lunes, 23 de febrero de 2015

Crisólogo Larralde: El defensor de la Justicia Social en Argentina


 Crisólogo Larralde tal vez sea uno de los dirigentes de la Unión Cívica Radical que mas admiración y respeto despierte en mi a la hora de pensar en su figura, sus pensamientos, su trayectoria y su obra, no puedo evitar llenarme de profunda devoción y entusiasmo. Creo fervientemente que su conducta, sus valores y su inclaudicable lucha en defensa de los derechos del trabajador lo debieran poner en un lugar privilegiado entre los hombres que han hecho grande nuestra Nación, lugar que aún no ostenta, injustamente, pero que como dije debería tener reservado.
Nació en 1902 en Quilmes, Provincia de Buenos Aires, en una humilde casa de un barrio de trabajadores y gente también humilde como su familia, Fue parte de una familia de seis hermanos. Este, su entorno tal vez fuera el primer lugar donde Crisólogo aprendería de las necesidades del Pueblo y le sirvieran también para forjar lo que luego sería su fuerte ideario y lucha por la cuestión social.

Su padre, era un obrero anarquista, que lo introdujo en la militancia sindical. Su madre era una trabajadora doméstica. Comenzó a trabajar a los 13 años en una imprenta. De noche se interesaba por la lectura de libros relacionados con las luchas populares. Sus primeros trabajos fueron publicados en el periódico anarquista La Libertad de Avellaneda. En 1916, cuando tenía 14 años, se afilió a la Unión Cívica Radical, movilizado por el impacto histórico del triunfo de Hipólito Yrigoyen y a partir de allí y hasta el día de su muerte transitaría un largo camino en la vida política de la Unión Cívica Radical y de nuestra Nación constituyéndolo en el verdadero y único defensor “REAL” de la reivindicación de los derechos sociales y del trabajador en nuestro país, y digo el único real porque nunca se jactó de nada y menos aún, jamás se sirvió y benefició personalmente de su lucha y sus logros para beneficio de los trabajadores en la Argentina, como si otros lo hicieron. De esta manera cabe decir que será indiscutidamente a lo largo de la historia el máximo exponente social que tuvo la Unión Cívica Radical.

Al llegar la revolución del 6 de septiembre, fue dejado cesante como empleado de la Cancillería y de allí a la cárcel en su primera prisión política. Pero tuvo otras entradas: en 1932, 1951, 1954, 1955. Durante la llamada Década Infame fue elegido y asumió como Concejal en Avellaneda. Posteriormente resultaría electo senador provincial en Buenos Aires, pero presentará su renuncia indeclinable debido al fraude sistemático y generalizado que imponían los Gobiernos de la Concordancia. En 1943 fue uno de los fundadores de la corriente interna Revisionismo Bonaerense, presidida por Ricardo Balbín, e integrada por Oscar Alende y Moisés Lebensohn, entre otros, que constituyó uno de los primeros intentos en desalojar de la conducción de la UCR a la corriente conservadora unionista (alvearista).


En abril de 1945 fue uno de los firmantes de la Declaración de Avellaneda, que diera origen poco después al Movimiento de Integración y Renovación (MIR).

Ante las movilizaciones obreras del 17 de octubre de 1945, Larralde se opuso a la lectura despectiva de los hechos que caracterizó al unionismo radical y los sectores conservadores sosteniendo, apoyando decididamente el contenido y el accionar de aquellas manifectaciones:

Luego del 17 de octubre de 1945, junto al resto de los intransigentes, Crisólogo Larralde se opuso a que la Unión Cívica Radical integrara la Unión Democrática, y rechazó el tono crudamente antiperonista de la campaña electoral. Después de la estrepitosa derrota de la Unión Democrática en las elecciones de 1946, Crisólogo Larralde, fue junto con Antonio Sobral y Arturo Frondizi uno de los tres intransigentes que integraron la Junta de siete miembros que reemplazó al Comité Nacional. A poco andar, los tres miembros intransigentes abandonaron la Junta por las diferencias irreconciliables que tenían con el sector unionista.

En 1954 se realizaron elecciones para elegir vicepresidente de la Nación, Larralde fue el candidato del radicalismo. Durante la campaña electoral Larralde denunció la falta de libertades políticas y la importancia que las mismas tienen para defender los derechos de los trabajadores. Larralde decía en esa campaña:

“Queremos que las palabras “revolución social” de que ha hablado el presidente de la República, se conviertan mediante nosotros en un hecho generoso y positivo para bien de todos. Queremos hacerlo sin sangre y sin rencores, como aquí se dijo, no a favor de un partido, si a favor de un pueblo; queremos anteponer a los privilegios económicos, el derecho del individuo, pero nada vamos a poder realizar, absolutamente nada, si primero no conseguimos el arma más importante, que es el arma que todas las dictaduras niegan. El marxismo dice: 'La libertad es un prejuicio burgués'. El fascismo afirma 'La libertad es un cadáver putrefacto en el Estado'. El peronismo dice 'La libertad no sirve para comer'. Nosotros decimos que la libertad es lo único que sirve, que hay derecho de comer por el hecho de haber nacido; que hay derecho de comer para conservar la vida; para ennoblecerla con los actos de cada mañana y de cada tarde; pero no vivimos para comer, si no a la inversa”.

                En 1956, la Unión Cívica Radical se dividió en dos: la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) dirigida por Arturo Frondizi, y la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP) dirigida por Ricardo Balbín. Crisólogo Larralde fue uno de los dirigentes que más se esforzó en evitar la fractura. Una vez producida se integró a las filas de la UCRP en donde fue elegido ese mismo año presidente del Comité Nacional.

En 1957, como presidente del Comité Nacional de la UCRP, intervino activamente para evitar que los convencionales de la UCRP se retiren de la Convención Constituyente antes de dar su voto favorable por el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, sobre los derechos del trabajo. Sin embargo, inmediatamente después, los convencionales sabattinistas, junto a los conservadores, se retiraron finalmente de la Convención Constituyente, impidiéndole continuar.

Allí dejaría para la posteridad su mayor obra por la justicia social quedando consagrado el Artículo 14 bis:

Artículo 14. bis.- El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor; jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial.

Queda garantizado a los gremios: concertar convenios colectivos de trabajo; recurrir a la conciliación y al arbitraje; el derecho de huelga. Los representantes gremiales gozarán de las garantías necesarias para el cumplimiento de su gestión sindical y las relacionadas con la estabilidad de su empleo.

El Estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter de integral e irrenunciable. En especial, la ley establecerá: el seguro social obligatorio, que estará a cargo de entidades nacionales o provinciales con autonomía financiera y económica, administradas por los interesados con participación del Estado, sin que pueda existir superposición de aportes; jubilaciones y pensiones móviles; la protección integral de la familia; la defensa del bien de familia; la compensación económica familiar y el acceso a una vivienda digna.

                Desde aquel momento, el Artículo 14 bis de la Constitución es el más mentado por muchos dirigentes sindicales, que nunca se acuerdan del nombre del autor ni de las circunstancias de su sanción. Promulgan a viva voz la doctrina de Justicia Social Peronista pero no ponen en valor ni aceptan que el logro de justicia social mas importante de nuestro País fue obra de un Radical y ese radical es Crisólogo Larralde.

Su solidaridad y sus convicciones lo llevaron a luchar por los pobres, los excluidos, los explotados, haciendo práctica esa vieja premisa de Leandro Alem cuando afirmó que “la Unión Cívica Radical es la causa de los desposeídos…”. 

 “La clase obrera, la única clase, porque de su carne y de su sangre nacieron el sabio, el descubridor, el estadista, el sacerdote, el guerrero y el pacifista, el revolucionario y el verdugo, el poeta y el santo y hasta el rico, esa clase única está marchando y sino se demora en tratos venales, ni en la faena mercantil de su propio destino, llegará al campo abierto de la vida en libertad, con derechos totales, con seguridad y fuerza para afirmar el bienestar humano. Entonces todos seremos obreros de alguna obra”.

En 1962 Crisólogo Larralde era el candidato a gobernador de Buenos Aires por la UCRP. El 23 de febrero, en ocasión de un acto de campaña en el distrito industrial de Berisso, Gran Buenos Aires, murió en la tribuna, en el momento en que pronunciaba su discurso, justo allí, en plena campaña, en plena tribuna y en pleno Barrio de trabajadores.

Por todo lo que significa y por toda su obra es que resulta indispensable para el radicalismo retomar el pensamiento y la acción de Crisólogo Larralde, para volver a ser la fuerza histórica que defienda los derechos de quienes menos tienen, para que el pueblo en su conjunto pueda ejercer sus derechos, acceder a la educación, defender sus conquistas laborales y constituirse en el motor de una República, que de la mano del trabajo, la educación y la igualdad de oportunidades, inicie un camino de grandeza y progreso, para beneficio de todos nuestros compatriotas y en definitiva, de nuestra República Argentina, como lo soñaron hombres como Leandro Alem y Crisólogo Larralde.

Queda mucho aun en este camino: “Está en pie el artículo 14, nuevo, de la Constitución Nacional. Está en pie, pero no anda, no camina, no avanza, esta en pie pero detenido. Mi partido está en la obligación de convertirlo en un cuerpo de leyes, pues no puede tolerarse que se haya sostenido el conjunto de sus afirmaciones progresistas como mera expresión de propaganda electoral”.

Existe “inconstitucionalidad por omisión” en todos los aspectos que en estos cincuenta años no fueron contemplados por las leyes, frustrando el goce de los derechos enumerados. Es nuestro deber seguir el camino y luchar por la realización efectiva de las conquistas Sociales que se lograron con la incorporación del Artículo 14 bis a la constitución Nacional.

“El peronismo dice ‘La libertad no sirve para comer’. Nosotros decimos que la libertad es lo único que sirve, que hay derecho de comer por el hecho de haber nacido; que hay derecho de comer para conservar la vida; para ennoblecerla con los actos de cada mañana y de cada tarde; pero no vivimos para comer, si no a la inversa”

Crisólogo Larralde

Pablo Eduardo Vázquez

viernes, 20 de febrero de 2015

ENRIQUE MARTÍNEZ EL VICEPRESIDENTE DEL GRAN CAUDILLO

               Nació el 25 de julio de  1887 en la ciudad de Córdoba, (aunque algunos datan su fecha de nacimiento el 15 de agosto de manera errónea, puesto que la documentación que existe, es clara situando su nacimiento el día 25 de julio de 1887).
                Realizó sus estudios primarios en el Colegio “San José” de la capital cordobesa, y asistió a la escuela secundaria en el Colegio de la Inmaculada, de Santa Fe. Luego de su paso por el Servicio Militar, se trasladaría a Buenos aires para realizar sus estudios en la facultad de Medicina, allí por el año 1900, obteniendo su título de médico en 1910 graduado de la Universidad de Buenos Aires.
                Su Padre, Rogelio Martínez, nacido alrededor de 1857, era un inmigrante gallego, proveniente de la localidad de Marín, Provincia de Pontevedra, llegado a Córdoba en 1873, cuando todavía no había alcanzado la mayoría de edad. Logró abrirse paso entre la élite local contrayendo matrimonio al poco tiempo con su prima, Isabel de Berrotarán y Garzón, perteneciente a una familia fuertemente instalada en el medio social. De este enlace nacería Enrique Martínez y siete hijos más. Se dedicaría en la faz económica al comercio producto de la ayuda y el estímulo de su tío.
                Rogelio desempeñó el viceconsulado de España a comienzos de la última década del siglo XIX. En 1909 fue incluido en la una lista municipal impulsada por los comerciantes locales, obteniendo tras las elecciones una banca como concejal, y dos años más tarde pasó a presidir el Consejo Deliberante, posición desde la cual le tocó hacerse cargo interinamente de la Intendencia. Falleció a los 55 años de edad el 20 de abril de 1912.
                Como dato anecdótico en este artículo podemos decir que Víctor H. Martínez, vicepresidente de la Nación durante el Gobierno de Raúl Alfonsin.  Es hijo de Raúl Victorino, quién llegó a la diputación nacional en 1928 como presidente de la UCR. Y nieto de Heriberto Martínez, hermano de Rogelio y Tío de Enrique Martínez. También Alan García ex Presidente de Perú tiene lazos en la familia al ser éste esposo de María del Pilar Nores Bodereau, bisnieta de Rogelio Martínez.
                Enrique Martínez comenzaría su actividad política después de la revolución radical de 1905, siendo él, estudiante universitario en la Capital Federal, participaría en la fundación de un comité juvenil. Vuelto a Córdoba, su ciudad natal, se dedicó al ejercicio de su profesión y a la cátedra que dictó en la Universidad de Córdoba, más tarde dirigió los hospitales San Roque y Español, este último fundado por Heriberto Martínez, situado en el barrio que lleva el nombre de Rogelio Martínez.
                En el año 1913, Enrique Martínez se afilia a la Unión Cívica Radical, que el año anterior se había presentado por primera vez en los comicios para gobernador provincial, como consecuencia de la aprobación de la ley nacional conocida como Sáenz Peña, Al año siguiente, se sumaría también a las filas del radicalismo su primo Raúl Victorino Martínez. Rogelio, su padre, había fallecido el año anterior, el 20 de abril de 1912, por lo que no pudo ser parte de la actividad política de la familia.
                Creció su prestigio en la ciudad a partir del ejercicio de su profesión  y por la exposición pública que lo llevó a tener gran opinión de parte del electorado. Desempeñó los cargos de concejal municipal y diputado a la legislatura, siendo electo en 1916, el 26 de marzo de 1916 fue electo diputado por el tercer distrito que comprendía los departamentos Minas, Ischilín y Cruz del Eje. Más adelante, en febrero de 1917 fue votado para ser diputado nacional y ocupar la vacante originada a partir de que Elpidio González pasó a revestir el cargo de ministro de Guerra. En aquella oportunidad su diploma de legislador fue rechazado, pero al ser revalidado por el voto en marzo de 1918 logró ocupar una banca en la cámara baja del Congreso de la Nación hasta 1922.
                En el año 1926 fue candidato a intendente de la ciudad de Córdoba, en esta elección se enfrentó al ingeniero Emilio Olmos, la personalidad más prestigiosa en el orden local del partido demócrata. Martínez fue vencido en esa elección. En ese mismo año las autoridades de la Unión Cívica Radical lo designaron para reorganizar el partido en la provincia de Santa Fe. Luego de cumplir tareas allí, el radicalismo santafesino ganó las elecciones provinciales de 1926. Fue electo gobernador de Córdoba en diciembre de 1927, con José Antonio Ceballos como vicegobernador, Triunfó por un gran número de votos sobre la candidatura demócrata del doctor Julio A. Roca, y asumió el gobierno de su provincia el 17 de mayo de ese año, sucediendo en el cargo a Ramón J. Cárcano. Desempeñó el cargo hasta el 14 de agosto del mismo año, cuando fue designado por el colegio electoral como vicepresidente de Hipólito Yrigoyen, ante el fallecimiento del vicepresidente electo el Dr. Francisco Beiró, asumiendo la Vicepresidencia el 12 de octubre de 1928.
                Aquella elección presidencial donde la UCR llevó la formula Yrigoyen – Beiró, fue conocida como el “plebiscito”, porque el yirgoyenismo dobló en votos a sus opositores, 840 mil contra 440 mil de la formula radical antipersonalista Melo-Gallo.
                Don Hipólito tenía 78 años y además de su avanzada edad, su salud también hacia mella en el gran caudillo provocando que no pudiera desarrollar de la mejor manera sus actividades de presidente, pero la conspiración que comenzó a urdirse en su contra desde el mismo momento en que ganó las elecciones que habilitaron su segundo mandato se debió más a sus aciertos que a sus errores, el radicalismo al mando de Hipólito Yrigoyen había trastocado los intereses de muchos, en especial de aquella oligarquía que durante tanto tiempo se había servido y apropiado de la nación y que el radicalismo había mandado a cuarteles de invierno, también la unión Cívica Radical había expulsado a ciertos capitales extranjeros que respondían al imperialismo y tenían como “empleados” de sus intereses regionales a aquel contubernio que desangraba económicamente a la República, sumado a todo esto,  la gran crisis mundial, la llamada depresión del 29’, generó ciertos focos de incertidumbre en la sociedad.
Juan Domingo Peron junto a José Felix Uriburu
                La prensa argentina también fue parte importante de la conspiración agitando diariamente a las masas, los diarios Crítica, La Fronda y la Nación, habían encabezado una feroz campaña psicológica preparando a la opinión pública para que aceptara el golpe. Todo esto y la aparición de un grupo pseudo fascista al mando del General José Felix Uriburu de la que participaría también un joven militar llamado Juan Domingo Peron, fue preparando el escenario para el golpe de estado.
                Una fuerte gripe impidió a Yrigoyen continuar a cargo del Ejecutivo, que delegó en su vicepresidente, Enrique Martínez el 5 de setiembre. Ya no quedaba nada por hacer. El sábado 6 de setiembre de 1930 el Colegio Militar y algunas tropas sublevadas comandadas por el general José Félix Uriburu y el general Agustín P. Justo, acompañadas de columnas espontáneas de civiles, llegó en triunfo a la Casa Rosada donde el vicepresidente Martínez fue obligado a renunciar.
                Algunos historiadores importantes han marcado que enrique Martínez también participó de la conspiración en contra de Yrigoyen y que al momento de llegar a la casa de Gobierno el General Felix Uriburu, Martínez lo estaba esperando para firmar la renuncia ya pactada, debemos decir que a la luz de los hechos y las crónicas que hoy conocemos esto no es cierto, como ya dije, en ese momento, ya nada se podía hacer, sin embargo Enrique Martínez, cuando le pidieron que firmara su renuncia, este se negó y se resistió al punto de forcejear con los golpistas que se encontraban allí, hasta que le apuntaron con un arma, en ese momento recién ahí firmó su dimisión, este hecho demuestra a las claras que Martínez nunca conspiró contra el gobierno democrático de Yrigoyen aunque su personalidad no era justamente consecuente con la del gran caudillo, se dice que comulgaba más con las ideas Alvearista.
                Se dice, y se puede también interpretar leyendo las crónicas de la época que su actuación tanto en los cargos electivos como en la política, fue prudente y discreta. Gozaba y ganaba prestigio en las filas populares por la firmeza de sus convicciones partidarias, sus ideales, su conducta  y por su desprendimiento.
                De esta forma, se había consumado el primer golpe de Estado que terminaba con la legalidad constitucional y legitimaba la participación del poder militar en el gobierno. Finalizaba así la primera etapa de un gobierno popular y legítimo en la Argentina y se consumaba el primer golpe de Estado en el país, se daría paso a una de las épocas más nefastas de nuestra Nación, comenzaba la “Década Infame”.
                Después del golpe, Enrique Martínez fue puesto en prisión durante 2 años, luego de quedar en libertad, se alejó de toda actividad política, habiéndose radicado en Córdoba para entregarse al ejercicio de su profesión, ejercía la Dirección del Hospital Español de la ciudad de Córdoba. En febrero de 1938, sufre un accidente de equitación en su estancia, siendo trasladado al Sanatorio Pizarro de Villa María, donde falleció el día 20 de febrero de 1938 a causa de una peritonitis producida como consecuencia de dicho accidente.


 

Pablo Eduardo Vázquez

domingo, 11 de enero de 2015

Manifiesto Fundacional Mov. de Renovación y Cambio (1972)

MANIFIESTO DEL MOVIMIENTO RENOVADOR NACIONAL
Fundación del Movimiento Renovación y Cambio

Raúl Alfonsín

24 de Septiembre de 1972


Al pueblo, a los Radicales:
 
La humillación a que han sido sometidos los argentinos durante estos seis últimos años no reviste parangón en nuestra historia. Largo sería reseñar los atropellos perpetrados por la dictadura militar en cada uno de los campos de la actividad nacional, baste sólo recordar que la represión indiscriminada, la entrega de nuestro patrimonio y la postración económica de las mayorías son los rasgos característicos de los diversos gobiernos de la autodenominada "Revolución Argentina".

Pero no todo fue frustración. Presenciamos también la firmeza de un pueblo que no estaba dispuesto a que le arrancaran lo que con sacrificio había conquistado. Así es cómo enfrentó en todos los ámbitos y por todos los medios, a los avasalladores del poder. Permanentes movilizaciones jalonaron este período de la resistencia y muchos hombres y mujeres inscribieron sus nombres en la nómina de los mártires de la causa popular.

Los radicales fuimos protagonistas activos de esta lucha por la recuperación de la soberanía. Cada militante radical que en la Universidad, en las fábricas, en las asociaciones profesionales o desde el seno propio del partido estuvo presente en estas jornadas, no solo contribuyó a hacer retroceder el régimen autocrático, sino que, además, y esto es lo más importante, recogió una rica experiencia que le posibilitó comprender que se han modificado los términos de la dinámica política y adquirió a su vez, un compromiso definitivo con la causa de la liberación de nuestro pueblo.

Si alguien quisiera encontrar el origen de nuestro movimiento, debe buscarlo precisamente en la militancia de estos hombres y mujeres. No fuimos los únicos que luchamos en el seno del Radicalismo, pero podemos afirmar que sí fuimos los que asimilamos la experiencia de estos años, en los que el rigor del proceso nos hizo asumir trascendentes responsabilidades. Desde hace un tiempo ya, venimos impulsando en nuestro Partido propuestas de acción adecuadas a la acción que soportamos.

Coherentes, hoy afirmamos en el Radicalismo, su condición de corriente histórica singularizada por la síntesis afirmativa de una convicción nacionalista, popular, democrática y liberadora.

Nacionalista, en tanto respeta las autonomías de todos los pueblos y exige la preservación de la autodeterminación argentina y de su estilo propio de vida.

Popular, en cuanto afirma la justicia social y consagra al hombre como protagonista del proceso histórico de transformación. Democrática, porque cree en la soberanía del pueblo como única fuente de poder político, y en el gobierno de la mayorías sin opresión a las minorías. Liberadora, porque esta históricamente comprometida con las aspiraciones de independencia de nuestro pueblo, que desde sus orígenes como Nación se ha visto agredida y distorsionada en su crecimiento por la penetración del imperialismo monopólico. Y porque además, proyectamos esta vocación de liberación a una sociedad que pretendemos modificar en sus estructuras de atraso e injusticia, y cuyo signo distintivo es el de la explotación del hombre por el hombre.

De allí que libertad, justicia y liberación constituyen nuestras expresiones fundamentales.
Esta síntesis en una doctrina y en una acción política coherente a lo largo de ochenta anos es el aporte original del Radicalismo y su característica diferenciadora. Esta doctrina es la expresión natural de un país pluralista formado por aportes inmigratorios de todos los orígenes, cuyo alto índice de movilidad social es una realidad y un valor aceptado. Es asimismo un mandato histórico que asume, que define una doctrina viva, no cristalizada por dogmas, que se nutre de los aportes tecnológicos y científicos modernos y que, tal como lo afirmara el Plenario del Comité Nacional del 70, se abre sin temores al proceso de socialización que impulsa el nuevo humanismo en su lucha por la dignidad del hombre y de todos los hombres.

El Radicalismo deberá ser para las grandes mayorías nacionales instrumento idóneo para la transformación de la sociedad actual, procurando el advenimiento rápido e incruento de la nueva sociedad.

Una sociedad en la que conviven aspectos formales de igualdad política con la desigualdad económica y social no es democrática, y no constitituye por lo tanto, el modelo de sociedad que buscamos afianzar. La defensa del sufragio universal no se agota en su prédica; es sólo el punto de partida para realizar en el campo económico y social, lo que el voto significó en el ámbito político.

EL MOVIMIENTO NACIONAL DE RENOVACION Y CAMBIO procurará dentro del Radicalismo definiciones programáticas que impulsen la instrumentación del cambio.

En 1972, el anhelo de cambio es una realidad vigente y difundida a través de toda la República, y la afirmación de nuestra voluntad de realizarlo ha dado origen a este Movimiento en el seno del Radicalismo. Entendemos —lo entiende el pueblo—, que no se trata de hacer ajustes y retoques en el "Sistema", sino de construir una sociedad diferente en la que la satisfacción de las aspiraciones populares sea un imperativo. Por eso la definición de nuestro Movimiento en el momento actual no puede reducirse a un conjunto de programas sectoriales, sino que debe partir de un enfoque global que explicite un modelo de sociedad argentina deseable, que identifique el rol que el Estado debe asumir para lograrla y que formule claramente su propia estrategia de acción política.

Estas afirmaciones son válidas en general, pero lo son en mayor grado en un Partido histórico como el Radicalismo que ha sido varias veces Gobierno y ha instrumentado políticas sectoriales explícitas y aceptablemente coherentes a lo largo del tiempo. El país conoce la dirección de nuestra marcha. Sólo debemos decirle que queremos ir más lejos, considerablemente más lejos y mucho más rápido, aprovechando la experiencia recogida y asimilándola.

Reinvidicando la esencia popular, nacional, democrática y liberadora del Radicalismo, el imperativo de la hora es radicalizarlo. Las mayorías populares tienen conciencia muy clara de sus aspiraciones en materia de bienestar, justicia distributiva y participación social. El sistema social actual no permite satisfacerlas porque la capacidad de ahorro e inversión de la sociedad está controlada por las minorías dominantes y estas las afecta según sus intereses que no son coincidentes, y en general, resultan divergentes con los de los sectores mayoritarios.

Mientras las mayorías no logren participar decisivamente en las determinaciones que hacen a la capacidad de ahorro e inversión generadas por la actividad productiva de la sociedad, no podrán satisfacer sus legítimas aspiraciones.

El único instrumento de que disponen las mayorías para intervenir en esas decisiones es el peso de su presencia política y la actividad del Estado subordinada a sus determinaciones.

Como se trata precisamente de disputar a las minorías la base y fundamentos de su actual estructura de poder, esta lacra no puede ser asumida, sino por un Estado decidido a intervenir en todos aquellos sectores en que las minorías pretendan distorsionar un autentico proceso de transformación democrática. Fortalecer el Estado deberá ser entonces un componente central de la estrategia de las mayorías en el gobierno. El Estado sólo será fuerte si tiene poder y con reglas de juego democráticas; ello sólo es posible si dispone del protagonismo activo de las mayorías populares. No basta el consenso electoral, apoyo activo, importa además, capacidad de movilización y organización.

Las mayorías populares sólo apoyarán activamente al Estado y a las estructura políticas que le dan sentido, si éstas se muestran eficaces para satisfacer sus aspiraciones.

Por ello permanentemente hicimos de la exigencia de elecciones libres, sin proscripciones ni condicionamientos, nuestra bandera fundamental. Pero nuestro concepto de la práctica democrática no se agota allí. Queremos institucionalizar al país a través del voto, ejercido en todas partes: queremos votar en las elecciones nacionales, provinciales y municipales; pero también queremos votar libremente en los sindicatos y en la Universidad, en las Cooperativas y en las Sociedades de Fomento; y queremos votar también en las fábricas, en las Empresas y en los Bancos. Y queremos sobre todo votar, no sólo a los hombres que nos representen, sino a las políticas que éstos deberán ejercitar, porque así entendemos a la democracia y así practicaremos la cogestión.

Sólo a través de esta alternativa es cómo se podrá lograr hoy el avance social en Argentina. Creemos que así como se logró arrancar al régimen esta posibilidad a través de la movilización popular, ella debe seguir estando presente para garantizar el proceso.

Un análisis coyuntural nos muestra, tal como reiteradamente lo afirmáramos que el campo de los proyectos políticos en Argentina, puede ser reducido a cuatro propuestas fundamentales: la del CONTINUISMO, es decir, la del mantenimiento del "statu quo". En ella juegan diversas orientaciones, unas groseramente libre empresistas y regresivas, y otras adornadas con tintes populistas. La del DESARROLLISMO, que encarna la idea de realizar algunas transformaciones para que nada cambie y que, a través de la entrega de algunas industrias y sectores básicos, a los grandes monopolios internacionales pretende aumentar la renta nacional a costa de consolidar e incrementar la dependencia, enajenando la Soberanía Nacional. Otra propuesta es la patrocinada por los sectores de la ultraizquierda, que tras el planteamiento idealista de una sociedad más justa, desarrollan una praxis política incompatible con la realidad nacional y contradictoria con nuestra experiencia histórica.

Por último, la propuesta que con mayor claridad aparece como capaz de resolver las causas originales de nuestros males, es sin lugar a dudas, el proyecto de la LIBERACIÓN NACIONAL. Proyecto que nos comprometemos a sostener como medio para solucionar los problemas del hombre argentino.

La crisis de nuestra economía no es de coyuntura. Es la crisis de un sistema que ha sido estructurado sobre la base de la dependencia y es usufructuado por la oligarquía que, durante años, desde el poder político, fue acomodando los resortes fundamentales al servicio de sus propios intereses. Las riquezas del país, la propiedad, el crédito, la producción, el consumo y el intercambio deben estar al servicio del pueblo y no de grupos o minorías. De allí nuestro compromiso con este programa de Liberación Nacional que sólo puede ser concebido en su cumplimiento integral, afirmando el sentido federativo como salvaguarda a la vez, de la economía nacional y de las economías provinciales, porque el federalismo político debe ser inseparable del federalismo económico.

La banca estará al servicio del país. El proceso debe comenzar con la nacionalización inmediata por el Estado de los bancos extranjeros, porque el área del negocio financiero que maneja el ahorro nacional debe pertenecer exclusivamente a los argentinos.

La defensa de nuestra economía exige la nacionalización del comercio exterior de los productos primarios, iniciándose ya, y ahora, el proceso con las exportaciones de carnes y de granos, concentrándolas en las Juntas respectivas, que darán intervención a las Cooperativas de Productores y a las empresas nacionales que sean auténticos vendedores y no meros representantes subordinados de los grandes monopolios internacionales compradores de aquellos productos. Queremos arraigar el concepto de que las divisas provenientes de toda exportación son del país, y su manejo no puede ni debe estar librado a los intereses de ningún sector en particular; de que controlar los movimientos de fondos con el exterior significa una afirmación de soberanía, a la vez que conviene fundamentalmente al desarrollo de la economía nacional.

Es imprescindible una Reforma Agraria, encarada con criterio político, económico y social, que erradique el latifundio y ponga nuestra tierra en propiedad de quienes la trabajan, para su explotación en unidades económicas, pues ello aporta la única solución efectiva para un positivo incremento de la producción en beneficio de todos. Y quede entendido que la Reforma Agraria no se agota en el proceso de división de la tierra, el que deberá complementarse con la creación de las adecuadas estructuras para un mejor aprovechamiento agrario.

Afirmamos el control total por el estado de los sectores claves de nuestra economía: transportes, comunicaciones, energía, hidrocarburos, siderurgia, aluminio y metalurgia no ferrosa, petroquímica y celulosa; como así también la directa regulación selectiva del crédito, el apoyo a la industria nacional, la cogestión de los trabajadores en las Empresas. Estas bases constituyen la única posibilidad real de asegurar el desarrollo, la plena ocupación y una justa e impostergable necesaria redistribución de la riqueza que haga que el tan mentado producto bruto "per capita" no sea el resultado de una mera operación aritmética, influenciado por los pocos que todo lo tienen, sino la verdadera expresión de la realidad económica de cada individuo. En materia de seguridad social debemos pugnar por establecer un sistema de seguro integral que cubra todas las contingencias que pueda sufrir un hombre o su familia, es decir, que desde el desempleo hasta la vejez los riesgos que individual o colectivamente soporten los argentinos deberán ser cubiertos por el Estado.

El sistema educacional argentino es como nuestra sociedad, formalmente democrático e igualitario pero sustantivamente inequitativo e injusto, no sirve al país, sino a las minorías dominantes.

El creciente desarrollo científico y tecnológico trae como consecuencia que el sujeto de la educación ya no es exclusivamente el niño, el joven o el analfabeto, sino que se amplía a los sectores ya instruidos, para una actualización permanente de conocimientos capaz de responder con eficacia a los problemas nacionales de cada instante.

Se necesita una profunda Reforma estructural, afirmación de la Reforma Universitaria permanente, que apoyándose en el revolucionario acceso de los sectores populares a una enseñanza pública, gratuita y laica, conducida por el Estado —que deberá controlar también positivamente los medios de comunicación colectiva-, asuma características de autentico sentido nacional para dar un sistema educativo y cultural que este al servicio del país, capaz ce crear una ciencia y una tecnología argentina, liberándola de toda dependencia.

Debe equiparse efectivamente el sistema dándole bases financieras para su afianzamiento y desarrollo permanente, a efectos de que responda a todos los reclamos educativos que le haga el país.

Afirmamos que sin la formación de una cultura que participe activamente en la vida nacional, no habrá Argentina moderna.

En materia de política internacional, orgullosos de la tradición radical, propugnamos el pleno respeto por la autodeterminación de los pueblos, el establecimiento inmediato de relaciones diplomáticas, culturales, y económicas con todos los países que luchan como nosotros por su Liberación Nacional.

Nuestra lucha de hoy reclaman, finalmente, la derogación de la legislación represiva, la disolución inmediata del fuero antisubversivo, la revisión de sus condenas y procesos en trámite, y el severo castigo de los responsables de torturas, abusos de autoridad y de cualquier lesión de la dignidad humana.

Estas son las propuestas fundamentales para el cambio de estructuras de Argentina; constituyen nuestro aporte al proceso de esclarecimiento de la realidad nacional y nuestro modelo de salida. Se verán enriquecidas a lo largo del proceso mediante la contribución de todos los hombres que con actitud sincera se encuentren dispuestos a dar de sí lo mejor para construir una sociedad más justa y más igualitaria. Están aquí firmemente tendidas las líneas fundamentales que configuran nuestra concepción de la política nacional. No somos una circunstancia en el Radicalismo, por ello somos los más celosos custodios de su unidad. No nacemos para una elección interna. Venimos a remozar nuestro Partido y a convertirlo en vanguardia del proceso de liberación de nuestro pueblo. Somos la fuerza vital del Radicalismo de todos los tiempos, del que renació en cada momento difícil de Argentina, del que enfrentó al fraude y al régimen, el que luchó contra las dictaduras militares y toda forma de opresión, y del que estuvo en la Córdoba del 69 y en cada movilización popular de los últimos tiempos.

A nuestro lado llamamos a los viejos y jóvenes militantes de esta causa que preservan la vocación mayoritaria y revolucionaria de nuestro Partido. A los estudiantes de la Reforma, que con su lucha sostienen el aún hoy vigente programa del 18, a los hombres del campo y a los trabajadores que día a día en la fábricas construyen con su esfuerzo el futuro de la República. Es decir, llamamos al pueblo, a sus hombres y mujeres a reencontrarse con este Partido y para servir desde el a la construcción de la nueva sociedad.

 

ROSARIO, 24 de setiembre de 1972

 

viernes, 5 de diciembre de 2014

¡¡Tu quoque juventud!! - (En tropel al éxito)

¡¡Tu quoque juventud!!
(En tropel al éxito)

Por Francisco A. Barroetaveña

(Publicado en el diario La Nación el día 20 de agosto de 1889)


El Dr. Joaquín Nabuco dirigió a los estudiantes de Derecho estas intencionadas palabras: “La grandeza de las naciones depende del ideal que su juventud se forma en las aulas; y la humillación de aquéllas proviene de las traiciones que los hombres hacen a sus ideales históricos”. Pensamiento tan elevado y severo, ha coincidido en Buenos Aires con los aprestos para un banquete político de un grupo de jóvenes que manifestarán su adhesión incondicional al presidente de la República, según lo hace comprender la invitación publicada.

El paso político que va a dar la juventud juarista, ni es nuevo en nuestro país, ni tampoco honroso para el civismo argentino. Ya cuando se agitaba la lucha presidencial última, los jóvenes impacientes por figurar en la política activa hicieron una manifestación semejante a la que ahora preparan en honor del doctor Juárez, poniéndose incondicionalmente bajo la dirección política del presidente Roca, abdicando la manifestación espontánea de ideas, doctrinas y afecciones que contrariasen al jefe del Estado.

Esta y aquella adhesión no significan otra cosa que la renuncia a la vida cívica activa de los jóvenes para desaparecer absorbidos por una voluntad superior que los convierte en meros instrumentos del jefe del Poder Ejecutivo.

La juventud que así inmola su energía cívica poniéndose bajo la dependencia de un poder cuyas órdenes se cumplen en silencio sin la menor objeción. ¿ Realiza algún ideal formado en las aulas?¿ Practica algún principio usual en las naciones civilizadas que gozan de organización constitucional?¿Imita movimientos análogos de la juventud de esos pueblos? Con frecuencia nos llegan noticias de movimientos colectivos de la juventud de otras naciones, ya persiguiendo algún ideal político levantado, alguna campaña económica o humanitaria, que tanto realza el mérito moral, intelectual y político de los jóvenes. La juventud estudiosa de Francia se levanta casi unánime para protestar enérgicamente contra la ambición de un farsante audaz que pretende colocar la República bajo su boa de dictador; los jóvenes de Nápoles saludan entusiastas en Gladstone la causa de la independencia de Irlanda; la juventud alemana y de Italia da mucho que hacer a los cancilleres, porque siempre está de parte del pueblo que fure, defenciendo causas justas, ideales nobles y generosos; en España los jóvenes agitan el país defediento con Moraitas la libertad de la crítica histórica, desafían las conminaciones del poder y hacen caer ministerios; en Rusia el elemento juvenil forma en las filas de ese terrible partido revolucionario que, careciendo de órganos legales para desarrollar su programa e influir en el pueblo, se manifiesta por explosiones siniestras; en el Brasis, la juventud reclama instituciones liberales, y al mismo emperador le dirigen discursos pidiendo con altanería más progreso, más libertad e instituciones federativas; en la República vecina, la juventud estudiosa, lejos de pactar adhesiones incondicionales con los mandones que se alzaron con el poder, corrió a los campos de batalla para reivindicar con las armas en la mano esos derechos y libertades arrebatados por el abuso.

¡Estaba reservado a la República Argentina el triste espectáculo que esta noche ofrecerá una parte de la juventud, que felizmente es una minoría, renunciando a la libertad política, al ejercicio espontáneo de los derechos del ciudadano, en homenaje a la voluntad del presidente, adhiriéndose sin condiciones!

Lejos de nosotros el condenar la organización política de los conciudadanos, la formación de clubes de jóvenes con fines de política radical o posibilista. Pensamos que todos los argentinos deben organizarse y luchar por el ejercicio de los derechos electorales, suprimidos en el hecho, tal vez por falta de titulares que los reclamen con energía.

La República no gozará probablemente de verdadero bienestar sino cuando se opere la reforma de sus costumbres e instituciones por medio de la instrucción y educación pública, siguiendo un vasto plan pedagógico, como lo ha pronosticado el educacionista doctor Berra; pero en la actualidad no hay más opción para mejorar el país que entre el posibilismo y la explosión, porque los demás caminos legales se encuentra obstruidos por el abuso y el fraude.

Pero posibilismo político no es ni ha sido nunca la maniobra que ejecutan ahora los jóvenes juaristas. No; una cosa sería organizar clubes de jóvenes en la capital y demás ciudades importantes de la República y, después de constituir una potencia, pactar alianza con el poder bajo condiciones que garantizaran reformas y mejoras favorables al país, y otra muy distinta formas un club de jóvenes y ofrecer una adhesión incondicional al jefe del Estado.

Lo primero sería posibilismo político útil y saludable al país, lo último desdorosa abdicación del carácter cívico, tal vez en aras de ambiciones impacientes, que sólo buscan el éxito, sin mirar la higiene del camino que recorren.

¡Y en que momento la juventud ofrece su adhesión incondicional al Presidente! Precisamente cuando en la capital y en muchas provincias se realizan actos de cobardía cívica que nos avergüenzan ante propios y extraños. Todos recordamos la consulta dirigida al Presidente de la República por los miembros de la legislatura de Mendoza, pidiéndole su “plácet” para designar gobernador; ni hemos olvidado que dos provincias argentinas que antes fueron guerreras y libertadoras ( Entre Ríos y Corrientes), borraron la suscripción de un diario cuando supieron que habían caído en desgracia del Presidente, en un mal momento de irritabilidad nerviosa, con el bizantino propósito de halagar la cólera presidencial.

Las finanzas de la nación están entregadas a un ilusionista o culpable que las lleva, fatal y velozmente, por la pendiente del abismo; la moral administrativa de gran número de reparticiones públicas gime bajo el peso abrumador de terribles acusaciones, sin que de arriba se inicie correctivo eficaz y saludable; la vida política del país totalmente suprimida, gozándose hoy mil veces más libertad política y civil en todas las monarquías constitucionales de la vieja Europa que en esta joven República de la América del porvenir; la descentralización administrativa y política casi ha desaparecido, pues ya en el hecho no hay provincias sino intendencias, ni municipalidades elegidas por el pueblo sino comisiones de amigos de los gobernantes llevados para asegurar el abuso y la arbitrariedad. En todas partes malestar, desgobierno y escándalos, que arruinarán al pueblo cuando estalle una crisis inevitable que todos la presienten.

En medio de este general desgobierno, o del imperio de éste régimen funesto, que suprime la vida jurídica de la nación reemplazándola por el abuso y la arbitrariedad, se sienten los primeros trabajos electorales para la futura presidencia, asegurándose que el Presidente actual impondrá al sucesor que se le antoje, pues dispone del oro, de las concesiones y de la fuerza necesaria para enervar los caracteres maleables y sofocar cualquier insurrección.

¡Este es precisamente el momento elegido por un grupo de jóvenes de la capital para renunciar al civismo, adhiriéndose sin condiciones a la voluntad del Presidente, de ese hombre público que se manifiesta débil, impotente e inepto para gobernar con moralidad y justicia al pueblo argentino!

Son tristes y desconsoladores estos movimientos de la juventud , que de ser imitados nos llevarían a una franca y vergonzante dictadura. Movimientos sin ningún ideal noble, generoso y patriótico; sin proseguir ninguna idea o doctrina levantada que signifique un progreso para el pueblo o la reforma de instituciones deficientes; nada, nada; se busca sencillamente la aproximación al mando, la fruición del poder, a costa de la sumisión, en cambio de la servidumbre política.

La designación de jefe único del partido nacional, hecha en la persona del Presidente de la República, que constitucionalmente no puede ser jefe de partido, sino jefe del Poder Ejecutivo, del poder administrador de la nación; la docilidad del Congreso ante las exigencias de ese jefe de partido para sancionar con ligereza inconcebible proyectos de la mayor importancia; el aplauso que se le dirige a todas las provincias cuando se consuma atropellos y la sustitución por el régimen de las designaciones palaciegas; las adhesiones incondicionales como la que se hará esta noche por un grupo de jóvenes argentinos de la decadencia cívica, ¿ no son síntomas que nos demuestran un inmenso retroceso moral del pueblo y una completa perversión de ideas?

Somos enemigos de la injusticia con que se suele juzgar a los gobernantes y a los pueblos, haciendo a los primeros únicos responsables de las victorias o de las catástrofes, del bienestar o del infortunio que aflige o aprovecha a las naciones, las cuales aparecen como entidades pasivas, irresponsables de los fenómenos que las afectan. El presidente actual es hijo de su tiempo y del medio que lo rodea, como Rosas lo fue del suyo; y tal vez la historia Argentina tenga que agradecerle el poco daño que hace en comparación del que podría hacer con aplauso de su partido: la posteridad le estará agradecida de que durante su gobierno se haya divertido mucho y cuidado de su hacienda en vez de pasar a ejercicios más trascendentales.

Aunque apenados por el suceso que nos mueve a escribir este artículo, y después de condenarlo como una lamentable y funesta abdicación cívica, nos complacemos en reconocer buenas intenciones en algunos jóvenes manifestantes, con quienes nos ligan vínculo de cariñosa amistad. Ellos entienden que la adhesión preparada en un lícito posibilismo que les permitirá tomar posiciones para influir de una manera benéfica en el gobierno. Pero ésta es una ilusión que verán luego desvanecerse, por la influencia del medio ambiente dañino que los rodeará.

La supresión de la vida jurídica de un pueblo que garanta a los habitantes la libertad y la justicia, no permite ninguna expansión de aquellas que se imaginan los jóvenes cuando penetran al poder por una puerta falsa. Cuando se les precisa no se escatima las ofertas: diputaciones, ministerios, directorios, etc., pero luego no se cumple lo prometido, o se confiere los empleos en condiciones tan humillantes que es preferible abandonarlos por razones higiénicas.

La juventud juarista está en minoría aquí y en las principales ciudades de la República, y creemos que no se repetirán estas escenas que ofenden la energía tradicional de nuestra raza. Para la mayoría que resiste las tentaciones del poder y vive en modesto retiro, les citaremos unas hermosas palabras del canciller D´Agnesseau, hablando de Demóstenes: “ Censor severo de la conducta de su pueblo, será más popular que los que adulan las tendencias de la muchedumbre; se atreverá a presentar a la vista de ésta la triste imagen de la virtud inflexible y penosa, llegando hasta conseguir que se prefiera lo justo y lo bueno, aunque difícil, y frecuentemente de éxito desfavorable, al atractivo y a las dulzuras de una indigna prosperidad”.

Felizmente el Dr. Nabuco ya se fue de nuestro país, para que no llevara la triste impresión de esta enseñanza de virtud republicana que ofrecen los jóvenes en homenaje al Dr. Juárez, traicionando los bellos ideales de la vida juvenil, cuando se adora la idea o el principio por su bondad intrínseca, sin ningún cálculo ni ambición egoísta prematura.

Ponemos punto final, formulando un voto que desearíamos en el alma que se cumpliera. Que en el momento de los brindis, la altivez nacional indignada, paralice la lengua de esa juventud, volviendo cada uno a su hogar mortificado por el remordimiento de la adhesión cesárea.

 

jueves, 27 de noviembre de 2014

Francisco Antonio Barroetaveña El precursor de la Unión Cívica



Francisco Antonio Barroetaveña nació en Gualeguay, Entre Ríos, el 20 de julio de 1856; Abogado, escritor y gran orador, fue uno de los principales artífices en  la creación de la Unión Cívica de la Juventud que luego llegaría a transformarse en la Unión Cívica Radical.
                Su artículo publicado en el Diario la Nación el 20 de agosto de 1889, titulado "¡Tu quoque juventud! En tropel al éxito" le valió gran protagonismo en la vida política argentina, puesto que este artículo se transformó en un disparador y ocasiono una gran movilización histórica en ese momento. En este Artículo condenaba la ausencia de principios morales de aquellos que sostenían y apoyaban al entonces Presidente Miguel Juárez Celman.
                A Partir de este artículo que se transformó en  un llamamiento a toda la civilidad, se fundó en 1889 la Unión Cívica de la Juventud de la que Fráncisco Barroetaveña fue Presidente. Pero este llamamiento no concluiría solamente con la reunión de jóvenes en torno a una nueva organización política, sino que sería el puntapié inicial para introducir en la política Argentina el debate de cuestiones trascendentales para nuestro país. Fue así como al movimiento se fueron sumando figuras notables de la política como Leandro Alem, Bartolomé Mitre, Bernardo de Irigoyen, Vicente Fidel López, Aristóbulo del Valle, entre otros. Esto dio paso a un movimiento mucho más amplio y no solo de carácter juvenil o generacional y por consiguiente se convocó a un trascendental acto el 1° de septiembre en el Jardín Florida, de este acto se constituiría la Unión Cívica de la que Leandro Alem sería elegido Presidente del nuevo Movimiento.
                De aquel acto del 1° de Septiembre y de la fundación de la "Unión Cívica" surgió una nueva convocatoria a otro acto todavía mayor que se realizó el 13 de Abril de 1890 en el Frontón Buenos Aires, calle Córdoba 1130. En ese acto hablaron Mitre, Alem, el joven Barroetaveña, Aristóbulo del Valle y José Manuel Estrada.
                Tres meses después de este acto estalló la revolución del Parque, el 26 de Julio de 1890. Una gran parte del ejército se plegó al Gral. Manuel J. Campos que la encabezaba y una inmensa cantidad de voluntarios civiles respondió al llamado de la Junta Revolucionaria presidida por Leandro N. Alem. Los revolucionarios debieron desistir de su intento por falta de armas y de munición para tantos voluntarios. Triunfó el mayor poder económico del gobierno corrupto, pero Juárez Celman debió renunciar y en el Congreso un diputado pronunció aquella famosa frase: "La Revolución ha sido vencida pero el gobierno está muerto". Desgraciadamente no era verdad sino en lo que se refería a Juárez Celman, pero el sistema del Gral. Roca, remozado, siguió dominando el país por varios años más, para ser substituido por otros sistemas peores poco después de iniciado el siglo XX.
                Tras la renuncia del presidente Juárez Celman después de la revolución del Parque, la Unión Cívica se constituyó como partido.
El general Mitre se catapultaba como el candidato de la Unión Cívica para las elecciones presidenciales de 1892, acompañado por Bernardo de Irigoyen. Pero el Acuerdo que Mitre celebró con el general Julio Roca para concurrir con una fórmula conjunta con el Partido Autonomista Nacional llevó a que un sector de la Unión Cívica se opusiera rotundamente, puesto que este acuerdo era claramente transigir en los principios que dieron origen a la Unión Cívica, este acuerdo suponía aliarse al mismo contubernio que el Partido combatía. Alem en respuesta al acuerdo de Mitre le contestaría inmortalizando una frase que quedará en la historia: “Yo no acepto el acuerdo, soy radical en contra del acuerdo, soy radical intransigente...”
                De esta forma gran parte de los miembros de la Unión Cívica siguiendo a Alem se escindieron en 1891 formando la Unión Cívica Radical. Otra parte de los miembros sostuvieron la política acuerdista y siguieron al general Mitre en la Unión Cívica Nacional, partido que existió hasta 1902.
                La UCR concurrió a los comicios presidenciales de 1892, sin mayor resonancia. Pero en 1894 y 1895 obtuvo representaciones parlamentarias por la Provincia de Buenos Aires y la Capital Federal, una bancada presidida por Francisco Barroetaveña, en tanto que en el Senado estaba representado por Bernardo de Irigoyen y Leandro Alem. La Unión Cívica Radical representaba el ideario liberal clásico: la limitación al poder, la vigencia de la Constitución, la independencia del Congreso frente al Poder Ejecutivo, el respeto al federalismo y las autonomías municipales, el librecambio y la libertad en educación. Pero en 1896 se suicidó Leandro Alem, con lo que la figura de su sobrino Hipólito Yrigoyen adquirió relevancia en el seno del radicalismo bonaerense. Cuando la UCR comenzó a tratar una alianza con la UCN con vista a los comicios presidenciales de 1898 para enfrentar a la candidatura de Julio Roca, fue Hipólito Yrigoyen quien desoyó el mandato del Comité Nacional del partido, provocando la primera ruptura de la UCR. Quienes continuaron bajo el liderazgo de Bernardo de Irigoyen y Francisco Barroetaveña, se congregaron bajo el rótulo de Unión Cívica Radical coalicionista, en tanto que los seguidores de Hipólito Yrigoyen se denominaron “intransigentes”. El radicalismo coalicionista, en 1902, formó los Partidos Unidos con la Unión Provincial, que era la expresión bonaerense del PAN. En 1907, los Partidos Unidos cambiarán su nombre por el de Partido Conservador.
            Francisco Barroetaveña, dentro de la UCR apoyó a Leandro Alem y Marcelo T. de Alvear y se opuso tenazmente a Hipólito Yrigoyen con el cual siempre mantuvo disputas importantes hacia lo interno del partido.
                Barroetaveña fue un activo miembro de la masonería argentina de la que se cree que participó junto a Leandro Alem y que de allí fue de donde se generaron los fuertes lazos que ambos dirigentes mantenían.
                Se separó de la UCR y se integró al Partido Demócrata Progresista llegando a ser candidato a presidente de la Nación en 1932 por la fracción entrerriana del Radicalismo Antipersonalista, que se llamó UCR antipersonalista entrerriana.
                Fue un gran escritor reconocido en la época por su capacidad intelectual y dialéctica, en el que además de grandiosos documentos y discursos políticos que ha dejado también se encuentran publicaciones y obras como: "Bernardo de Irigoyen. Perfiles biográficos", "El gobierno del doctor Alvear", "Patria y religión", "Consecuencias de la victoria de Caseros".
                Luego de una dilatada trayectoria política y dejando una gran cantidadde documentos y discursos políticos e ideológicos que marcaron a toda una generación, fallece en Buenos Aires el 27 de noviembre 1933.

Pablo Eduardo Vázquez