
Tan absolutas son las absorciones del poder, que no existen leyes ni garantías seguras; y tan profunda es la depresión del carácter que, dentro del régimen, no hay conciencia que resista, ni deber que no se abdique ante la voluntad del presidente o del gobernador.
El predominio de esa política egoísta y utilitaria, que mantiene sistemáticamente clausurado el camino de las actuaciones dignas, ha esterilizado las mejores fuerzas del carácter y de la inteligencia argentinas. Han sucumbido, las unas en el esfuerzo de la lucha activa, en la protesta contra el régimen; se han rendido, otras, víctimas del descreimiento o falta de valor cívico, y se extinguen las más en el ostracismo de la vida pública, impedidas de prestar a la Nación el servicio de su patriotismo y de sus luces.
Hemos pasado por las más graves inquietudes internacionales, que debiendo ser un accidente, han sido una preocupación de años para concluir desprestigiándonos en Sud América, y modificando la historia y la carta geográfica argentina.
La personalidad moral de la Nación ha sido reducida. Debíamos haber asumido ya una significación doblemente importante en el escenario del mundo y estamos aún confundidos entre las Repúblicas subalternas e inorgánicas de América, expuestos a sufrir las consecuencias de las sociedades que por no desenvolverse paralelamente al deber y al progreso, se ven forzadas a buscar su regeneración en la crisis de dolorosas conmociones.
La inmoralidad trasciende del conjunto de la obra administrativa, y contadas serían las reparticiones públicas que, ante un rápido examen, no pondrían al descubierto irregularidades de las más impúdicas. ¡Qué sería si se practicara una investigación severa con ánimo de hacer justicia!
Todo esto es la obra de un régimen funesto que pesa ignominiosamente sobre el país, que domina el gobierno de las provincias y tiene a la cabeza al presidente de la República que, siendo el más alto representante de su voluntad, es también su omnipotencia salvadora. Por eso ha resistido hasta ahora los reiterados esfuerzos de la opinión.
Ante su predominio, todos los preceptos morales han sido escarnecidos, se han rendido los hombres y han claudicado los partidos. No ha quedado una frente prominente, una corporación austera, un centro altivo de enseñanza donde el espíritu público pueda acudir a recibir una sana idea o una justa inspiración.
No ha podido surgir en la República un núcleo de hombres de Estado, representativos y caracterizados, tales como los que tuvo hasta que se inició la descomposición, porque, impedido el digno ejercicio de la vida pública, se ha hecho imposible que se formen con las virtudes, la autoridad y la experiencia que deben tener para constituir una garantía y una fuerza social.
Los partidos políticos son meras agrupaciones transitorias, sin consistencia en la opinión, sin principios ni propósitos de gobierno. Desprendidos los unos del régimen que domina al país, procedentes los otros de defecciones a la causa de su reparación, el anhelo común es la posesión de los puestos públicos. El tono de su propaganda se ajusta a la posibilidad de obtenerlos, a las promesas hechas o a las esperanzas desvanecidas, incurriendo en la incongruencia de las críticas y de los aplausos en la confusión de la protesta y de la alabanza por los mismos actos, y hacia los mismos hombres en igualdad de situaciones y procedimientos. La oposición pierde así sus condiciones esenciales para el bien público, se convierte en escuela perniciosa y perturbadora y en un exponente de la depresión general.
Se han anticipado los vicios y complicaciones de las sociedades viejas; la clase obrera desatendida hasta en las más justas peticiones, forma con sus reclamos un elemento de perturbación económica y genera graves problemas, que el gobierno ha debido prever y resolver oportunamente; en el orden intelectual, se comprueba la ausencia de hombres de ciencia, jurisconsultos, oradores, y si existen, es para extinguirse en silencio, faltos de escenario y de estímulos; se han subvertido, en fin, los conceptos de honor nacional, de dignidad personal, de cuanto hay de grande y de noble en las sociedades que conservan el culto por los ideales que ensanchan los horizontes de la existencia. Es un ocaso, en el que cada día la regeneración moral retrocede y se aleja.
Tal es, en conjunto, la intensidad del desastre, sin analizar sus múltiples subversiones. Es una vorágine, que ha llevado por delante todo lo que no ha tenido energías bastante para resistirla, causando estragos tan grandes que el pensamiento no puede precisarlos y definirlos, aunque los abarque en la realidad de lo que está a su alcance.
Vivificados en todo el territorio por la fecundidad de una naturaleza exuberante en las distintas producciones del mundo, procedentes de una cuna que nos enorgullecerá siempre, emancipados al empuje de los más heroicos sacrificios, generaciones sucesivas de eminentes ciudadanos, en medio de las angustias y de los esplendores de la lucha por la independencia y la organización, establecieron para presidir la sociedad argentina los adelantos de la civilización moderna y los principios más avanzados de gobierno.
Bastará recordar esos antecedentes, fijar el pensamiento en la razón que nos señala predestinados a ser el centro de poderosos agrupaciones humanas, y acaso el punto de partida de la renovación del mundo; bastará dirigir la vista hacia esa alta cumbre del pasado glorioso, volverla hacia esa otra cima de los grandes destinos del porvenir, y luego mirarnos en el llano en diminuta proporción, habiendo perdido autoridad moral y gran parte de riqueza en el desenfreno de la orgía gubernativa; bastará eso para reconocer con amargura que en la primera centuria de vida independiente hemos fracasado ante nuestra propia conciencia, ante la historia y ante el mundo entero, defraudando el voto y las inspiraciones de los que nos dieron Patria.
Ante la magnitud de este crimen, de esta fatalidad sin reparo, consumado en la época del trabajo, de la independencia y de las múltiples conquistas del espíritu humano, cuando hombres y capitales afluían de todas partes a poblar y fecundar el país, sus causantes son más que reos de lesa patria: son todo y no son nada, porque en presencia de la enormidad del agravio, sus responsabilidades son un sarcasmo, sus protestas de regeneración una blasfemia, y el progreso de que blasonan una iniquidad.
El régimen ha subsistido, consolidándose al amparo de la política del acuerdo, que fue una defección a terminantes promesas reaccionarias y malogró la reivindicación a punto ya de conseguirse traicionando deberes patrióticos, en cambio de posiciones oficiales.
Nunca pensamiento más pernicioso penetró en causa más santa, disgregó las fuerzas de la Unión Cívica, llevó a los unos a solidarizarse y coparticipar en la obra oprobiosa del pasado, e impuso a los otros el deber de la actitud inquebrantable y digna en que hasta el presente se mantienen, defendiendo la integridad de la causa.
Esa política, al dar patente de indemnidad a los grandes culpables, ha aumentado los males y los agravios que en 1890 provocaron la protesta del país, atacado en su honor, en sus instituciones y en el libre desenvolvimiento de sus riquezas. A todos los que entonces existieron, y que subsistiendo se han hecho más intensos, deben agregarse hoy los que ella ha causado, y los procedentes de la desaparición prematura de tantos ciudadanos austeros, que sirvieron con entereza la causa de la reparación nacional, que hoy serían la mejor esperanza de la República y un baluarte contra la corrupción que avanza.
La República ha tolerado silenciosa estos excesos, en horas de incertidumbre, ante el peligro de complicaciones internacionales, llevando la abnegación hasta el sacrificio, en homenaje a su solidaridad y con la esperanza de ver cumplida la promesa tantas veces reiterada de una reacción espontánea, que eliminara la necesidad de una nueva conmoción revolucionaria. En el estado actual no es posible abrigar esa esperanza sin incurrir en un error irreflexivo. El Congreso y las instituciones provinciales son las mismas. La Presidencia no ha mejorado sus títulos por el hecho de haber asumido el mando y solidarizada, moral y materialmente, con el régimen que la ha consagrado, carece de autoridad para iniciar la reacción, y de medios para realizarla.
El carácter de funcionario público representativo no se adquiere por los programas que se formulan, sino por la legalidad integral del mandato que se inviste. Osado sería quien se presentara contrario a los anhelos, intereses y sentimientos colectivos, y total inexperiencia revelaría, si no se refiriera a ellos cuando siente llegar hasta la altura de la posición usurpada el eco de la protesta pública. En tan vanas y falaces promesas, constantemente expresadas y jamás cumplidas, sólo pueden creer los que, deliberadamente, quieran cohonestar con ellas, o los que no consideran las cosas en su realidad y esencia. De los efectos no deben esperarse sino las consecuencias de las causas de que emergen; y es funesto error anatematizar el delito en su elaboración, y luego de consumado, acordarle sanción legal y aun justificarlo, atribuyéndole virtudes y energías benéficas.
La República no podrá olvidar que los ciudadanos que hoy dirigen sus destinos son los mismos que en 1893 avasallaron las cuatro provincias que habían reasumido su autonomía, ahogaron sus libertades, próximas ya a alcanzar su dominio, encarcelaron y desterraron a los más distinguidos ciudadanos del país con lujo odioso de arbitrariedad y de vejámenes.
Connaturalizados con el teatro en que se han desenvuelto, no es posible esperar de ellos severos conceptos morales y altas inspiraciones cívicas. No se efectúan en el espíritu humano cambios tan radicales que permitan pasar del escepticismo, del descreimiento y de la corrupción política en que se ha vivido, a una acción reparadora, destinada, precisamente, a destruir el sistema del que se ha sido instrumento o servidor. La hipótesis que pueda hacerse en esa forma y por esos medios, supondría la relajación y la rendición de las fuerzas morales de la República. Pregonarlo, no es sino estimular una lucha de veleidades y de tendencias personales, encaminada a dar preponderancia, dentro del régimen, a los que suben sobre los que bajan. Esta lucha de predominios es el drama eterno de la vida de las sociedades, pero, arriba de ella, están los intereses de la República que debe hacer efectivas las responsabilidades con una concepción absoluta de justicia.
Entre el último día del oprobio y el primero del digno despertar, debe de haber una solución de continuidad, una claridad radiante, que lo anuncie al mundo y lo fije eternamente en la historia. Esperar la regeneración del país de los mismos que lo han corrompido, pensar que tan magna tarea pueda ser la obra de los gobiernos actuales de la República y de la Presidencia surgida de su seno, sería sellar ante la historia y sancionar ante el mundo veinticinco años de vergüenza con una infamación, haciendo del delito un factor reparador, el medio único de redimir el presente y salvar el futuro de la Nación.
Esta tarea requiere escenario y factores nuevos, porque las acciones humanas realizadas en un medio extraño a sus móviles, resultan inocuas o contraproducentes; exige una gran cohesión moral, un sólido vínculo de civismo, el concurso de la voluntad nacional, y reclama un ambiente de justicia y de independencia de espíritu en el cual puedan desenvolverse ampliamente todas las capacidades, y bajo cuya influencia, hasta que sean posibles las reacciones de los hombres, por la modificación de las ideas y de los procedimientos.
Los primeros actos del nuevo gobierno evidencian la exactitud de estos juicios: el Congreso se ha clausurado, sumisamente, con injuria a las instituciones y grave daño para importantes intereses, sancionando sin estudio un presupuesto enorme, porque así lo impuso la política presidencial, realizando un acto sin precedentes que habría sido bastante en una situación regular para causar la crisis del Ejecutivo. Los gastos fuera de ley forman como antes un presupuesto extraordinario que nadie vota ni controla; los cargos públicos se adjudican en premio de servicios electorales, sin espíritu de justicia; y las concesiones y dádivas continúan incorporadas a las prácticas administrativas. En el orden político se asiste exactamente a la reproducción de los procederes del pasado, y como obra de gobierno a la onerosa destrucción de lo existente, sin beneficio alguno.
La Unión Cívica Radical, que es fuerza representativa de ideales y de aspiraciones colectivas, que combate un régimen y no hombres, no puede, pues, declinar de su propósito ni arriar su bandera. Cumple las decisiones de sus autoridades directivas y responde a las exhortaciones de todos sus centros de opinión. Va a la protesta armada venciendo las naturales vacilaciones que han trabajado el espíritu de sus miembros, porque contrasta e indigna, sin duda, el hecho de que un pueblo, vejado en sus más caros atributos e intensamente lesionado en su vitalidad, tenga aún que derramar su sangre para conseguir su justa y legítima reparación. Pero el sacrificio ha sido prometido a la Nación: lo reclaman su honor y su grandeza, y lo obligan la temeraria persistencia del régimen y la amenaza de su agravación. Se efectúa sin prevenciones personales, inconcebibles dentro del carácter del movimiento, y extraños a la índole moral de los que lo dirigen, con derecho a sustraerse a estas agitaciones, escudados en el antecedente de una larga y fatigosa labor cívica.
La revolución la realiza únicamente la Unión Cívica Radical, porque así lo marca su integridad y lo exige la homogeneidad de la acción; pero es por la Patria y para la Patria. Ese es el sentimiento que la inspira y ésa es la consigna que lleva cada uno de sus soldados. En ese concepto, solicita el concurso de cuantos quieran contribuir con su esfuerzo a la obra de la reparación. Los principios y la bandera del movimiento son los del Parque, mantenidos inmaculados por la Unión Cívica Radical, la que bajo sus auspicios promete a la República su rápida reorganización, en libre contienda de opinión ampliamente garantizada, a fin de que sean investidos con los cargos públicos los ciudadanos que la soberanía nacional designe, sean quienes fueren. Los únicos que no podrán serlo, en ningún caso, son los directores del movimiento, porque así lo imponen la rectitud de sus propósitos y la austeridad de su enseñanza.
La importancia de los elementos acumulados permite abrigar la esperanza de que la prueba será lo menos sensible. La Unión Cívica Radical rechaza, en absoluto, todo daño anterior y posterior, no aceptando sino el indispensable en el momento de la acción, y eso, como deber imperioso y como el sacrificio más grande que pueda hacerse por la tierra en que se ha nacido. Lo afrontamos, íntimamente poseídos de que asistimos a la fecunda obra de reparación de la República, en toda su plenitud, para encaminarse por los senderos permanentes de su grandioso destino.


Hipólito Yrigoyen
Obtenido de
"
http://es.wikisource.org/wiki/Proclama_de_la_Revoluci%C3%B3n_de_1905_(Argentina)"