lunes, 6 de abril de 2015

Mariano Espina: Militar, Revolucionario y Radical





Fue uno de los tantos militares que compartían con aquellos dirigentes de la época como lo eran Alem, Aristobulo del Valle, Bernardo de Irigoyen, Alsina, etc., una misma visión acerca del país, el gobierno, sus gobernantes y los excesos de esta oligarquía que detentaba y abusaba del poder en nuestro país.
Mariano Espina era un innegable patriota, había participado como militar expedicionario de la Conquista del Desierto y creía en la grandeza de un Estado Republicano, en la civilidad y la causa nacional, por ende, fue un interminable seguidor de Leandro Alem y su causa contra el régimen oligárquico, “falaz y descreído”.
Su compromiso lo llevó a participar en la fundación de la Unión Cívica y luego ser uno de los Jefes militares de la Revolución del Parque en 1890 al mando de su Regimiento que se había sublevado y levantado las armas en favor de la revolución.
Más tarde siguiendo siempre a Alem, que lo consideraba su líder político, participaría en la fundación de la Unión Cívica Radical. Allí, fue parte de la Convención Nacional y del Comité Nacional. En los altos cuerpos del Partido sostuvo sus ideas con absoluta intransigencia, mostrándose siempre como adversario de toda componenda con el régimen. Siempre puso por delante su condición de ciudadano sobre su profesión militar.
En 1893 en la Revolución Radical de aquel año liderada por Leandro Alem, aquí también sería un importante artífice de las luchas que fueron llevadas adelante por Alem en Rosario donde el Coronel Mariano Espina lideró un fuerte enfrentamiento contra los leales al Gobierno sobre el Río Paraná.


SU INTERVENCIÓN EN LA REVOLUCIÓN DEL PARQUE – 1890
 
Parque de Artilleria
En la madrugada del 26 de julio de 1890, Leandro Alem tomó el Parque de Artillería de la Ciudad de Buenos Aires, actual Plaza Lavalle (donde hoy se levanta el edificio de la Corte Suprema de Justicia), ubicado a 900 metros de la casa de gobierno, frente a las obras recién iniciadas del Teatro Colón. Simultáneamente, desde Palermo, el coronel Figueroa y el coronel Mariano Espina sublevaron el Regimiento 9º de Infantería.
Tanto los civiles como los militares revolucionarios comenzaron los enfrentamientos con las fuerzas leales al gobierno en varios sectores de la ciudad. El centro principal de los enfrentamientos se trasladó a la plaza Lavalle que se convirtió en un gran campo de batalla, allí los revolucionarios ubicaron los principales cantones.
El General Levalle ordenó a las tropas leales al gobierno avanzar por la calle Talcahuano contra las posiciones revolucionarias en la Plaza Lavalle, las tropas del gobierno sufrieron un enérgico ataque por parte del batallón encabezado por el coronel Espina y apoyado por los cañones del mayor Day. Las fuerzas leales fueron completamente diezmadas. Fue en este combate en el que murieron gran parte de los soldados y milicianos que defendían el Cantón de la Escuela Avellaneda. El lugar fue conocido con el nombre de "Esquina de la Muerte". En esas condiciones cayó la noche y los combates prácticamente cesaron. Los revolucionarios aprovecharon la noche para consolidar sus posiciones y extender los cantones.
El día 27 de julio a primera hora el general Levalle volvió a ordenar un ataque de las tropas del gobierno contra las posiciones revolucionarias por la calle Talcahuano. El "Cantón Bartolomé Mitre", ubicado en Córdoba y Talcahuano fue el punto crucial del combate durante más de dos horas. Finalmente, las baterías del mayor Day definieron el combate causando gran cantidad de muertos.
En esas circunstancias el Coronel Mariano Espina, desatendiendo las órdenes de Campos, contraatacó por la misma calle Talcahuano, con la intención de atacar la Plaza Libertad por el flanco izquierdo. La lucha se hizo cuerpo a cuerpo.
El martes 29 de julio de 1890, después de cuatro días de combates con centenares de muertos esparcidos por las calles de Buenos Aires, la Revolución había sido derrotada. Uno de sus jefes civiles, el senador Aristóbulo del Valle, firmó la rendición. Dos regimientos, el 1º de Artillería y el 9º de Infantería, no aceptaron la capitulación. Mientras se organizaba la rendición, el coronel Mariano Espina, jefe del 9º, ordenó el ataque hacia Plaza de Mayo. Quería tomar la Casa de Gobierno. El principal obstáculo del coronel insurrecto no eran las tropas oficiales sino sus propios jefes revolucionarios. Espina ya era un sublevado de su propio bando: “Si no te rindes, nos veremos obligados a pegarte cuatro tiros”, lo previnieron. Espina respondió: “A ustedes debería despedazarlos una bala de cañón, por cobardes y borrachos”, respondió. En el atardecer del martes 29 de julio, el jefe civil de la Revolución, el diputado Leandro Alem, se iba del Parque entre decenas de cadáveres y heridos, la revolución había sido vencida.
 

SU INTERVENCIÓN EN LA REVOLUCIÓN RADICAL DE 1893


El 24 de septiembre Mariano Candioti con un ejército cívico-militar volvió a levantarse en armas en la Ciudad de Santa Fe y luego de dos días de combate fueron derrotados. Ese mismo día Alem llegó a Rosario e instala allí la junta revolucionaria integrada por Oscar Liliedal, Lisandro de la Torre, Martín M. Torino, Víctor Molina, Ferreyra Cortés y otros, la población lo recibió como un héroe, se apoderan de la ciudad y Alem fue proclamado presidente de la Nación en una gran asamblea popular. Inmediatamente se organizó un ejército popular. En el puerto de Rosario, el buque "ARA Los Andes" de la Armada, al mando del teniente de fragata Gerardo Valotta se plegó a la revolución y participó en el Combate naval de el Espinillo donde se enfrentó al Capitán Manuel García Mansilla, lo mismo hizo la torpedera Murature en el Tigre, que en el combate recibió daños de consideración y sufrió tres bajas (el guardiamarina Arturo Ferreyra y dos maquinistas muertos, además de varios heridos), Danuzzio no tuvo más remedio que rendirse. A bordo de este buque se encontraba el coronel Espina quien fue tomado prisionero.

Finalmente luego de combates muy intensos en diferentes zonas de Rosario, Los revolucionarios y las principales figuras de la oposición son detenidos y conducidos a los buques “Ushuaia” y “Rosetti”. El coronel Espina es llevado a la Penitenciaria Nacional, en Buenos Aires.
El Coronel mariano Espina es llevado rápidamente a juicio ante un tribunal Militar, este proceso durará solo un día y el coronel es sentenciado a muerte. Esta acción tomará estado público y producirá un gran debate en torno a la pena de muerte.
Esta condena a muerte por una corte militar  fue la razón determinante de que por primera vez fuesen admitidas las mujeres en el recinto del Congreso. Las damas entraron en el Congreso, Iban a pedir por la vida de un condenado a muerte: el coronel Mariano Espina, sublevado con Leandro N. Alem contra el gobierno de la Nación Las mujeres no habían manifestado jamás su interés por las cosas políticas y los negocios públicos, que pertenecían por entero a los hombres. Pero esta vez lo hacían por un héroe. En la cámara de diputados, después de un arduo debate, se reconoció el derecho de las mujeres a presenciar las sesiones, esta acción puede tomarse como la primera conquista política de la mujer argentina.
En Montevideo se producen manifestaciones exigiendo que el presidente Herrera se dirija al presidente argentino pidiéndole por la vida del coronel Espina. El presidente de Chile se dirige también a Sáenz Peña. En la plaza de Mayo se congregan multitudes, ante tanta presión, la pena fue conmutada por el presidente de la Nación, Luis Sáenz Peña.
Luego de tales acontecimientos, se dedicaría de lleno a la vida política partidaria de la U.C.R.
También corresponde a una iniciativa y obra suya la construcción del Mausoleo que honra a los Héroes del 90. En septiembre de 1892, el Coronel Mariano Espina ante la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires donó a perpetuidad el terreno en el llamado Cementerio del Norte (Recoleta) a fin de que la Comisión presidida por el mencionado Espina se encargara de erigir un monumento a los caídos en dicha revolución. Allí se erigió el actual panteón y monumento a los caídos, cuya bóveda interior guarda los restos de militares y civiles que ofrendaron su vida en la citada gesta así como los de algunos próceres de la civilidad fallecidos posteriormente. Los restos del mismo Mariano Espina se encuentran en el mencionado Panteón.

Pablo Eduardo Vázquez


lunes, 23 de febrero de 2015

Crisólogo Larralde: El defensor de la Justicia Social en Argentina


 Crisólogo Larralde tal vez sea uno de los dirigentes de la Unión Cívica Radical que mas admiración y respeto despierte en mi a la hora de pensar en su figura, sus pensamientos, su trayectoria y su obra, no puedo evitar llenarme de profunda devoción y entusiasmo. Creo fervientemente que su conducta, sus valores y su inclaudicable lucha en defensa de los derechos del trabajador lo debieran poner en un lugar privilegiado entre los hombres que han hecho grande nuestra Nación, lugar que aún no ostenta, injustamente, pero que como dije debería tener reservado.
Nació en 1902 en Quilmes, Provincia de Buenos Aires, en una humilde casa de un barrio de trabajadores y gente también humilde como su familia, Fue parte de una familia de seis hermanos. Este, su entorno tal vez fuera el primer lugar donde Crisólogo aprendería de las necesidades del Pueblo y le sirvieran también para forjar lo que luego sería su fuerte ideario y lucha por la cuestión social.

Su padre, era un obrero anarquista, que lo introdujo en la militancia sindical. Su madre era una trabajadora doméstica. Comenzó a trabajar a los 13 años en una imprenta. De noche se interesaba por la lectura de libros relacionados con las luchas populares. Sus primeros trabajos fueron publicados en el periódico anarquista La Libertad de Avellaneda. En 1916, cuando tenía 14 años, se afilió a la Unión Cívica Radical, movilizado por el impacto histórico del triunfo de Hipólito Yrigoyen y a partir de allí y hasta el día de su muerte transitaría un largo camino en la vida política de la Unión Cívica Radical y de nuestra Nación constituyéndolo en el verdadero y único defensor “REAL” de la reivindicación de los derechos sociales y del trabajador en nuestro país, y digo el único real porque nunca se jactó de nada y menos aún, jamás se sirvió y benefició personalmente de su lucha y sus logros para beneficio de los trabajadores en la Argentina, como si otros lo hicieron. De esta manera cabe decir que será indiscutidamente a lo largo de la historia el máximo exponente social que tuvo la Unión Cívica Radical.

Al llegar la revolución del 6 de septiembre, fue dejado cesante como empleado de la Cancillería y de allí a la cárcel en su primera prisión política. Pero tuvo otras entradas: en 1932, 1951, 1954, 1955. Durante la llamada Década Infame fue elegido y asumió como Concejal en Avellaneda. Posteriormente resultaría electo senador provincial en Buenos Aires, pero presentará su renuncia indeclinable debido al fraude sistemático y generalizado que imponían los Gobiernos de la Concordancia. En 1943 fue uno de los fundadores de la corriente interna Revisionismo Bonaerense, presidida por Ricardo Balbín, e integrada por Oscar Alende y Moisés Lebensohn, entre otros, que constituyó uno de los primeros intentos en desalojar de la conducción de la UCR a la corriente conservadora unionista (alvearista).


En abril de 1945 fue uno de los firmantes de la Declaración de Avellaneda, que diera origen poco después al Movimiento de Integración y Renovación (MIR).

Ante las movilizaciones obreras del 17 de octubre de 1945, Larralde se opuso a la lectura despectiva de los hechos que caracterizó al unionismo radical y los sectores conservadores sosteniendo, apoyando decididamente el contenido y el accionar de aquellas manifectaciones:

Luego del 17 de octubre de 1945, junto al resto de los intransigentes, Crisólogo Larralde se opuso a que la Unión Cívica Radical integrara la Unión Democrática, y rechazó el tono crudamente antiperonista de la campaña electoral. Después de la estrepitosa derrota de la Unión Democrática en las elecciones de 1946, Crisólogo Larralde, fue junto con Antonio Sobral y Arturo Frondizi uno de los tres intransigentes que integraron la Junta de siete miembros que reemplazó al Comité Nacional. A poco andar, los tres miembros intransigentes abandonaron la Junta por las diferencias irreconciliables que tenían con el sector unionista.

En 1954 se realizaron elecciones para elegir vicepresidente de la Nación, Larralde fue el candidato del radicalismo. Durante la campaña electoral Larralde denunció la falta de libertades políticas y la importancia que las mismas tienen para defender los derechos de los trabajadores. Larralde decía en esa campaña:

“Queremos que las palabras “revolución social” de que ha hablado el presidente de la República, se conviertan mediante nosotros en un hecho generoso y positivo para bien de todos. Queremos hacerlo sin sangre y sin rencores, como aquí se dijo, no a favor de un partido, si a favor de un pueblo; queremos anteponer a los privilegios económicos, el derecho del individuo, pero nada vamos a poder realizar, absolutamente nada, si primero no conseguimos el arma más importante, que es el arma que todas las dictaduras niegan. El marxismo dice: 'La libertad es un prejuicio burgués'. El fascismo afirma 'La libertad es un cadáver putrefacto en el Estado'. El peronismo dice 'La libertad no sirve para comer'. Nosotros decimos que la libertad es lo único que sirve, que hay derecho de comer por el hecho de haber nacido; que hay derecho de comer para conservar la vida; para ennoblecerla con los actos de cada mañana y de cada tarde; pero no vivimos para comer, si no a la inversa”.

                En 1956, la Unión Cívica Radical se dividió en dos: la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) dirigida por Arturo Frondizi, y la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP) dirigida por Ricardo Balbín. Crisólogo Larralde fue uno de los dirigentes que más se esforzó en evitar la fractura. Una vez producida se integró a las filas de la UCRP en donde fue elegido ese mismo año presidente del Comité Nacional.

En 1957, como presidente del Comité Nacional de la UCRP, intervino activamente para evitar que los convencionales de la UCRP se retiren de la Convención Constituyente antes de dar su voto favorable por el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, sobre los derechos del trabajo. Sin embargo, inmediatamente después, los convencionales sabattinistas, junto a los conservadores, se retiraron finalmente de la Convención Constituyente, impidiéndole continuar.

Allí dejaría para la posteridad su mayor obra por la justicia social quedando consagrado el Artículo 14 bis:

Artículo 14. bis.- El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor; jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial.

Queda garantizado a los gremios: concertar convenios colectivos de trabajo; recurrir a la conciliación y al arbitraje; el derecho de huelga. Los representantes gremiales gozarán de las garantías necesarias para el cumplimiento de su gestión sindical y las relacionadas con la estabilidad de su empleo.

El Estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter de integral e irrenunciable. En especial, la ley establecerá: el seguro social obligatorio, que estará a cargo de entidades nacionales o provinciales con autonomía financiera y económica, administradas por los interesados con participación del Estado, sin que pueda existir superposición de aportes; jubilaciones y pensiones móviles; la protección integral de la familia; la defensa del bien de familia; la compensación económica familiar y el acceso a una vivienda digna.

                Desde aquel momento, el Artículo 14 bis de la Constitución es el más mentado por muchos dirigentes sindicales, que nunca se acuerdan del nombre del autor ni de las circunstancias de su sanción. Promulgan a viva voz la doctrina de Justicia Social Peronista pero no ponen en valor ni aceptan que el logro de justicia social mas importante de nuestro País fue obra de un Radical y ese radical es Crisólogo Larralde.

Su solidaridad y sus convicciones lo llevaron a luchar por los pobres, los excluidos, los explotados, haciendo práctica esa vieja premisa de Leandro Alem cuando afirmó que “la Unión Cívica Radical es la causa de los desposeídos…”. 

 “La clase obrera, la única clase, porque de su carne y de su sangre nacieron el sabio, el descubridor, el estadista, el sacerdote, el guerrero y el pacifista, el revolucionario y el verdugo, el poeta y el santo y hasta el rico, esa clase única está marchando y sino se demora en tratos venales, ni en la faena mercantil de su propio destino, llegará al campo abierto de la vida en libertad, con derechos totales, con seguridad y fuerza para afirmar el bienestar humano. Entonces todos seremos obreros de alguna obra”.

En 1962 Crisólogo Larralde era el candidato a gobernador de Buenos Aires por la UCRP. El 23 de febrero, en ocasión de un acto de campaña en el distrito industrial de Berisso, Gran Buenos Aires, murió en la tribuna, en el momento en que pronunciaba su discurso, justo allí, en plena campaña, en plena tribuna y en pleno Barrio de trabajadores.

Por todo lo que significa y por toda su obra es que resulta indispensable para el radicalismo retomar el pensamiento y la acción de Crisólogo Larralde, para volver a ser la fuerza histórica que defienda los derechos de quienes menos tienen, para que el pueblo en su conjunto pueda ejercer sus derechos, acceder a la educación, defender sus conquistas laborales y constituirse en el motor de una República, que de la mano del trabajo, la educación y la igualdad de oportunidades, inicie un camino de grandeza y progreso, para beneficio de todos nuestros compatriotas y en definitiva, de nuestra República Argentina, como lo soñaron hombres como Leandro Alem y Crisólogo Larralde.

Queda mucho aun en este camino: “Está en pie el artículo 14, nuevo, de la Constitución Nacional. Está en pie, pero no anda, no camina, no avanza, esta en pie pero detenido. Mi partido está en la obligación de convertirlo en un cuerpo de leyes, pues no puede tolerarse que se haya sostenido el conjunto de sus afirmaciones progresistas como mera expresión de propaganda electoral”.

Existe “inconstitucionalidad por omisión” en todos los aspectos que en estos cincuenta años no fueron contemplados por las leyes, frustrando el goce de los derechos enumerados. Es nuestro deber seguir el camino y luchar por la realización efectiva de las conquistas Sociales que se lograron con la incorporación del Artículo 14 bis a la constitución Nacional.

“El peronismo dice ‘La libertad no sirve para comer’. Nosotros decimos que la libertad es lo único que sirve, que hay derecho de comer por el hecho de haber nacido; que hay derecho de comer para conservar la vida; para ennoblecerla con los actos de cada mañana y de cada tarde; pero no vivimos para comer, si no a la inversa”

Crisólogo Larralde

Pablo Eduardo Vázquez

viernes, 20 de febrero de 2015

ENRIQUE MARTÍNEZ EL VICEPRESIDENTE DEL GRAN CAUDILLO

               Nació el 25 de julio de  1887 en la ciudad de Córdoba, (aunque algunos datan su fecha de nacimiento el 15 de agosto de manera errónea, puesto que la documentación que existe, es clara situando su nacimiento el día 25 de julio de 1887).
                Realizó sus estudios primarios en el Colegio “San José” de la capital cordobesa, y asistió a la escuela secundaria en el Colegio de la Inmaculada, de Santa Fe. Luego de su paso por el Servicio Militar, se trasladaría a Buenos aires para realizar sus estudios en la facultad de Medicina, allí por el año 1900, obteniendo su título de médico en 1910 graduado de la Universidad de Buenos Aires.
                Su Padre, Rogelio Martínez, nacido alrededor de 1857, era un inmigrante gallego, proveniente de la localidad de Marín, Provincia de Pontevedra, llegado a Córdoba en 1873, cuando todavía no había alcanzado la mayoría de edad. Logró abrirse paso entre la élite local contrayendo matrimonio al poco tiempo con su prima, Isabel de Berrotarán y Garzón, perteneciente a una familia fuertemente instalada en el medio social. De este enlace nacería Enrique Martínez y siete hijos más. Se dedicaría en la faz económica al comercio producto de la ayuda y el estímulo de su tío.
                Rogelio desempeñó el viceconsulado de España a comienzos de la última década del siglo XIX. En 1909 fue incluido en la una lista municipal impulsada por los comerciantes locales, obteniendo tras las elecciones una banca como concejal, y dos años más tarde pasó a presidir el Consejo Deliberante, posición desde la cual le tocó hacerse cargo interinamente de la Intendencia. Falleció a los 55 años de edad el 20 de abril de 1912.
                Como dato anecdótico en este artículo podemos decir que Víctor H. Martínez, vicepresidente de la Nación durante el Gobierno de Raúl Alfonsin.  Es hijo de Raúl Victorino, quién llegó a la diputación nacional en 1928 como presidente de la UCR. Y nieto de Heriberto Martínez, hermano de Rogelio y Tío de Enrique Martínez. También Alan García ex Presidente de Perú tiene lazos en la familia al ser éste esposo de María del Pilar Nores Bodereau, bisnieta de Rogelio Martínez.
                Enrique Martínez comenzaría su actividad política después de la revolución radical de 1905, siendo él, estudiante universitario en la Capital Federal, participaría en la fundación de un comité juvenil. Vuelto a Córdoba, su ciudad natal, se dedicó al ejercicio de su profesión y a la cátedra que dictó en la Universidad de Córdoba, más tarde dirigió los hospitales San Roque y Español, este último fundado por Heriberto Martínez, situado en el barrio que lleva el nombre de Rogelio Martínez.
                En el año 1913, Enrique Martínez se afilia a la Unión Cívica Radical, que el año anterior se había presentado por primera vez en los comicios para gobernador provincial, como consecuencia de la aprobación de la ley nacional conocida como Sáenz Peña, Al año siguiente, se sumaría también a las filas del radicalismo su primo Raúl Victorino Martínez. Rogelio, su padre, había fallecido el año anterior, el 20 de abril de 1912, por lo que no pudo ser parte de la actividad política de la familia.
                Creció su prestigio en la ciudad a partir del ejercicio de su profesión  y por la exposición pública que lo llevó a tener gran opinión de parte del electorado. Desempeñó los cargos de concejal municipal y diputado a la legislatura, siendo electo en 1916, el 26 de marzo de 1916 fue electo diputado por el tercer distrito que comprendía los departamentos Minas, Ischilín y Cruz del Eje. Más adelante, en febrero de 1917 fue votado para ser diputado nacional y ocupar la vacante originada a partir de que Elpidio González pasó a revestir el cargo de ministro de Guerra. En aquella oportunidad su diploma de legislador fue rechazado, pero al ser revalidado por el voto en marzo de 1918 logró ocupar una banca en la cámara baja del Congreso de la Nación hasta 1922.
                En el año 1926 fue candidato a intendente de la ciudad de Córdoba, en esta elección se enfrentó al ingeniero Emilio Olmos, la personalidad más prestigiosa en el orden local del partido demócrata. Martínez fue vencido en esa elección. En ese mismo año las autoridades de la Unión Cívica Radical lo designaron para reorganizar el partido en la provincia de Santa Fe. Luego de cumplir tareas allí, el radicalismo santafesino ganó las elecciones provinciales de 1926. Fue electo gobernador de Córdoba en diciembre de 1927, con José Antonio Ceballos como vicegobernador, Triunfó por un gran número de votos sobre la candidatura demócrata del doctor Julio A. Roca, y asumió el gobierno de su provincia el 17 de mayo de ese año, sucediendo en el cargo a Ramón J. Cárcano. Desempeñó el cargo hasta el 14 de agosto del mismo año, cuando fue designado por el colegio electoral como vicepresidente de Hipólito Yrigoyen, ante el fallecimiento del vicepresidente electo el Dr. Francisco Beiró, asumiendo la Vicepresidencia el 12 de octubre de 1928.
                Aquella elección presidencial donde la UCR llevó la formula Yrigoyen – Beiró, fue conocida como el “plebiscito”, porque el yirgoyenismo dobló en votos a sus opositores, 840 mil contra 440 mil de la formula radical antipersonalista Melo-Gallo.
                Don Hipólito tenía 78 años y además de su avanzada edad, su salud también hacia mella en el gran caudillo provocando que no pudiera desarrollar de la mejor manera sus actividades de presidente, pero la conspiración que comenzó a urdirse en su contra desde el mismo momento en que ganó las elecciones que habilitaron su segundo mandato se debió más a sus aciertos que a sus errores, el radicalismo al mando de Hipólito Yrigoyen había trastocado los intereses de muchos, en especial de aquella oligarquía que durante tanto tiempo se había servido y apropiado de la nación y que el radicalismo había mandado a cuarteles de invierno, también la unión Cívica Radical había expulsado a ciertos capitales extranjeros que respondían al imperialismo y tenían como “empleados” de sus intereses regionales a aquel contubernio que desangraba económicamente a la República, sumado a todo esto,  la gran crisis mundial, la llamada depresión del 29’, generó ciertos focos de incertidumbre en la sociedad.
Juan Domingo Peron junto a José Felix Uriburu
                La prensa argentina también fue parte importante de la conspiración agitando diariamente a las masas, los diarios Crítica, La Fronda y la Nación, habían encabezado una feroz campaña psicológica preparando a la opinión pública para que aceptara el golpe. Todo esto y la aparición de un grupo pseudo fascista al mando del General José Felix Uriburu de la que participaría también un joven militar llamado Juan Domingo Peron, fue preparando el escenario para el golpe de estado.
                Una fuerte gripe impidió a Yrigoyen continuar a cargo del Ejecutivo, que delegó en su vicepresidente, Enrique Martínez el 5 de setiembre. Ya no quedaba nada por hacer. El sábado 6 de setiembre de 1930 el Colegio Militar y algunas tropas sublevadas comandadas por el general José Félix Uriburu y el general Agustín P. Justo, acompañadas de columnas espontáneas de civiles, llegó en triunfo a la Casa Rosada donde el vicepresidente Martínez fue obligado a renunciar.
                Algunos historiadores importantes han marcado que enrique Martínez también participó de la conspiración en contra de Yrigoyen y que al momento de llegar a la casa de Gobierno el General Felix Uriburu, Martínez lo estaba esperando para firmar la renuncia ya pactada, debemos decir que a la luz de los hechos y las crónicas que hoy conocemos esto no es cierto, como ya dije, en ese momento, ya nada se podía hacer, sin embargo Enrique Martínez, cuando le pidieron que firmara su renuncia, este se negó y se resistió al punto de forcejear con los golpistas que se encontraban allí, hasta que le apuntaron con un arma, en ese momento recién ahí firmó su dimisión, este hecho demuestra a las claras que Martínez nunca conspiró contra el gobierno democrático de Yrigoyen aunque su personalidad no era justamente consecuente con la del gran caudillo, se dice que comulgaba más con las ideas Alvearista.
                Se dice, y se puede también interpretar leyendo las crónicas de la época que su actuación tanto en los cargos electivos como en la política, fue prudente y discreta. Gozaba y ganaba prestigio en las filas populares por la firmeza de sus convicciones partidarias, sus ideales, su conducta  y por su desprendimiento.
                De esta forma, se había consumado el primer golpe de Estado que terminaba con la legalidad constitucional y legitimaba la participación del poder militar en el gobierno. Finalizaba así la primera etapa de un gobierno popular y legítimo en la Argentina y se consumaba el primer golpe de Estado en el país, se daría paso a una de las épocas más nefastas de nuestra Nación, comenzaba la “Década Infame”.
                Después del golpe, Enrique Martínez fue puesto en prisión durante 2 años, luego de quedar en libertad, se alejó de toda actividad política, habiéndose radicado en Córdoba para entregarse al ejercicio de su profesión, ejercía la Dirección del Hospital Español de la ciudad de Córdoba. En febrero de 1938, sufre un accidente de equitación en su estancia, siendo trasladado al Sanatorio Pizarro de Villa María, donde falleció el día 20 de febrero de 1938 a causa de una peritonitis producida como consecuencia de dicho accidente.


 

Pablo Eduardo Vázquez

domingo, 11 de enero de 2015

Manifiesto Fundacional Mov. de Renovación y Cambio (1972)

MANIFIESTO DEL MOVIMIENTO RENOVADOR NACIONAL
Fundación del Movimiento Renovación y Cambio

Raúl Alfonsín

24 de Septiembre de 1972


Al pueblo, a los Radicales:
 
La humillación a que han sido sometidos los argentinos durante estos seis últimos años no reviste parangón en nuestra historia. Largo sería reseñar los atropellos perpetrados por la dictadura militar en cada uno de los campos de la actividad nacional, baste sólo recordar que la represión indiscriminada, la entrega de nuestro patrimonio y la postración económica de las mayorías son los rasgos característicos de los diversos gobiernos de la autodenominada "Revolución Argentina".

Pero no todo fue frustración. Presenciamos también la firmeza de un pueblo que no estaba dispuesto a que le arrancaran lo que con sacrificio había conquistado. Así es cómo enfrentó en todos los ámbitos y por todos los medios, a los avasalladores del poder. Permanentes movilizaciones jalonaron este período de la resistencia y muchos hombres y mujeres inscribieron sus nombres en la nómina de los mártires de la causa popular.

Los radicales fuimos protagonistas activos de esta lucha por la recuperación de la soberanía. Cada militante radical que en la Universidad, en las fábricas, en las asociaciones profesionales o desde el seno propio del partido estuvo presente en estas jornadas, no solo contribuyó a hacer retroceder el régimen autocrático, sino que, además, y esto es lo más importante, recogió una rica experiencia que le posibilitó comprender que se han modificado los términos de la dinámica política y adquirió a su vez, un compromiso definitivo con la causa de la liberación de nuestro pueblo.

Si alguien quisiera encontrar el origen de nuestro movimiento, debe buscarlo precisamente en la militancia de estos hombres y mujeres. No fuimos los únicos que luchamos en el seno del Radicalismo, pero podemos afirmar que sí fuimos los que asimilamos la experiencia de estos años, en los que el rigor del proceso nos hizo asumir trascendentes responsabilidades. Desde hace un tiempo ya, venimos impulsando en nuestro Partido propuestas de acción adecuadas a la acción que soportamos.

Coherentes, hoy afirmamos en el Radicalismo, su condición de corriente histórica singularizada por la síntesis afirmativa de una convicción nacionalista, popular, democrática y liberadora.

Nacionalista, en tanto respeta las autonomías de todos los pueblos y exige la preservación de la autodeterminación argentina y de su estilo propio de vida.

Popular, en cuanto afirma la justicia social y consagra al hombre como protagonista del proceso histórico de transformación. Democrática, porque cree en la soberanía del pueblo como única fuente de poder político, y en el gobierno de la mayorías sin opresión a las minorías. Liberadora, porque esta históricamente comprometida con las aspiraciones de independencia de nuestro pueblo, que desde sus orígenes como Nación se ha visto agredida y distorsionada en su crecimiento por la penetración del imperialismo monopólico. Y porque además, proyectamos esta vocación de liberación a una sociedad que pretendemos modificar en sus estructuras de atraso e injusticia, y cuyo signo distintivo es el de la explotación del hombre por el hombre.

De allí que libertad, justicia y liberación constituyen nuestras expresiones fundamentales.
Esta síntesis en una doctrina y en una acción política coherente a lo largo de ochenta anos es el aporte original del Radicalismo y su característica diferenciadora. Esta doctrina es la expresión natural de un país pluralista formado por aportes inmigratorios de todos los orígenes, cuyo alto índice de movilidad social es una realidad y un valor aceptado. Es asimismo un mandato histórico que asume, que define una doctrina viva, no cristalizada por dogmas, que se nutre de los aportes tecnológicos y científicos modernos y que, tal como lo afirmara el Plenario del Comité Nacional del 70, se abre sin temores al proceso de socialización que impulsa el nuevo humanismo en su lucha por la dignidad del hombre y de todos los hombres.

El Radicalismo deberá ser para las grandes mayorías nacionales instrumento idóneo para la transformación de la sociedad actual, procurando el advenimiento rápido e incruento de la nueva sociedad.

Una sociedad en la que conviven aspectos formales de igualdad política con la desigualdad económica y social no es democrática, y no constitituye por lo tanto, el modelo de sociedad que buscamos afianzar. La defensa del sufragio universal no se agota en su prédica; es sólo el punto de partida para realizar en el campo económico y social, lo que el voto significó en el ámbito político.

EL MOVIMIENTO NACIONAL DE RENOVACION Y CAMBIO procurará dentro del Radicalismo definiciones programáticas que impulsen la instrumentación del cambio.

En 1972, el anhelo de cambio es una realidad vigente y difundida a través de toda la República, y la afirmación de nuestra voluntad de realizarlo ha dado origen a este Movimiento en el seno del Radicalismo. Entendemos —lo entiende el pueblo—, que no se trata de hacer ajustes y retoques en el "Sistema", sino de construir una sociedad diferente en la que la satisfacción de las aspiraciones populares sea un imperativo. Por eso la definición de nuestro Movimiento en el momento actual no puede reducirse a un conjunto de programas sectoriales, sino que debe partir de un enfoque global que explicite un modelo de sociedad argentina deseable, que identifique el rol que el Estado debe asumir para lograrla y que formule claramente su propia estrategia de acción política.

Estas afirmaciones son válidas en general, pero lo son en mayor grado en un Partido histórico como el Radicalismo que ha sido varias veces Gobierno y ha instrumentado políticas sectoriales explícitas y aceptablemente coherentes a lo largo del tiempo. El país conoce la dirección de nuestra marcha. Sólo debemos decirle que queremos ir más lejos, considerablemente más lejos y mucho más rápido, aprovechando la experiencia recogida y asimilándola.

Reinvidicando la esencia popular, nacional, democrática y liberadora del Radicalismo, el imperativo de la hora es radicalizarlo. Las mayorías populares tienen conciencia muy clara de sus aspiraciones en materia de bienestar, justicia distributiva y participación social. El sistema social actual no permite satisfacerlas porque la capacidad de ahorro e inversión de la sociedad está controlada por las minorías dominantes y estas las afecta según sus intereses que no son coincidentes, y en general, resultan divergentes con los de los sectores mayoritarios.

Mientras las mayorías no logren participar decisivamente en las determinaciones que hacen a la capacidad de ahorro e inversión generadas por la actividad productiva de la sociedad, no podrán satisfacer sus legítimas aspiraciones.

El único instrumento de que disponen las mayorías para intervenir en esas decisiones es el peso de su presencia política y la actividad del Estado subordinada a sus determinaciones.

Como se trata precisamente de disputar a las minorías la base y fundamentos de su actual estructura de poder, esta lacra no puede ser asumida, sino por un Estado decidido a intervenir en todos aquellos sectores en que las minorías pretendan distorsionar un autentico proceso de transformación democrática. Fortalecer el Estado deberá ser entonces un componente central de la estrategia de las mayorías en el gobierno. El Estado sólo será fuerte si tiene poder y con reglas de juego democráticas; ello sólo es posible si dispone del protagonismo activo de las mayorías populares. No basta el consenso electoral, apoyo activo, importa además, capacidad de movilización y organización.

Las mayorías populares sólo apoyarán activamente al Estado y a las estructura políticas que le dan sentido, si éstas se muestran eficaces para satisfacer sus aspiraciones.

Por ello permanentemente hicimos de la exigencia de elecciones libres, sin proscripciones ni condicionamientos, nuestra bandera fundamental. Pero nuestro concepto de la práctica democrática no se agota allí. Queremos institucionalizar al país a través del voto, ejercido en todas partes: queremos votar en las elecciones nacionales, provinciales y municipales; pero también queremos votar libremente en los sindicatos y en la Universidad, en las Cooperativas y en las Sociedades de Fomento; y queremos votar también en las fábricas, en las Empresas y en los Bancos. Y queremos sobre todo votar, no sólo a los hombres que nos representen, sino a las políticas que éstos deberán ejercitar, porque así entendemos a la democracia y así practicaremos la cogestión.

Sólo a través de esta alternativa es cómo se podrá lograr hoy el avance social en Argentina. Creemos que así como se logró arrancar al régimen esta posibilidad a través de la movilización popular, ella debe seguir estando presente para garantizar el proceso.

Un análisis coyuntural nos muestra, tal como reiteradamente lo afirmáramos que el campo de los proyectos políticos en Argentina, puede ser reducido a cuatro propuestas fundamentales: la del CONTINUISMO, es decir, la del mantenimiento del "statu quo". En ella juegan diversas orientaciones, unas groseramente libre empresistas y regresivas, y otras adornadas con tintes populistas. La del DESARROLLISMO, que encarna la idea de realizar algunas transformaciones para que nada cambie y que, a través de la entrega de algunas industrias y sectores básicos, a los grandes monopolios internacionales pretende aumentar la renta nacional a costa de consolidar e incrementar la dependencia, enajenando la Soberanía Nacional. Otra propuesta es la patrocinada por los sectores de la ultraizquierda, que tras el planteamiento idealista de una sociedad más justa, desarrollan una praxis política incompatible con la realidad nacional y contradictoria con nuestra experiencia histórica.

Por último, la propuesta que con mayor claridad aparece como capaz de resolver las causas originales de nuestros males, es sin lugar a dudas, el proyecto de la LIBERACIÓN NACIONAL. Proyecto que nos comprometemos a sostener como medio para solucionar los problemas del hombre argentino.

La crisis de nuestra economía no es de coyuntura. Es la crisis de un sistema que ha sido estructurado sobre la base de la dependencia y es usufructuado por la oligarquía que, durante años, desde el poder político, fue acomodando los resortes fundamentales al servicio de sus propios intereses. Las riquezas del país, la propiedad, el crédito, la producción, el consumo y el intercambio deben estar al servicio del pueblo y no de grupos o minorías. De allí nuestro compromiso con este programa de Liberación Nacional que sólo puede ser concebido en su cumplimiento integral, afirmando el sentido federativo como salvaguarda a la vez, de la economía nacional y de las economías provinciales, porque el federalismo político debe ser inseparable del federalismo económico.

La banca estará al servicio del país. El proceso debe comenzar con la nacionalización inmediata por el Estado de los bancos extranjeros, porque el área del negocio financiero que maneja el ahorro nacional debe pertenecer exclusivamente a los argentinos.

La defensa de nuestra economía exige la nacionalización del comercio exterior de los productos primarios, iniciándose ya, y ahora, el proceso con las exportaciones de carnes y de granos, concentrándolas en las Juntas respectivas, que darán intervención a las Cooperativas de Productores y a las empresas nacionales que sean auténticos vendedores y no meros representantes subordinados de los grandes monopolios internacionales compradores de aquellos productos. Queremos arraigar el concepto de que las divisas provenientes de toda exportación son del país, y su manejo no puede ni debe estar librado a los intereses de ningún sector en particular; de que controlar los movimientos de fondos con el exterior significa una afirmación de soberanía, a la vez que conviene fundamentalmente al desarrollo de la economía nacional.

Es imprescindible una Reforma Agraria, encarada con criterio político, económico y social, que erradique el latifundio y ponga nuestra tierra en propiedad de quienes la trabajan, para su explotación en unidades económicas, pues ello aporta la única solución efectiva para un positivo incremento de la producción en beneficio de todos. Y quede entendido que la Reforma Agraria no se agota en el proceso de división de la tierra, el que deberá complementarse con la creación de las adecuadas estructuras para un mejor aprovechamiento agrario.

Afirmamos el control total por el estado de los sectores claves de nuestra economía: transportes, comunicaciones, energía, hidrocarburos, siderurgia, aluminio y metalurgia no ferrosa, petroquímica y celulosa; como así también la directa regulación selectiva del crédito, el apoyo a la industria nacional, la cogestión de los trabajadores en las Empresas. Estas bases constituyen la única posibilidad real de asegurar el desarrollo, la plena ocupación y una justa e impostergable necesaria redistribución de la riqueza que haga que el tan mentado producto bruto "per capita" no sea el resultado de una mera operación aritmética, influenciado por los pocos que todo lo tienen, sino la verdadera expresión de la realidad económica de cada individuo. En materia de seguridad social debemos pugnar por establecer un sistema de seguro integral que cubra todas las contingencias que pueda sufrir un hombre o su familia, es decir, que desde el desempleo hasta la vejez los riesgos que individual o colectivamente soporten los argentinos deberán ser cubiertos por el Estado.

El sistema educacional argentino es como nuestra sociedad, formalmente democrático e igualitario pero sustantivamente inequitativo e injusto, no sirve al país, sino a las minorías dominantes.

El creciente desarrollo científico y tecnológico trae como consecuencia que el sujeto de la educación ya no es exclusivamente el niño, el joven o el analfabeto, sino que se amplía a los sectores ya instruidos, para una actualización permanente de conocimientos capaz de responder con eficacia a los problemas nacionales de cada instante.

Se necesita una profunda Reforma estructural, afirmación de la Reforma Universitaria permanente, que apoyándose en el revolucionario acceso de los sectores populares a una enseñanza pública, gratuita y laica, conducida por el Estado —que deberá controlar también positivamente los medios de comunicación colectiva-, asuma características de autentico sentido nacional para dar un sistema educativo y cultural que este al servicio del país, capaz ce crear una ciencia y una tecnología argentina, liberándola de toda dependencia.

Debe equiparse efectivamente el sistema dándole bases financieras para su afianzamiento y desarrollo permanente, a efectos de que responda a todos los reclamos educativos que le haga el país.

Afirmamos que sin la formación de una cultura que participe activamente en la vida nacional, no habrá Argentina moderna.

En materia de política internacional, orgullosos de la tradición radical, propugnamos el pleno respeto por la autodeterminación de los pueblos, el establecimiento inmediato de relaciones diplomáticas, culturales, y económicas con todos los países que luchan como nosotros por su Liberación Nacional.

Nuestra lucha de hoy reclaman, finalmente, la derogación de la legislación represiva, la disolución inmediata del fuero antisubversivo, la revisión de sus condenas y procesos en trámite, y el severo castigo de los responsables de torturas, abusos de autoridad y de cualquier lesión de la dignidad humana.

Estas son las propuestas fundamentales para el cambio de estructuras de Argentina; constituyen nuestro aporte al proceso de esclarecimiento de la realidad nacional y nuestro modelo de salida. Se verán enriquecidas a lo largo del proceso mediante la contribución de todos los hombres que con actitud sincera se encuentren dispuestos a dar de sí lo mejor para construir una sociedad más justa y más igualitaria. Están aquí firmemente tendidas las líneas fundamentales que configuran nuestra concepción de la política nacional. No somos una circunstancia en el Radicalismo, por ello somos los más celosos custodios de su unidad. No nacemos para una elección interna. Venimos a remozar nuestro Partido y a convertirlo en vanguardia del proceso de liberación de nuestro pueblo. Somos la fuerza vital del Radicalismo de todos los tiempos, del que renació en cada momento difícil de Argentina, del que enfrentó al fraude y al régimen, el que luchó contra las dictaduras militares y toda forma de opresión, y del que estuvo en la Córdoba del 69 y en cada movilización popular de los últimos tiempos.

A nuestro lado llamamos a los viejos y jóvenes militantes de esta causa que preservan la vocación mayoritaria y revolucionaria de nuestro Partido. A los estudiantes de la Reforma, que con su lucha sostienen el aún hoy vigente programa del 18, a los hombres del campo y a los trabajadores que día a día en la fábricas construyen con su esfuerzo el futuro de la República. Es decir, llamamos al pueblo, a sus hombres y mujeres a reencontrarse con este Partido y para servir desde el a la construcción de la nueva sociedad.

 

ROSARIO, 24 de setiembre de 1972