martes, 16 de junio de 2009

Discurso de Alem en el Mitin de la Juventud en el Jardin Florida el 19/09/1889

Conciudadanos:
Quiero, ante todo, saludaros con el mayor entusiasmo, y luego, de inmediato, pedir a esta altiva y generosa juventud que me perdone por el juicio que de ella me había formado, pues confieso que no hace muchos meses, y en una carta que dirigía a un antiguo y valeroso compañero de las luchas cívicas y actualmente en Europa, le expresaba la profunda decepción que me inspiraba la actitud de la juventud tratándose de la cosa pública.
Ya no hay jóvenes en la república -le decía; los ideales generosos, las iniciativas patrióticas no cuentan con su apoyo ni con su entusiasmo; los que se titulan jóvenes no lo son sino en la edad, porque cuando se les habla de la patria, de los sacrificios patrióticos o del cumplimiento de los derechos cívicos, reciben esas palabras con un solemne desprecio, considerando que tales asuntos sólo pueden preocupar la mente de los ilusos, de los líricos, cuando no dicen de los tontos; y agregan que en nuestros días la política ha cambiado de giro y que hay que ser más prácticos, adoptando otra política basada en el positivismo y titulándose, los que de tal manera piensan y proceden, hombres prácticos, grandes políticos, sabios y de talento.
Fue señores, en presencia de estos hechos que mi espíritu entrevió los grandes males que surgían del falseamiento de las instituciones, y que yo creía que la juventud miraba indiferente y por eso me expresaba en palabras tan amargas con respecto a la situación política del país.
Pero ahora, y en presencia de este movimiento reaccionario iniciado por la juventud, he comprendido mi error, y al comprenderlo me complazco en exhortar a esta misma juventud valiente y decidida, a continuar con orgullo la senda que señalaron con su sangre y con su ejemplo todos nuestros gloriosos antepasados!
¡Ah! Señores, nada satisface más íntimamente y retempla mejor el espíritu, que recordar con acentuada veneración los esfuerzos desinteresados y patrióticos de aquella juventud, que abandonando la cuna de sus más caras afecciones, cortando algunos el curso de sus carreras universitarias, y despreciando todos sus intereses personales, corría, llena de bríos y de santo patriotismo, a formar en las filas del ejército, que se coronaba de gloria en las batallas libradas por la libertad y el honor nacional!
Yo nunca olvidaré la noble y altiva conducta de la juventud argentina, cuando corrió presurosa hasta los campos sangrientos del Paraguay; y allí, entre los fulgores rojizos del combate exterminador, cada joven luchaba heroicamente y moría con sonrisa plácida, saludando con su última mirada las fajas gloriosas de nuestra bandera!
Y bien, señores; al terminar, os confieso que mi corazón se llena de alegría en presencia de este movimiento varonil, noble y levantado de la juventud, que así demuestra que posee la más grande cualidad del hombre: el carácter.
Conservadlo siempre puro, moral y justiciero; no desfallescais en esta grande obra que iniciais llena de fe y de entusiasmo, y si alguna vez necesitáis la ayuda de un hombre joven de largas barbas, pronunciad mi nombre, y correré presuroso a ocupar mi puesto con el ardor, la fe y la esperanza de los primeros años!




LEANDRO N. ALEM
19 de Septiembre de 1889

sábado, 13 de junio de 2009

Lucha y Conducta: Moisés Lebensohn a 56 años de su muerte

Moisés Lebensohn, nació en Bahía Blanca el 12 de Agosto de 1907, proveniente de familia humilde, se inclinó desde joven al periodismo, en 1931, apenas recibido de abogado, fundó el Diario Democracia en Junín, ciudad que tomó como adoptiva desde muy temprana edad.

Los inicios de su militancia política lo vieron con un breve paso por el socialismo afiliándose poco tiempo después a la Unión Cívica Radical, identificado fuertemente con los principios ideológicos del yrigoyenismo brindó su vida predicando la doctrina, el sacrificio y la conducta de Alem e Yrigoyen.

Sostenedor del yrigoyenismo y partidario de profundizar las conquistas sociales de este, se opuso a los mecanismos fraudulentos de la llamada "década infame" (1930-1943)

Moisés Lebensohn, amante de la democracia y de la lucha por conseguir la igualdad y la libertad, Alimentaba la necesidad de políticas de profunda reforma económica, incluyendo la nacionalización del petróleo y la reforma agraria. Alineado con el sector de raíz más popular del radicalismo, que entonces encabezaba Amadeo Sabattini, junto con otros jóvenes como Ricardo Balbín, Arturo Frondizi, Arturo Illia, Crisólogo Larralde y Alejandro Gómez, conformó el Movimiento de Intransigencia y Renovación (MIR), un grupo opositor a la vieja dirigencia partidaria.

Lebensohn sostenía que el radicalismo de entonces carecía de "ejemplos morales y coraje para hacer reformas vitales de justicia social, que afectan intereses económicos". Junto con los otros dirigentes juveniles del MIR, Lebensohn impulsa un programa transformador que adquiriría forma en el V Congreso de la Juventud Radical en Chivilcoy, en mayo de 1942. Este programa, así como el llamado "programa de Avellaneda" de 1943 y el del Congreso de 1944, serían posteriormente en 1948 incorporados casi totalmente como Bases de Acción Política de la UCR.
En la Declaración de Avellaneda se expresan las necesidades básicas del pueblo argentino especialmente de los obreros.

En los aspectos más destacados la declaración planteó: el derecho a la vida, el seguro nacional obligatorio, la libertad de agremiación y de huelga, la reiteración de la vigencia de la reforma universitaria, la soberanía política y económica del país y la necesidad partidaria de declarar su doctrina y convocar a los hombres que por su conducta puedan servirla.
Fue un gran luchador contra el régimen, ese régimen respaldado por las economías modernas de la vieja Europa, dominado económicamente y que favorecía a la "alteración Nacional" a través de políticas cambiantes en torno a beneficiar a minorías privilegiadas.

Existieron hombres en la política que luchaban contra esa ideología antinacionalista y antiprogresista que planteaba el régimen. Moisés Lebensohn fue uno de ellos. Para la juventud argentina fue considerado "el maestro". Esa juventud que no desempeñaba ningún papel en el partido y que ante sus reclamos no se sentía contenida, fue guiada por un hombre de estudio que nunca abandonó la causa por la que luchaba.


El 13 de junio de 1953 con apenas 45 años, pronunciaba sus últimas palabras "No debo morir", y moría.

Nosotros jóvenes de una Argentina muy golpeada y con heridas que aún no cierran, tenemos el compromiso y la responsabilidad de seguir el camino que nos dejó y marcó Moises Lebensohn.

Debemos servirnos de la posibilidad de luchar por una Argentina soberana, democrática, en donde reine la justicia, la libertad y la igualdad, en donde se respete la patria y en donde exista un sentimiento nacional masivo capaz de emancipar al país de la cultura que nos oprime.

Por todo esto y mucho más no podemos olvidarnos de Lebensohn, y debemos continuar por la causa del pueblo, esa causa que tanto identifico al Radicalismo desde su nacimiento, esa causa por la que tantos hombres del radicalismo como Alem, Yrigoyen, Larralde, Lebensohn, Illia, Balbín, Alfonsín y otros tantos han Luchado.

Y como dijo para todos los radicales de todos los tiempos (de ayer de hoy y del futuro) Moisés Lebensohn:

“Doctrina para que nos entiendan, conducta para que nos crean”

miércoles, 10 de junio de 2009

Palabras de Ricardo Balbín en el aniversario de la muerte de Honorio Pueyrredón

Cementerio de la Recoleta, 23 de septiembre de 1946

"Vengo a traer la palabra de amistad de la Provincia de Buenos Aires. Venimos a este lugar a encontrarnos con nuestros muertos; con nuestros magníficos muertos, no porque ellos lo necesiten, no porque ellos precisen de nuestros homenajes ... venimos aquí porque nosotros los necesitamos. Somos nosotros los que sentimos la imperiosa necesidad de acercarnos a ellos para que nos muestren el derrotero a seguir.

Había hecho Pueyrredón de la amistad el culto de su vida. Se retiró de los puestos, cuando más lo necesitábamos en homenaje a su concepto sobre la amistad y hubo quienes supieron aprovechar de esa virtud del doctor Pueyrredon para ocupar puestos que no merecían y que a mal camino conducía. Ese fue el llamado "error de Pueyrredon", el error de ser leal en un clima de desleales.

Pueyrredón no necesita este acto, porque está en el corazón de todos los argentinos, pero existe necesidad de asistir a este acto para hablar íntimamente.

Voy a leer sus propias palabras, año 1934. Decía Pueyrredón: 'La Unión Cívica Radical es una fuerza espiritual; un estado de conciencia; radica en el alma del pueblo; el Radicalismo es hoy como lo fuera otrora una esperanza de redención social. Si llegáramos a defraudarle, si por falta de comprensión de sus hombres dirigentes no marcáramos en la acción futura de gobierno, rumbos y procedimientos nuevos que lleven la gran premisa de asegurar la mayor felicidad al mayor número; si no hemos de empeñarnos y crear un estado medio entre la riqueza y la miseria, de modo que el pobre tenga asegurado un mínimo de bienestar, con pan, escuela y trabajo, y el que lo ha conquistado viva libre del miedo de perderlo; si no hemos de hacer lo bastante, para no contemplar el espectáculo de ver levantarse a diario nuevas ciudades, en las que mientras el obrero con sus manos construye palacios, no asegura para su cabeza un solo techo, si no hemos de reivindicar el ideal de civilización moderna, de que el obrero sea el elemento esencial y el asociado de la industria; de que el hombre está primero que la máquina y primero que el producto, y que para una Nación fuerte hacer dinero es menos importante que formar hombres; si no hemos de hacer eso, días nebulosos podrán venir para la paz social de la República".

Esto lo dijo Pueyrredón en 1934 y sus palabras quedaron en un rincón, y digamos la verdad, nos apartamos de esa línea de conducta que nos trazó y hoy estamos pagando las consecuencias.

Los hombres jóvenes del partido saben que los muertos ya no dan nada, pero también saben que los muertos han dejado consignas y que esas consignas deben hacerse realidad en el país para ventura de la República.

Dr. Ricardo Balbín

miércoles, 3 de junio de 2009

Hacia la Democracia Social 7/08/1992

Manifiesto Fundacional
Hacia la democracia Social

Hay tiempos históricos que son determinantes para el desarrollo de la Nación. Este es uno de ellos. La sociedad Argentina debe optar entre el orden conservador que se le propone desde el gobierno o la democracia social. Hay millones de argentinos que quieren la estabilidad, el crecimiento económico y la integración al comercio mundial, pero saben que –para alcanzar estos objetivos- es imprescindible tener un Estado fuerte, garantizar la seguridad jurídica de los ciudadanos, integrar el territorio, desarrollar la infraestructura, realizar un formidable esfuerzo educativo, industrializar el país, evitar la formación de monopolios privados, distribuir equitativamente el ingreso y asegurar el bienestar.

En la actualidad estamos transitando una etapa donde el sector dominante ha generado una nueva ideología que se asienta en la afirmación antojadiza de que, precisamente, “las ideologías han muerto”. Consecuentemente en la sociedad que ellos pretenden imponer no tienen cabida la historia, los principios, los valores, las utopías. Emergen entonces excluyentemente el realismo, el pragmatismo, la eficiencia, el mercado, en definitiva el individuo aislado. El pensamiento neoconservador ha ganado terreno también en nuestro medio como lo hizo en otros lugares del mundo. Impulsa que la política esté tan escindida como sea posible de las justificaciones morales, por ello no tiene límites en su insolidaridad, en su cinismo, y en su inmoralidad.

Frente a esta filosofía de la resignación alentada para servir a los poderosos; de la desintegración de la sociedad para servir a las corporaciones; de la apatía para garantizar el gobierno de las elites, nosotros levantamos la opción que representa a millones de argentinos que se niegan a tener que elegir entre la eficiencia y la justicia. Son los que rechazan el dogma que tratan de imponerles, los que no creen que las leyes de la economía exijan abandonar a los ancianos, desatender a los enfermos, olvidarse de los estudiantes, e ignorar a los desocupados.

Son los que saben que los países más prósperos lo son porque han invertido en su gente.

Son los que saben que las economías más competitivas, las más productivas, las más innovadoras, las más exportadoras, las más exitosas son aquellas que han invertido en educación, en salud, en vivienda, en infraestructura, en definitiva en cuidad y promocionar a sus recursos humanos.
Son los que tienen en claro que hubo quienes primero desestabilizaron la economía para después asegurarse la estabilidad en su propio beneficio; son los que tienen en claro que hubo quienes antes no dejaron privatizar bien para después convertir a la privatización en el negocio de unos pocos: son los que tienen en claro que hubo quienes buscaron paralizar el país para luego rematarlo.

Para representar a esos millones de argentinos necesitamos un radicalismo con la claridad y la determinación que le permita luchar por un modelo que concilie la eficiencia con la justicia. Por eso nace el MOVIMIENTO PARA LA DEMOCRACIA SOCIAL.

Sabemos que fortalecido el partido su obligación consiste en encontrarse con otros sectores. A la fuerte alianza del neo conservadorismo hay que oponerle una fuerza capaz de disputarle al gobierno, para ejercer el poder y transformar la realidad.

Toda encrucijada para el país, también ha sido un desafío para el radicalismo. Nosotros queremos recorrer el camino que nos hicieran transitar con su capacidad anticipatoria y con su compromiso con lo nacional y popular Yrigoyen, Lebenshon, Larralde, Illia y Balbín.

Para recorrerlo debemos ser solidarios no solo entre los que pensamos parecido, sino también entre los que estamos dispuestos a actuar parecido. Debemos ser solidarios con nuestro pueblo, que nos dio origen y nos nutre, y al que debemos representar sin especulaciones. Debemos ser solidarios con su historia de lucha y ejemplos.

La tarea es inmensa pero hay que afrontarla. Como tantas veces. Como cuando teníamos la esperanza de alcanzar la libertad y el Estado de Derecho. Ahora detrás de una nueva esperanza: la de una DEMOCRACIA SOCIAL.

Estamos convocados y nos ponemos en marcha.


Buenos Aires, 7 de Agosto de 1992.-

martes, 2 de junio de 2009

Manifiesto de la Unión Cívica al Pueblo de la República 2/07/1891

Conciudadanos:
El desarrollo de acontecimientos graves y precipitados en los últimos días, colocan al Comité Nacional de la Unión Cívica en la necesidad de dirigir el presente manifiesto a sus correligionarios y a los pueblos de la república, explicando esos sucesos y presentando las vistas políticas del cuerpo que gobierna los intereses generales del partido, en presencia de los nuevos horizontes y de la escisión producida en el seno de nuestra comunidad, por los partidarios de una conciliación con el oficialismo.
Una minoría del Comité Nacional, formada por los partidarios del acuerdo con la agrupación dominante, acaba de romper la unidad de la Unión Cívica, y, llamándose Comité Nacional de la misma, ha resuelto reorganizarla, aprobar el acuerdo mencionado, y convocar la Convención del Rosario, con idéntico fin, a lo que se agregará la minoría en caso necesario.
La causa fundamental que ha impulsado sus resoluciones, consiste en las resistencias que encontraba el acuerdo en el seno de la Unión Cívica, y se comprende que el propósito claro de sus procederes, es imponerlo al país, como una necesidad suprema.
Es el caso de recordar el carácter esencial de la Unión Cívica y los trabajos personalistas que desnaturalizando el programa de nuestra institución, han hecho dentro de la misma algunos de los amigos del general Mitre, hasta llegar a la escisión actual.
La Unión Cívica fue desde un principio la coalición de los hombres de bien, vinculados para destruir el sistema de gobierno imperante, que ha producido tan graves perturbaciones en la República. La bandera y su programa de principios, enarbolados como enseñas de redención nacional, fueron aclamados con entusiasmo patriótico de un extremo a otro de nuestro territorio.
Ese programa excluía todo personalismo, y sobre la influencia de los caudillos, sobre el prestigio de los hombres, agitaba algo más grande y levantando, un credo político, que perseguía el predominio de las ideas y de la instituciones. La campaña de la Unión Cívica no era contra un hombre ni contra individuos determinados, sino contra todo un régimen que había subvertido las leyes y producido la ruina general.
La Unión Cívica no se había formado alrededor de ninguna personalidad determinada, ni se proponía como objetivo de sus ideales y de su programa, la exaltación de un hombre al mando; ella debía destruir el funesto sistema de la opresión oficial, buscando el restablecimiento de las instituciones, la honradez gubernativa, la libertad del sufragio y el respecto a la autonomía de los municipios y de las provincias. Las personalidades eminentes de su seno debían inclinarse ante ese programa y prestarle acatamiento.
Y este programa y la impersonalidad de la institución era y es la verdadera aspiración nacional, lo que constituye su fuerza incontrastable.
No lo entendieron así los que a toda costa querían proclamar la candidatura del general Mitre y cuando se extendieron los trabajos políticos a las provincias después de la Revolución de Julio, procuraron obstinadamente restaurar dentro de la Unión Cívica el antiguo partido que aquél acaudillara, con cuyo propósito formaban organizaciones especiales, anunciaron su separación si no se proclamaba esta candidatura, y llegaron hasta oponerse a la Convención del Rosario, que si como todos lo reconocen, representa un progreso en nuestras costumbres políticas, fue debido al esfuerzo y miras nacionales, a los verdaderos cívicos. Y es respondiendo a estas tendencias, que ha guardado una actitud pasiva y hasta de complicidad a veces, en presencia de los vejámenes que se inferían a nuestros correligionarios de las provincias.
La combinación Mitre-Irigoyen proclamada por la Convención del Rosario, simbolizaba la fusión de los partidos tradicionales, y la predilección de los pueblos de la República por estos hombres de Estado, y la expresión genuina de haberse compulsado lealmente la opinión nacional. La designación de los candidatos era muy satisfactoria, pero lo que más importaba a la Unión Cívica y a la República era que triunfase el programa regenerador aclamado en los meetings del 1º de setiembre y del 13 de abril; lo que interesaba a la República, no era precisamente la elevación de los candidatos designados, sino el cambio de régimen, en política, en finanzas y en administración; lo que el país entero reclamaba y sigue reclamando son gobiernos responsables, honrados y garantías constitucionales, tanto en el orden nacional como en todas las provincias.
La combinación Mitre-Irigoyen, por las cualidades personales de los candidatos y por las fuerzas sanas de opinión que los llevarían al poder, satisfacía las exigencias nacionales y prometía un gobierno de reacción contra los abusos del pasado, sin pactos desdorosos con los directores del antiguo régimen. Era ésta la genuina significación de la fórmula del Rosario.
Inmediatamente de llegar de Europa el general Mitre, apareció ostensiblemente lo que se ha llamado acuerdo entre el candidato presidencial de la Unión Cívica, y el representante del oficialismo, el entonces Ministro del Interior, general Roca, cuya influencia pesa sobre la República desde hace diez años. Esta ligereza para celebrar un pacto tan inusitado sin haberse puesto el candidato en comunicación con el Comité, ni informado de la situación política de nuestro partido, sólo se explica por exigencias de la reacción personalista producida en ciertos elementos de la Unión Cívica, y por preliminares clandestinas del acuerdo, convenidos de antemano por los amigos del general Mitre.
El general Mitre ha declarado repetidas veces, que el acuerdo era sin condiciones, que sus bases fundamentales debían ser la libertad del sufragio para las provincias y el mantenimiento de la fórmula del Rosario, llegando hasta decir a los delegados de las provincias que estaría firme en la lucha, mientras hubiera en algún punto de la República, una libertad conculcada o un principio desconocido.
Los amigos del general Mitre, desde la iniciación del acuerdo, han trabajado sin cesar en el Comité y en las provincias para conseguir mayoría favorable, en la inteligencia de que él importaba eliminación de los candidatura del doctor Irigoyen y la aceptación de un representante del oficialismo en su reemplazo. Con esta conducta abandonaban las provincias a su suerte, pues nada habían pactado en favor de su libertad, olvidaban compromisos solemnes contraídos en la Convención del Rosario, y ratificados en un manifiesto del Comité, después de los preliminares del acuerdo, al mismo tiempo que hacían desaparecer del programa de la Unión Cívica aquel principio que prohíbe toda intromisión del oficialismo en las contiendas electorales.
Celebrado el convenio ad-referéndum resultó que por él se alteraba la combinación del Rosario, aquella fórmula que tanto significaba para la Unión Cívica y para la República -y que se aceptaba la candidatura para vice, de una personalidad designada por el oficialismo. La mayoría del Comité adversa a la conciliación con los hombres del poder, o a un acuerdo que importara la alteración de la fórmula del Rosario-, sostenía que el Comité no estaba facultado para pronunciarse sobre ese convenio, debiendo remitirse a la convención del Rosario. La minoría acuerdista sostuvo la tesis contraria.
El Comité ha deliberado detenidamente sobre el trámite que correspondía dar a ese convenio, aprobando un proyecto que lo remitía a la convención del Rosario, proyecto que fue sostenido en la sesión del 24 del pasado, por los mismos amigos del general Mitre. Se ha publicado la crónica de esta sesión y sólo conviene recordar que con ocasión de ese debate, se ha patentizado una vez más el espíritu moderado y correcto de la mayoría adversa al acuerdo, a la vez que la intemperancia, el propósito preconcebido de los separatistas de dividir la Unión Cívica, llegando hasta rechazar fórmulas que ellos mismos habían propuesto días antes, y a producir el escándalo de la escisión después que el Comité aprobó el proyecto que sostuvieran en la discusión.
La actitud de la minoría al arrogarse la dirección del partido, aprobar el convenio ad-referéndum y decretar la reorganización de la Unión Cívica, no podía ser más grave y contraria a reglas elementales de disciplina política.
El Comité Nacional de la Unión Cívica, donde se encuentran los delegados de casi todas las provincias, asumió la actitud que le correspondía en presencia de los hechos producidos, decretando la separación de su seno y del partido, de los miembros que firmaron las resoluciones indicadas, y la exposición con que trataron de cohonestar su conducta.
Según sus propias declaraciones, la situación actual de la República, no ofrece garantías para una lucha electoral libre y pacífica.
¿Y por qué ? ¿Quién ha suprimido esas garantías esenciales de todo gobierno republicano? El oficialismo al cual se unen y consolidan, con lo que se aleja la esperanza de reivindicar las libertades públicas. Si ellos reconocen la ausencia de garantías constitucionales y la voluntad criminal de mantener este régimen opresivo, ¿cómo se unen, entonces, al poder y admiten de sus hombres intenciones patrióticas para hacer imperar con el acuerdo lo que han violado con el gobierno? Si no gozamos de los beneficios de la libertad, es nuestro deber esforzarnos por conquistarla, con todos los sacrificios de las luchas democráticas, en vez de abrazarnos con los que la vilipendiaron.
Esta es la verdadera exigencia del patriotismo.
Se agrega que el círculo situacionista ofrece una conciliación conveniente, puesto que acepta la candidatura presidencial de la Unión Cívica y sólo exige la vicepresidencia para una personalidad alejada del país hace veinte años. La Unión Cívica no se ha propuesto la elevación de un hombre al poder, sino cambiar el régimen imperante. Este sistema depresivo de la dignidad de los argentinos continuaría apoyado por las situaciones de las provincias, donde imperan con más crueldad los del poder; y en semejante hipótesis, se esterilizarían hasta los buenos propósitos del candidato. Entonces, la conciliación con el oficialismo serviría para mantener y consolidar, lo que se propone destruirla Unión Cívica, con el aplauso del país entero. Ante esta consideración fundamental, nada valen las prendas personales del diplomático, con quien se quiere eliminar al candidato del pueblo. No se debate la honradez de personalidades; se trata de los derechos del pueblo, que a la fuerza se quiere suprimir, violando la resolución de una convención que ha interpretado fielmente la voluntad nacional.
Se afirma también que fuera del acuerdo, no quedarían a la Unión Cívica más soluciones que la guerra o la abstención, imponiéndose, entonces, la política de transacciones, que salva con la paz, los principios, la moral administrativa y las libertades públicas. La Unión Cívica, no ha desplegado bandera de guerra: su programa es de paz. Si el poder pretende impedir a sangre y fuego que el pueblo ejercite sus derechos, no sera éste el culpable de los sucesos que sobrevengan, ni tampoco la alianza con aquél, se armoniza con los deberes cívicos que impone la República a los ciudadanos. Jamás se suprimirían los abusos de un mal gobierno, si por razón de ellos se afirmara el poder; ni se comprende las esperanzas de una reacción administrativa, económica y política, robusteciendo a los autores de la ruina general, y de la opresión en que gimen las provincias. La Unión Cívica quiere y busca la paz, pero a este título no debe exigírsele la servidumbre, sino la tranquilidad que resulta de la armonía del orden con la libertad, que asegura los derechos y las garantías del ciudadano. Esta paz no se afianza fortificando gobiernos opresores, ni es digno esperarla como una gracia: es necesario merecerla, conquistarla a fuerza de sacrificios y conservarla con altivez republicana.
La circunstancia de no haber sido aprobado por el Comité el convenio ad-referéndum, no es más que un pretexto. El Comité, o su gran mayoría, no se consideraba con facultades para aprobar, y resolver lo contrario, habría importado arrogarse facultades electorales, que sólo correspondían a la convención, donde todas las provincias tenían representación proporcional.
La intransigencia que inculpan los separatistas a los que forman la mayoría del comité, consiste en mantener con altura el programa de la Unión Cívica, en ser consecuente con solemnes compromisos contraídos ante el país, y cumplir con lealtad los deberes que nos impone la situación de las provincias.
El Comité no debe mirar con indiferencia la suerte de sus correligionarios; el programa de la Unión Cívica es esencialmente nacional, y establece vínculos de noble solidaridad entre todos sus miembros, que no permiten conformarse con una política llamada de conciliación que ofrece algunas franquicias para la ciudad de Buenos Aires y mantiene la servidumbre en las provincias. La Unión Cívica quiere buen gobierno, garantías y respeto a la ley, para todos los Estados de la República, pues así lo exigen los principios de su programa y el verdadero patriotismo. En esto consiste su intransigencia y su radicalismo.
La política de conciliación, en la forma en que se ha iniciado, se reduce a prometer al país para fines de 1892, la elevación al mando de dos personas honorables; pero persistirá el mecanismo opresivo en toda la República, quedará intacto el funesto sistema que ha producido nuestros desastres; más aún, hará nuevas víctimas, ocasionará nuevas ruinas, porque la maquinaria necesitará funcionar otra vez en la contienda electoral. Y si hemos de juzgar ese acuerdo por la sinceridad de los hombres de la situación que lo han concertado, y por las garantías acordadas a Mendoza, Córdoba y Catamarca, después de sus preliminares, no es aventurado presumir que será fatal para la República, que no se removerán las causas del malestar, ni con él se reconquistará las libertades públicas. Si ese acuerdo hubiera sido aceptado, su primer efecto sería la desorganización electoral de la Unión Cívica, desde que no habría el estímulo de una lucha democrática en perspectiva. Esta desorganización general, debilitaría las fuerzas populares en cada provincia quedando a merced de los gobernantes, que han suprimido hasta la última garantía constitucional.
La Unión Cívica se propuso también, entre sus patrióticas iniciativas, el despertamiento de la vida cívica nacional, adormecida durante un decenio. Habían transcurrido muchos años de calma, de paz inalterable, salvo algunos hechos sangrientos aislados, producidos por intrigas de palacio; el pueblo se había alejado de los comicios, porque en vez del santuario de su soberanía, encontraba allí las vergonzosas celadas del fraude, o la criminales descargas de la fuerza pública.
No había lucha; estaba admirablemente suprimida en todas partes por la acción del gobierno y por la abstención activa del partido opositor; y así en cualquier punto de la República donde se pretendía votar, allí caía la acción del poder en apoyo del principio de autoridad para sofocar las agitaciones democráticas. Así se aseguraba la paz para los gobernantes, y la ausencia del control en la administración pública; se afianzó el despotismo político y ha podido administrar impunemente sin probidad. Con este régimen, con esta paz y con semejantes conquistas, la República, al organizarse la Unión Cívica sentía las primeras angustias de la terrible crisis que la ha conducido al borde del abismo, a la opresión interior y a la vergüenza ante la Europa, a la pobreza dentro de sus fronteras y a la falencia internacional. Este fue el fruto de la supresión de la lucha, de la paz sin libertad, de la muerte del civismo. La Unión Cívica lanzó un grito de guerra contra estos factores de nuestro envilecimiento, proclamando que el ejercicio de nuestros derechos políticos, es el primer deber de un ciudadano, y que la lucha democrática es la primera causa del engrandencimiento de los pueblos. ¿Cómo podría ahora arriar tan hermosa bandera y proclamar la supresión de la lucha, la paz sin derechos, la muerte de ese espíritu cívico que ella ha despertado en el pueblo?
La minoría separatista, que ha roto la unidad de la Unión Cívica para imponer una combinación electoral, sin preocuparse de los pueblos del interior, ha deslindado posiciones, como ella lo dice, entre la Unión y los aliados del poder. No más confundirá el pueblo, aunque en su evolución, aquella minoría conserve un disfraz, el nombre de Unión Cívica, que simboliza en nuestro escenario político, lucha contra los abusos del poder y en favor de la libertad.
No hay, pues, ninguna consideración de bien público, que justifique semejante acuerdo; se trata tan sólo de satisfacer ambiciones impacientes, que por legítimas que sean, deben amoldarse a la corrección de los principios políticos, y subordinarse a los intereses generales de la Nación.
A ese acuerdo lo repudia la moral y las leyes fundamentales que rigen el desenvolvimiento de las sociedades, y por consiguiente, jamás lo aceptaremos.
Conciudadanos: La Unión Cívica tiene que luchar por el triunfo de su programa principista haciendo causa con todas las provincias oprimidas. Mantendrá en alto la bandera enarbolada como enseña de regeneración nacional: no consentirá que se desnaturalice su programa con peligrosas desviaciones hacia el personalismo; y para coronar el triunfo de la causa del pueblo, dirige un llamamiento patriótico a todos los hombres bien intencionados, exhortándolos a formar en sus filas.
En presencia, pues, de la situación que estos sucesos han creado, conviene a los altos intereses de la Unión Cívica que se congregue la Convención del Rosario, sobre la base de los convencionales que permanecen fieles al programa, debiendo los comités de las provincias reemplazar a los que se han ya separado, para fijar rumbos al partido y designar definitivamente las candidaturas presidenciales que sostendremos en la próxima lucha.

Buenos Aires, 2 de julio de 1891. Por el Comité: L. N. ALEM, Presidente; Joaquín Castellanos, Abel Pardo, Carlos A. Estrada, Marcelo T. de Alvear, Adolfo Mujica, Remigio Lupo, secretarios.

Fuente: http://www.ucruruguay.com.ar/news/manifiestodelaunionc.php

lunes, 1 de junio de 2009

Discurso de campaña de Raúl Alfonsín, 30/09/1983 en Cancha de Ferrocarril Oeste

Venimos...(cuidado con los fotógrafos, déjenlos trabajar). Todos nosotros sabemos ... todos los argentinos comprendemos que no estamos en estos momentos viviendo las circunstancias de una campaña electoral común; cada uno de nosotros sabe que no se trata solamente de consagrar una f6rmula; todos sabemos que en lo que realidad se trata es de saber si los argentinos podemos realmente superar esta etapa de decadencia, superar esta inmoralidad que se ha enseñoreado en nuestra sociedad, y transitar juntos un largo camino de paz y prosperidad.

Crisis moral por encima de todo, que hay que superar,y en consecuencia obliga a utilizar también la prédica y el discurso honrado de la autenticidad y de la verdad, que es la prédica y el discurso de la democracia. No se escucharán en las tribunas de la U.C.R., ni una sola frase que pueda esta reñida con la voluntad indeclinable y definitiva de lograr la democracia levantando banderas de uni6n nacional, entre todos los argentinos.

Estamos ante un pueblo que quiere cumplir con su deber, el problema es que la realidad argentina es tan compleja que a veces no atina a comprender cuál es su deber. Esto está señalando una responsabilidad mayúscula de parte de los partidos políticos y de los hombres políticos sin excepción. Tenemos que procurar orientar al pueblo, decir la verdad de lo que pasa, encontrar la manera de ayudar a que haya un comportamiento nacional, para que por encima de las divergencias ideológicas encontremos hoy la respuesta común capaz de dar soluciones en serio a los afligen tes problemas de nuestro pueblo, y a los durísimos problemas que debe enfrentar la nación argentina en su conjunto.

Es por eso la necesidad fundamental de actuar con sinceridad, dejando para minorías absurdas el uso de la diatriba, de la calumnia, de la insinceridad y del manipuleo. El pueblo argentino está maduro para comprender esta necesidad fundamental; solamente parece haber algunos que no han entendido lo que significa la democracia, que no es una competencia bárbara por el voto del pueblo, sino una forma de vida, una filosofía, que nos debe obligar a trabajar por la dignidad del hombre, al que hay que darle libertad y justicia social. Y cuando se pone en marcha un pueblo para ir a la democracia, están claras las reglas del juego: se someten los candidatos a elecciones y a veces se ganan y a veces se pierden.

La U.C.R. a través de su historia se ha sometido muchas veces a elecciones. Ha ganado y a perdido; pero cuando ha perdido no se ha sentido jamás derrotado, porque ha aceptado el lugar que le ha señalado el pueblo para servir a la Nación desde el llano.

Que nadie hable entonces de derrotar en la Argentina y que todos comprendan, y particularmente los hombres de otro partido mayoritario de la Argentina, que a veces se gana y a veces se pierde y que en esta hora difícil de la Argentina, el que con seguridad le va a tocar perder, tiene que procurar servir al pueblo desde el llano.

En definitiva, será, va a ser el gobierno de las mayorías argentinas. En definitiva, vamos a construir entre todos el país que nos merecemos por nuestra geografía y por nuestro pueblo. Yo vengo a explicarles esta noche qué es lo que va a hacer la U.C.R. desde el Gobierno, para superar esta tremenda crisis que padecemos: lo primero, el estado de derecho, el imperio de la ley emanada de la voluntad general, para que todos los hombres sepan inclinarse ante la Majestad de la Ley, y ningún hombre tenga jamás que inclinarse ante otro hombre. División de poderes,para que quien recurra a la justicia encuentre en ella lo que corresponde: seguridad para todos en el juego grande de las instituciones de la República, pero también, democracia cotidiana, la de todos los días, para que el más humilde de los hombres, o de las mujeres, se sienta ciudadano en su patria; seguro de sus derechos, responsable de su libertad y no tenga jamás que ir a hocicar ante el mostrador de ningún burócrata cuando tiene que realizar cualquier trámite.

Dejará la Argentina de andar a contramarcha de la historia; defenderse del flagelo de la subversión terrorista o golpista porque nadie más intenta un golpe gratis en la Argentina. Lo hará en el marco de la ley y en la respuesta cabal a principios de la democracia y en el respeto que corresponde a los derechos humanos sin baños de sangre ni desaparecidos. Seguridad para todos , para que la democracia se entienda como la necesidad de servir al hombre en su dignidad. Y terminemos de una vez para siempre en la Argentina con este flagelo que de alguna manera pesa sobre nuestra espalda, sobre todas, porque no siempre hemos levantado nuestra voz corno corresponde para terminar con él. Yo les aseguro a ustedes que uno de los primeros mensajes que enviaré al Congreso de la Nací6n será un proyecto de ley modificando el Código Penal, para establecer la misma pena al torturador que al homicida, pero acabamos con la tortura en la Argentina. Democracia integral, democracia en todas partes, democracia en las fuerzas armadas, lo que significa la supeditación de los poderes militares a los poderes institucionales. No hay país civilizado en el mundo, cualquiera sea el sistema o el régimen de gobierno donde no se respete este principio esencial, de modo que lo vamos a cumplimentar prolijamente.
Se acabarán los Comandantes en Jefe de cualquiera de las armas. La jerarquía militar terminará en el cargo de jefe de Estado Mayor, y hará un solo Comandante en Jefe de las Tres Fuerzas Armadas el que establece la Constitución Nacional: El Preside e de la Nación Argentina. Lo digo sin consideración peyorativa alguna y sin vanidad, ni jactancia, sino por el contrario, con la humildad que quien en definitiva va a ser un servidor de la Nación, obligado por ello a cumplir con los preceptos constitucionales. Corno lo manda la constitución, vamos a mandar a las Fuerzas Armadas Argentinas. Hay una cuesta muy dura que repechar... hay una cuesta dura ... hay un esfuerzo tremendo que realizar entre todos. Queremos superar todos los antagonismos, no solo entre la civilidad, necesitamos también superar los antagonismos entre la civilidad y las FFAA. Pero necesitamos fuerzas armadas de la Nación, de la Constitución y de la democracia, y no señores feudales que porque tengan algunos galones se crean amos de un pueblo de súbditos.

No vamos a aceptar la autoanmistía, vamos a declarar su nulidad; pero tampoco vamos a ir hacia atrás, mirando con sentido de venganza; no construiremos el futuro de] país de esta manera. Pero tampoco sobre la base de una claudicación moral que sin duda existiría si actuáramos como si nada hubiera pasado en la Argentina. Cada uno de los argentinos comprende y sabe y lo comprendemos y sabemos nosotros y lo hemos reiterado y lo decimos una vez más, porque se ha interpretado capciosamente, falazmente nuestras palabras, diciéndose que pretendíamos dividir a las FFAA NO!

Lo que queremos es que algunos pocos no se cubran la retirada con el miedo. Aquí hay distintas responsabilidades; hay una responsabilidad de quienes tornaron la decisión de actuar corno se hizo; hay una responsabilidad distinta de quienes en definitiva cometieron excesos en la represión. Y hay otra distinta también de quienes no hicieron otra cosa que en un marco de extrema confusión, cumplir órdenes. Esto cualquier juez de la República, cualquier ciudadano argentino sabe que señala increpancia (discrepancia) y distinciones fundamentales en cuanto a los grados de responsabilidad, y de esta manera es como vamos a salir adelante, no con leyes de autoamnistía que igualan en el delito a todos y que hacen que el que tenga mayor culpa se iguale con el que no tenga ninguna. Democracia integral en el país en todas partes; democracia que debe apoyarse y afianzarse en un sindicalismo fuerte, poderoso y moderno, capaz de representar corno corresponde los intereses de los trabajadores, pero también sindicalismo democrático, con participación de las minorías. Desde luego que no quiero sostener cuando hablo de democracia que los dirigentes sindicales no deben tener opinión política, todo lo contrario.

Pero sí recuerdo que la multipartidaria, que naci6 para apuntalar la democracia Argentina, estableció claramente el compromiso de los cinco partidos políticos, de que se iba a trabajar por un sindicalismo independiente del Estado, de la Empresa obviamente, y de los partidos políticos.

Lo que quiero señalar es que la pobreza, la miseria o la enfermedad no se detienen frente del hogar de un obrero para preguntar si es socialista, peronista o radical, entra nomás y no puede haber hijos ni enterrados entonces. Lo que quiero decir es que el Ministerio de trabajo de la Nación no puede convertirse en un comité fraudulento al servicio de las líneas autoritarias del sindicalismo argentino y las comisiones normalizadoras que él designa.

Entablar de inmediato las negociaciones para aportar todos sus esfuerzos al servicio de una interna dentro de un partido político. Lo que quiero decir es que no podemos nosotros considerar lograda la democracia, porque la practiquemos hacia interno de nuestros partidos políticos, olvidándonos de los trabajadores argentinos.

Cada uno tiene que tener el derecho cabal de participar corno corresponde en la organización que más lo va a defender toda su vida activa, que es el sindicato; sin miedos y sin prepotencia ninguna. De eso se trata: solamente a través de la democracia sindical vamos a poder afirmar que cada trabajador de nuestro país sin ningún tipo de incertidumbres ni miedos, incluso a veces a perder el trabajo porque se amañan con la patronal para ser despedido, que está en contra de la oligarquía sindical, pueda actuar en definitiva. Y sobre este logro de todos, la recuperación del Estado de Derecho, el primer objetivo que hemos definido en nuestra plataforma, y en el capítulo correspondiente a economía, no a Bienestar social para que no nos confundamos es combatir la pobreza extrema y la miseria; ustedes saben lo que nos pasa: aquí se ha destruido el aparato productivo de la Nación. Y esto significa un millón y medio de desocupados, semiocupados, subocupados, o trabajadores por cuenta propia, que trabajan un día si y otro no, y han perdido la protección de la seguridad social.

Ese millón y medio de desocupados no es una cifra para ninguno de nosotros; es dolor y angustia de compatriotas, es enfermedad de la pobreza que reaparece con fuerza, en mortalidad infantil, es deserción escolar, y sobre todo es desnutrición grave.

Alrededor de dos millones de compatriotas nuestros, amigos de Buenos Aires, están mal alimentados, subalimentados o con desnutrición grave. Más de la mitad de esos compatriotas son niños, que están sometidos a un verdadero genocidio económico,, porque jamás en su vida recuperarán el nivel intelectual con el que Dios quiso que nacieran, ya que las lesiones que produce el hambre en el cerebro son absolutamente irreversibles.

Yo, cuando acepté la candidatura a Presidente de la Nación por mi partido, hice un solo juramento que lo quiero reiterar aquí, para que cualquiera me lo pueda demandar si no lo cumplo: juré ante la Convención Nacional del Radicalismo y juro acá: Se va a terminar la desnutrición infantil en la República. Vamos a poner en marcha lo que hemos denominado el programa alimentarlo nacional: pan para los argentinos en la tierra del trigo y de la carne, que alguna vez fue llamada el granero del mundo y hoy exhibe centenares de miles de niños, no solamente en las provincias periféricas, que las he recorrido a todas, aquí a media hora de plaza de Mayo, en los asentamientos poblacionales nuevos, aquellos compatriotas que por no poder pagar han debido abandonar sus casas o sus departamentos. Los Hospitales están llenos de niños malnutridos. Será prioridad fundamental terminar con ello.

En otros países hay hambre porque no hay alimentos. Aquí hay hambre porque hay Inmoralidad; aquí porque hemos sometido al trabajador argentino a la Injusticia más irritante que puede sufrir un hombre; al padre argentino a la humillación más grande que puede sufrir: trabajar los 30 días del mes y no alcanzar a ganar lo necesario para llevar el pan a su mesa los 30 días del mes. Se acabó! Vamos a utilizar todos los resortes de la administración del Estado. Tendrá prioridad fundamental la mujer embarazada y el lactante, los niños menores de Carlos y los ;escolares. Vamos a utilizar los centros materno infantiles, las guarderías, los comedores escolares; vamos a trabajar con los gobiernos de provincia y con las administraciones municipales. Vamos a reclamar el esfuerzo de las organizaciones intermedias y de los sindicatos.

Pero se acaba la inmoralidad del hambre en la República Argentina. Vamos a atacar de entrada la desocupación, que en buena medida es causante fundamental de este desastre social que padecemos. Se nos había querido hacer creer a los argentinos que produciendo una transferencia de Ingresos del sector del trabajo ,al sector del capital, se Iba a lograr un aumento de la inversión y con ello el crecimiento de la economía. Absurdo! Porque cuando no hay poder de compra en el pueblo no hay alicientes alguno para la inversión. Nosotros vamos a actuar exactamente al revés. Vamos a aumentar el poder de compra del pueblo, esto aumentará la demanda efectiva, el aumento de la demanda generará la necesidad de aumentar la producción, y para aumentar la producción habrá que tomar nuevos empleados y así vamos a poner en marcha el aparato productivo de la Nación. Pero hay una sola forma, de lograr de entrada un aumento en serio del poder de compra que significa un aumento, no del salarlo nominal, que al día siguiente es absorbido por el aumento de precios. Hay una sola forma de aumentar el salario real, que es terminar con el actual sistema financiero. Se acaba la usura oficializada en la Argentina. Se acaba la patria financiera! El Banco Central decidirá las tasas de interés, orientará el crédito, determinará lineas de redescuento y créditos preferenciales, pero se acabó con la usura en el país. Que una de las consecuencias más inmorales de esta política económica absurda e Inmoral es que el conjunto de las empresas nacionales paga más en gastos de financiamiento que lo que paga en salarlos, incluido las cargas sociales.

La inmoralidad, entonces, es tener que pagar más en intereses, que en el sudor del trabajo argentino. Si bajarnos de manera sustancial los intereses, habrá un ahorro para la empresa, que podrá instalarse a los salarios, sin que esto signifique un aumento de los costos, sino al contrario, la posibilidad de que disminuyan porque al haber más poder de compra va a haber posibilidad de producir más y bajarán los costos unitarios. Es decir, arrancamos de esta forma con un aumento en serio del salario y después debemos protegerlo; hasta ahora habíamos indexado toda la economía, menos el salario; ahora vamos a desindexar la economía y vamos a indexar el salario de los argentinos.

No era cierto que aquí se había aplicado una economía de mercado; Mentiras! se ha aplicado un fascismo de mercado, porque solamente podía llevarse adelante sobre la base de una tremenda represión volcada sobre los sectores populares.

Vamos a invertir absolutamente la tendencia. Vamos a invertir la tendencia, simplemente por sensibilidad social. Lo decimos porque durante nuestro gobierno lo hemos practicado. En su momento, le preguntamos al trabajador argentino, cuánto necesitaba para alimentar a su familia, cuánto para resguardar su salud ,cuánto para educar a sus hijos, cuánto, en fin, para una vida digna y decorosa, y eso fue el salario vital, mínimo y móvil, y desde ese salario construimos todo el andamiaje de la economía argentina, porque queríamos una economía al servicio del hombre, y no el hombre al servicio de la economía. Vamos a hacerlo así, y de esta forma vamos a ir protegiéndolo de la inflación, y mes tras mes procuraremos ir aumentando el salario real.

Yo sería un demagogo absurdo esta noche, amigos de Buenos Aires, si les dijera que de la noche a la mañana vamos a resolver, todos los problemas. No, no es así! Vamos a poder poner de entrada en el bolsillo del trabajador todo lo que desearíamos, no vamos a solucionar todo de la noche a la mañana, pero yo les aseguro de la noche a la mañana, termina la injusticia, termina la inmoralidad, termina la corrupción! Termina la Argentina del desamparo y vamos a vivir todos en la Argentina honesta que quiere su gente, en la Argentina honrada del trabajo, que vaya sepultando como una pesadilla todo este período trágico del reinado de la especulación en el país. Y vamos a trabajar entonces para que el trabajador de nuestro país tenga otro tipo... para que el trabajador argentino tenga una remuneración no monetario, y esto se llama mejor asignación de los recursos, esto se llama mejor asignación de los gastos presupuestarios y fundamentalmente los referidos a la educación y a la salud pública. En la época de lrigoyen, hace más de 50 años, la Argentina destinaba a educación el 25% de su presupuesto total, y en aquel tiempo,escúchenlo bien, que no me equivoco, el presupuesto de la educación apenas alcanza al 8%. El presupuesto de salud pública está en el 2,2%, y el presupuesto de las FFAA supera el 30%. Vamos a volver a los presupuestos que tenía la educación, porque aquí estamos prefigurando una argentina antidemocrática, jerarquizada, porque tengan la seguridad, amigos de Buenos Aires, si no encontramos hoy igualdad en los educandos, será imposible encontrar mañana a los ciudadanos de la democracia.

Y vamos a volver a los presupuestos de educación que existieron durante nuestro gobierno en primer lugar por una obligación moral, porque la justificación filosófica de la democracia pluralista está dada por los esfuerzos que realice para concretar la igualdad de oportunidades, de modo de brindarle al niño que ha nacido en el más pobre de los hogares todas las posibilidades de acceso a los distintos niveles de educación, y de cultura. En segundo lugar, porque es la educación la mejor inversión para el desarrollo, y además también porque es la educación la mejor inversión para la defensa nacional, porque un pueblo educado defiende mejor su soberanía y sus Intereses y sus fronteras, y por eso podemos afirmar que para nosotros es lnfinitivamente más Importante para la defensa nacional la enseñanza militar obligatoria que el servicio militar obligatorio.

Pero no podemos tampoco esperar al resultado, a que los cambios de la política económica comiencen a producir sus consecuencias en el campo de la desocupación; es absolutamente necesario tornar medidas puntuales con el propósito de combatirla desde el primer día. Saben que aquí hay un déficit de viviendas: al rededor de 2 millones de familias argentinas viven en viviendas deficitarias de las cuales por lo menos un millón viven en viviendas absolutamente deficitarias.

Este es un grave daño, es un verdadero flagelo que debemos combatir; y tiene desde luego su entidad propia, pero también la respuesta que a él debemos dar, tiene un eco en la coyuntura, que es secundario pero que es fundamental. Cada 100.000 viviendas económicas que nosotros construyamos, darán trabajo a 300.000 obreros directamente en la obra, o en los industrias que se ponen en marcha, y desde ya, anticipamos que de entrada nomás vamos a utilizar todos los fondos disponibles del FONAVI con el propósito de otorgar créditos que estarán vinculados a las posibilidades del jefe del hogar, estarán en el nivel aproximado del 15% del ingreso del jefe de la familia. Terminaremos con la 1050 en la Nación. Si ese 15% alcanza para cubrir la cuota de capital e intereses, perfecto, y si se salda la deuda antes, mejor. Pero así no alcanza, y a los 25 años del crédito hipotecario, continúa endeudado el trabajador, el Estado saldará la deuda, porque quiero decir que la sociedad lo ha explotado si no ha podido tener su vivienda económica a través de toda una vida de trabajo.

Pero debemos asentar estas respuestas a requerimientos claros y categóricos de la justicia social, no sobre la base del voluntarismo. Es necesario edificar esta respuesta en un aumento de la productividad de la economía argentina.

Por esto, y porque tenemos una deuda fabulosa que hemos contraído y somos el único país de la tierra, que hemos contraído en vez de para capitalizarnos, para destruirnos. Hemos importado manufacturas que producíamos, hemos cerrado las fábricas, hemos hecho cundir la desocupación, y al mismo tiempo nos endeudamos. Hemos permitido que salieran transferencias al exterior de quienes especulaban. Han venido acá capitales golondrinas, a cobrar intereses que no se han cobrado nunca en moneda fuerte en ningún país de la tierra y en ninguna época de la historia. Por eso será bueno que en ese tiempo en el que nosotros nos disponemos a iniciar una marcha grande entre todos para recuperar nuestros derechos y libertades, comencemos pegando un grito fuerte capaz de sentirse en todos los rincones de la tierra, para que todos los pueblos del mundo sepan que aquí en Argentina nos hemos empinado sobre nuestra responsabilidad y jamás en el futuro, nunca más en adelante permitiremos que nadie nos robe ni de adentro ni de afuera.

Es por eso que le decimos a esto que es el resultado de la manifestación más grosera del Imperialismo que no hemos de pagar a la plutocracia de ningún país de la tierra intereses usuarios, que no vamos a pasar la deuda sobre el hambre de nuestro pueblo y que no vamos a aceptar las recetas recesivas del FMI, al estilo de lo que quieren los países de la Trilareal. Vamos a pagar la deuda en la medida de nuestras exportaciones, y es por eso que vamos a reclamar la solidaridad de todas las democracias del mundo, para que se comprenda que quienes fueron temerarios con la dictadura al emprender una política que significó sembrar créditos al voleo y a cualquier interés, no podrán exigir a la democracia, frente a la necesidad de aumentar su crecimiento de la economía, frente a la necesidad de dar satisfacción a requerimientos elementales del pueblo; no podrán exigir que se paguen intereses como ahora, en estos contratos de refinanciación de la deuda de A.A. de más del 10% de la inflación. Vamos a aumentar la producción y en todas las actividades. Queremos establecer un compromiso en negro sobre blanco con los productores argentinos, con el propósito de que todo el mundo realice el esfuerzo necesario para que el país arranque.

Necesitamos un aumento sustancial de la producción industrial y ustedes se preguntarán cómo si no vamos a tener la posibilidad del uso de divisas para la importación de bienes de capital. Es cierto. Pero una de las consecuencias también de esta política inmoral ha sido que en estos momentos nosotros tengamos aproximadamente un 50% de la maquinaria industrial sin utilizar; 50% de utilaje ocioso y corno vamos a modificar el sis tema financiero, vamos a ir con el gerente de Banco al lado ante cada cortina metálica que esté baja para ver cuál es el capital del trabajo necesario y vamos a levantar decenas de día y miles de obreros trabajarán de nuevo por día en la Argentina. Va a haber un correcto sistema arancelario, que va a proteger al industrial de las ventajas comparativas de otros países.

Vamos a suplir las fallas estructurales de la economía argentina, que a veces producen aumentos de costos sin que medie para nada la negligencia del productor. Vamos a cambiar el sistema tributario de modo de alentar la reinversión, porque dejará de basarse sobre los consumos populares y buscaremos que fundamentalmente se aplique sobre los consumos suntuarios y las rentas no invertidas. Va a haber reglas de juego claro con sentido de permanencia en el tiempo, para que el capital de riesgo sepa realmente a qué atenerse; y encontraremos entre todos la manera de definir un régimen de promoción Industrial que sea accesible a la pequeña y a la mediana industria fundamentalmente de agroquímicos y de fertilizantes.

Habrá una planta de fertilizantes nitrogenados, utilizando el gas que estamos venteando; y en cuanto a los fosfatos, utilizaremos a las cooperativas para los convenios de trueque que deberá realizar con los países del Este y de Europa, además de la utilización más modesta de Zapla de tierras grandes. Vamos a lograr que la Junta Nacional de Granos y la Junta Nacional de Carnes estén preparadas para intervenir en el Comercio Exterior, no para monopolizarlo, pero sí para que sean testigos en el comercio exterior del productor y para que la Argentina no pierda buenos negocios, como ha perdido por fanatismo ideológico, porque no se quiso comerciar de gobierno a gobierno. Y a veces no sabemos ahora cuanto nos pagan en realidad, porque apareció un empresario Inteligente que no sabemos con lo que se queda en el camino.

Hay muchos países que quieren negociar de gobierno a gobierno, no sólo los socialistas; en África, en Asia y en América Latina, y tendremos que buscar también la manera de cambiar el tema tributario, de modo de premiar al buen productor y castigar mal productor. Y en todos los casos, detrás de este esfuerzo del productor industrial y del productor agropecuario estará un sistema financiero distinto, con posibilidades de crédito que sean accesibles a la producción, de acuerdo a la rentabilidad de cada uno, porque queremos al industrial en el torno, trabajando para el país y al productor agropecuario en el campo y en el surco elaborando la grandeza de la patria, y no corriendo detrás de los gerentes de Banco para cada vencimiento. Pero no termina ahí todo. Se hace necesario lograr una política agresiva en el comercio exterior. Estamos ante un mundo que sufre una recesión aguda un mundo que no ha crecido el año pasado, que seguramente no crezca este año. Cada uno de los países levanta barreras proteccionistas. Todos están sufriendo de este gobierno de ultraderecha de los EEUU, la puesta en marcha de una política financiera que en definitiva privilegia a las finanzas en detrimento de la producción. De modo que es difícil y tenemos que lograrlo. 1

Hay que diversificar los mercados y habrá que colocar no solamente nuestras materias primas, sino además nuestros productos manufacturados. Y para ello, nada mejor que aprender a trabajar en común con nuestros hermanos de América Latina. Nosotros somos discriminados y aún agredidos en nuestro comercio exterior por el norte, tanto por los EEUU como por el mercado económico europeo. Estamos realmente sufriendo procesos permanentes de deterioro de los términos del intercambio; cada vez nos pagan menos por lo que nos compran, cada vez tenemos que pagarle más lo que nos venden, y ahora competidores nuestros en terceros mercados para la colocación de carnes vacuna y de granos, en contra de la filosofía que preconizan, con productores subsidiarios. Tenemos que aprender a trabajar, corno les decía, en América Latina; tenemos que dejar de ser los soberbios europeos de América Latina, y trabajar juntos con nuestros hermanos para defender nuestros Intereses como corresponde.

Hay que lnternalizar el comercio exterior, hay que trabajar además para cumplir el sueño de los libertadores. Es indispensable que nos demos cuenta que debemos apoyarnos también para los distintos procesos de democratización que debemos llevar adelante; tenemos que terminar con problemas de límites que son tantos y tan graves. Nosotros con Chile, Chile en cierta forma con Bolivia y en consecuencia de alguna manera con Perú, Perú con Ecuador, Colombia con Venezuela, Venezuela con la Guyana por el esequivo; no puede ser más, es absurdo, provoca carreras armamentistas que son una verdadera inmoralidad en países que no han resuelto todavía los problemas del hambre de nuestros pueblos.

Es un lugar común, y a decir amigos, que vamos a recibir a nuestro país en una de las crisis más profundas de su historia. Casi daría la Impresión que son tantos los problemas que los cursos de acción que hay que seguir para solucionarlos fueran distintos y a veces contradictorios. Hay que dar la respuesta que corresponde a la justicia social y hay que aumentar el poder de compra del pueblo, y esto al mismo tiempo que disminuir una inflación tremenda. Vamos a atacar la inflación, pero no haciendo recaer sobre las espaldas del pueblo el esfuerzo de la reconstrucción de la economía. La vamos a recibir en alrededor de un 500% y nos comprometemos en pocos meses a llevarla a 2 dígitos al año.

Pero lo vamos a hacer atendiendo a las medidas estructurales y promoviendo de todas las maneras posibles el aumento de la producción al mismo tiempo que con una disciplina monetaria y fiscal. Tenemos que aumentar los gastos en educación y en salud, pero no podemos aumentar el déficit y entonces corresponderá que la saquemos, saquemos esos partidos de otras zonas del presupuesto, y como no podemos aumentar el déficit, vamos a disminuir el presupuesto de las FFAA en el país. Tengan la seguridad que a pesar de todo vamos a arrancar, vamos a reclamar la solidaridad de las democracias del mundo, vamos a reclamar la solidaridad con la naciente democracia argentina y estén seguros que lo logramos, porque no es cierto que la Argentina esté desprestigiada en el mundo, está desprestigiada la dictadura argentina, pero no el pueblo argentino. Vamos a salir con el esfuerzo de todos, que nadie deje caer sus brazos, que nadie disminuya en un ápice la altura de los objetivos que se ha determinado para el país. Vamos a arrancar, tengan ustedes la seguridad; otros países han atravesado crisis más duras que las nuestras y salieron.

Piensen ustedes en Europa y en la guerra, hoy son nuestros acreedores. Nosotros vamos a arrancar y será con el esfuerzo de todos, con el esfuerzo de la juventud, de la generación intermedia y con los hombres y mujeres de la tercera edad.

A todos les he dicho lo mismo recorriendo la República, y yo les quiero dejar este modesto mensaje de nuevo a los muchachos jóvenes. Comprendan que no están solos; serán la vanguardia de una lucha nueva, de una marcha nueva. Se trata de un rumbo distinto, una marcha con una meta nueva. Y casi diría también con una lealtad nueva. Una lealtad no con el pasado, una lealtad con el futuro que estamos obligados a construir. Un esfuerzo entre todos; yo les he dicho en toda la República que no cometan el error que hemos cometido los mayores. Quien piensa distinto en el pluralismo de la democracia puede ser un adversario, pero jamás un enemigo. No sigan a hombres. Los hombres fallan a veces o no pueden Sigan a ideas. Los principios acompañan toda la vida a un hombre de bien. Quiéranse a sí mismos. No puede querer a los demás quien no se quiere a sí mismo. Pero quererse a sí mismo significa respetarse a si mismo, y para respetarse a sí mismo hay que cumplir con su deber. Cumplir con su deber en el hogar, con el grupo familiar en la escuela, en el trabajo, con sus compañeros.

Es prepararse para cumplir con el deber con la patria, que mañana será el conjunto de los porvenires honrados que ustedes se vayan construyendo con esfuerzo y sacrificio. Es la tarea de todos; es la tarea de los hombres y de las mujeres; de la mujer que tiene esta inteligencia extraordinaria para defender a los suyos y que ahora comprende que la forma de defenderlos es practicando en este proceso de democratización y la vemos rodeando nuestras tribunas como nunca. La mujer que sufre las consecuencias de esta sociedad anticuada y machista que ni siquiera le confiere la posibilidad de compartir la patria potestad de sus hijos. De la mujer argentina que a veces de tan bondadosa le dio el mal consejo al hijo cuando le dijo "no te metas"; es que había miedo y miedo legítimo en la República. Pero frente a este requerimiento de la historia yo estoy seguro que también de tan bondadosa lo tomará de la mano al hijo e irá a la casa de cualquier partido político para decir sencillamente: "aquí estarnos, para defender la democracia de los argentinos".

Esta es la marcha nueva de los argentinos; hemos revalorizado la democracia. Cada uno ha entendido que la única forma de solucionar nuestros problemas es a través de la recuperación de nuestros derechos y nuestras libertades. Cada uno ha entendido que con la democracia no sólo se vota, con la democracia se come, se cura, se educa. Cada uno a entendido que hubiera bastado un solo diputado levantando su voz en el Congreso de la Nación para que estos "nenes de papá" que manejaron la economía hubieran tenido que desaparecer de la Casa de Gobierno.

Tenemos que ser nosotros los constructores de nuestro propio futuro. Cuando no nos mandoneen más, cuando nadie nos mandonee, ni de arriba ni de abajo; cuando nadie presione sobre nuestros derechos; cuando estemos recién convencidos de nuestra posibilidad de ejercer nuestros derechos, y de ser absolutamente responsables de nuestra libertad, allí recién vamos a construir el país que nos merecemos. Tengan la seguridad, será esta la instancia de nuestra marcha, algo nuevo en el país. Superaremos discrepancias. No estamos desafiados fundamentalmente por problemas ideológicos; podemos dejar para más adelante la discusión acerca de los aspectos más sofisticados de la ideología de cada uno. Aquí se trata de poner en marcha políticas de salvación nacional.

Y lo he dicho por todo el país: es tiempo porque estamos frente a elecciones, de levantar y enarbolar las banderas partidarias. Pero también es tiempo porque definimos cien años de paz y prosperidad, de dejar un lugar arriba de todas para que por encima de todas llamee la azul y blanca, hablando del encuentro definitivo de los argentinos. Es tiempo de marchar juntos también lo he dicho también en toda la República, cada uno inspirándonos en lo mejor de nosotros mismos y también en nuestros muertos más ilustres.

Los radicales ya estamos en la marcha, y al frente de nuestra columna. Allá van: Alem, Yrigoyen, Pueyrredón, Sabattini y Lebensohn , Larralde, Balbín, Illia. Los que estén a nuestra derecha pueden Inspirarse si lo desean en Sáenz Peña o en Pellegrini, los demócratas progresistas en Luciano Molina o Lisandro de la Torre, los socialistas en Juan B. Justo o Alfredo Palacios, los peronístas en Perón o en Evita, pero juntos los argentinos para terminar con la dictadura. Es la marcha nueva de los argentinos.

Dentro de poco esto nos va a parecer una pesadilla, un mal sueño. Vamos a enterrar la etapa de la decadencia argentina, vamos a volver a ponerla entre los primeros países del mundo por la riqueza de nuestro pueblo. No va a ser fácil, nos va a costar, pero lo vamos a lograr, y si lo hacemos, amigos de Buenos Aires, que nadie se deje deslumbrar por los resplandores de las glorias del pasado; yo les aseguro a ustedes que si cumplimos con nuestro deber, nuestros nietos nos van a honrar, como nosotros honramos a los hombres que hicieron la organización nacional. Vamos a salir de todo esto, y lo vamos a hacer entre todos, porque vamos a cumplir nosotros, nos toca a nosotros, así lo ha querido la historia, nos toca a nosotros en este Instante histórico fundamental, dar la respuesta que signifique ponerle una bisagra a este tiempo argentino. Vamos hacia el nuevo rumbo, con la nueva marcha, con la nueva lealtad, hacia el futuro los argentinos.

Una marcha presidida por un profundo sentido moral, por un profundo sentido patriótico, para concretar nada más y nada menos que los objetivos del Preámbulo de la Constitución Nacional de los Argentinos, que yo les pido a todos que lo vayamos repitiendo como sí fuera un compromiso al mismo tiempo que un rezo laico y una oración patriótica que ya empezamos a cantar, porque esto significa que vamos dejando atrás la decadencia argentina.

Estamos en una marcha nueva para constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover al bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que deseen habitar el suelo argentino.

jueves, 28 de mayo de 2009

Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria de 1918

La Juventud Argentina de Córdoba
A los Hombres Libres de Sudamérica

Hombres de una República Libre. acabamos de romper la ultima cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una verguenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocamos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.
La rebeldía estalla en Córdoba y es violenta porque aquí los tiranos se habían ensoberbecido y era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contrarrevolucionarios de Mayo. Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y -lo que es peor aún- el lugar en el que todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las Universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la ciencia frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático. Cuando en un rapto fugaz abre sus puertas a los altos espíritus es para arrepentirse luego y hacerle la vida imposible en su recinto. Por eso es que, dentro de semejante régimen, las fuerzas naturales llevan a mediocrizar la enseñanza, y el ensanchamiento vital de los organismos universitarios no es el futuro del desarrollo orgánico, sino el aliento de la periodicidad revolucionaria.
Nuestro régimen universitario -aún el más reciente- es anacró­nico. está fundado sobre una especie de derecho divino; el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En el nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes. El concepto de autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios no puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la sustancia misma de los estudios. La autoridad, en un hogar de estudiantes. no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando: enseñando.
Si no existe una vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende, toda enseñanza es hostil y de consiguiente infecunda. Toda la educación es una larga obra de amor a los que aprenden. Fundar la garantía de una paz fecunda en el artículo conminatorio de un reglamento o de un estatuto es, en todo caso, amparar un régimen cuartelario. pero no una labor de ciencia. Mantener la actual relación de gobernantes a gobernados es agitar el fermento de futuros trastornos. Las almas de los jóvenes deben ser movidas por fuerzas espirituales. Los gastados resortes de la autoridad que emana de la fuerza no se avienen con lo que reclaman el sentimiento y el concepto moderno de las universidades. El chasquido del látigo sólo puede rubricar el silencio de los inconscientes o de los cobardes. La única actitud silenciosa, que cabe en un instituto de ciencias es la del que escucha una verdad o la del que experimenta para crearla o comprobarla.
Por eso queremos arrancar de raíz en el organismo universita­rio el arcaico y bárbaro concepto de autoridad que en estas casas de estudio es un baluarte de absurda tiranía y sólo sirve para proteger criminalmente la falsa dignidad y la falsa competencia. Ahora ad­vertimos que la reciente reforma, sinceramente liberal, aportada a la universidad de Córdoba por el doctor José Nicolás Matienzo, sólo ha venido a probar que el mal era más afligente de lo que imaginábamos y que los antiguos privilegios disimulaban un estado de avanzada descomposición. La reforma Matienzo no ha inaugurado una democracia universitaria; ha sancionado el predominio de una casta de profesores. Los intereses creados en tomo de los mediocres han encontrado en ella un inesperado apoyo. Se nos acusa ahora de insurrectos en nombre de un orden que no discutimos. pero que nada tiene que hacer con nosotros. Si ello es así. si en nombre del orden se nos quiere seguir burlando y embru­teciendo, proclamamos bien alto el derecho sagrado a la insurrección. Entonces la única puerta que nos queda abierta a la esperanza es el destino heroico de la juventud. El sacrificio es nuestro mejor estímulo; la redención espiritual de las juventudes americanas nuestras única recompensa, pues sabemos que nuestras verdades lo son -y dolorosas- de todo el continente. Que en nuestro país una ley -la ley de Avellaneda, se opone a nuestros anhelos? Pues a reformar la ley, que nuestra salud moral lo está exigiendo.
La juventud vive siempre en trance de heroísmo. Es desintere­sada, es pura. No ha tenido tiempo aún de contaminarse. No se equívoca nunca en la elección de sus propios maestros. Ante los jóvenes no se hace mérito adulando o comprando. Hay que dejar que ellos mismos elijan sus maestros y directores, seguros de que el acierto ha de coronar sus determinaciones. En adelante, solo podrán ser maestros en la futura república universitaria los verda­deros constructores de almas, los creadores de verdad, de belleza y de bien.
La juventud universitaria de Córdoba cree que ha llegado la hora de plantear este grave problema a la consideración del país y de sus hombres representativos.
Los sucesos acaecidos recientemente en la Universidad de Córdoba, con motivo de la elección rectoral, aclaran singularmente nuestra razón en la manera de apreciar el conflicto universitario. La Federación Universitaria de Córdoba, cree que debe hacer conocer al país y a América las circunstancias de orden moral y jurídico que invalidan el acto electoral verificado el 15 de junio. Al confesar los ideales y principios que mueven a la juventud en esta hora única de su vida, quiere referir los aspectos locales del conflicto y levantar bien alta la llama que está quemando el viejo reducto de la opresión clerical. En la Universidad Nacional de Córdoba y en esta ciudad no se han presenciado desórdenes; se ha contemplado y se contempla el nacimiento de una verdadera revolución que ha de agrupar bien pronto bajo su bandera a todos los hombres libres del continente. Referiremos los sucesos para que se vea cuánta razón nos asistía y cuanta verguenza nos sacó a la cara la cobardía y la perfidia de los reaccionarios. Los actos de violencia, de los cuales nos responsabilizamos íntegramente, se cumplían como en el ejercicio de puras ideas. Volteamos -lo que representaba un alzamiento anacrónico y lo hicimos para poder levantar siquiera el corazón sobre esas ruinas. Aquellos representan también la medida de nuestra indignación en presencia de la miseria moral; de la simulación y del engaño artero que pretendía filtrarse con las apariencias de la legalidad. El sentido moral estaba oscurecido en las clases dirigentes por un fariseismo tradicional y por una pavorosa indigencia de ideales.
El espectáculo que ofrecía la asamblea universitaria era re­pugnante. Grupos de amorales deseosos de captarse la buena voluntad del futuro rector exploraban los contornos en el primer escrutinio, para inclinarse luego al bando que parecía asegurar el triunfo, sin recordar la adhesión públicamente empeñada, el compromiso de honor contraído por los intereses de la Universidad. Otros -los más- en nombre del sentimiento religioso y bajo la evocación de la Compañía de Jesús (Curiosa religión que enseña a menospreciar el honor y deprimir la personalidad! ¡Religión para vencidos o para esclavos!). se había obtenido una reforma liberal mediante el sacrificio heroico de una juventud. Se creía haber conquistado una garantía y de la garantía se apoderaban los únicos enemigos de la reforma. En la sombra los jesuitas habían prepara­do el triunfo de una profunda inmoralidad. Consentirla habría com­portado otra traición. A la burla respondimos con la revolución. La mayoría expresaba la suma de la represión, de la ignorancia y del vicio. Entonces dimos la única lección que cumplía y espantamos para siempre la amenaza del dominio clerical.
La sanción moral es nuestra. El derecho también. Aquellos pu­dieron obtener la sanción jurídica, empotrarse en la ley. No se lo permitimos. Antes de que la iniquidad fuera un acto jurídico, irrevocable y completo, nos apoderamos del salón de actos y arrojamos a la canalla, sólo entonces amedrentada, a la vera de los claustros. Que esto es cierto, lo patentiza el hecho de haber, a continuación, sesionado en el propio salón de actos la Federación Universitaria y de haber firmado mil estudiantes sobre el mismo pupitre rectoral, la declaración de huelga indefinida.
En efecto, los estatutos reformados disponen que la elección del rector terminará en una sola sesión, proclamándose inmediata­mente el resultado, previa lectura de cada una de las boletas y aprobación del acta respectiva. Afirmamos, sin temor de será rectificados que las boletas no fueron leídas, que el acta no fue aprobada, que el rector no fue proclamado, y que, por consiguiente, para la ley, aún no existe rector de esta universidad.
La juventud universitaria de Córdoba afirma que jamas hizo cuestión de nombres ni de empleos. Se levantó contra un régimen administrativo, contra un método docente, contra un concepto de autoridad. Las funciones públicas se ejercitaban en beneficio de determinadas camarillas. No se reformaban ni planes ni reglamentos por temor de que alguien en los cambios pudiera perder su empleo. La consigna de "hoy para ti, mañana para mí", corría de boca en boca y asumía la preeminencia de estatuto universitario. Los métodos docentes estaban viciados de un estrecho dogmatismo, contribuyendo a mantener a la universidad apartada de la ciencia y de las disciplinas modernas. Las lecciones, encerradas en la repetición interminable de viejos textos, amparaban el espíritu de rutina y de sumisión. Los cuerpos universitarios, celosos guardianes de los dogmas, trataban de mantener en clausura a la juventud, creyendo que la conspiración del silencio puede ser ejercitada en contra de la ciencia. Fue entonces cuando la oscura universidad mediterránea cerró sus puertas a Ferri, a Ferrero, a Palacios y a otros, ante el temor de que fuera perturbada su plácida ignorancia. Hicimos entonces una santa revolución y el régimen cayó a nuestros golpes.
Creímos honradamente que nuestro esfuerzo había creado algo nuevo, que por lo menos la elevación de nuestros ideales merecía algún respeto. Asombrados, contemplamos entonces como se coaligaban para arrebatar nuestra conquista los más crudos reaccio­narios.
No podemos dejar librada nuestra suerte a la tiranía de una secta religiosa, ni al juego de intereses egoístas. A ello se nos quiere sacrificar. El que se titula rector de la Universidad de San Carlos ha dicho su primera palabra: "Prefiero antes de renunciar que quede el tendal de cadáveres de los estudiantes". Palabras llenas de piedad y de amor, de respeto reverencioso a la disciplina; palabras dignas del jefe de una casa de altos estudios. No invoca ideales ni propósitos de acción cultural. Se siente custodiado por la fuerza y se alza soberbio y amenazador. Armoniosa lección que acaba de dar a la juventud el primer ciudadano de una democracia universitaria!. Recojamos la lección, compañeros de toda América; acaso tenga el sentido de un presagio glorioso, la virtud de un llamamiento a la lucha suprema por la libertad; ella nos muestra el verdadero carácter de la autoridad universitaria, tiránica y obcecada, que ve en cada petición un agravio y en cada pensamiento una semilla de rebelión.
La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Esta cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa.
La juventud universitaria de Córdoba, por intermedio de su fede­ración, saluda a los compañeros de la América toda y les incita a colaborar en la obra de libertad que inicia.


Firman: Enrique F Barros, Horacio Valdéz, Ismael C. Bordabhére, Presidente. Gumersindo Sayago, Alfredo Castellanos, Luis M. Méndez, Jorge L. Bazante, Ceferino Garrzón Maceda, Julio Molina, Carlos Suarez Pinto, Emilio R. Biagosch, Angel J. Nigro, Natalio J. Saibene, Antonio Medina Allende, Ernesto Garrzón.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Manifiesto revolucionario del 26 de Julio de 1890

Junta Revolucionaria del Parque
Al Pueblo:
El patriotismo nos obliga a proclamar la revolución como recurso extremo y necesario para evitar la ruina del país. Derrocar un gobierno constitucional, alterar sin justo motivo la paz pública y el orden social, sustituir el comicio con la asonada y erigir la violencia en sistema político, sería cometer un verdadero delito de que nos pediría cuenta la opinión nacional. Pero acatar y mantener un gobierno que representa la ilegalidad y la corrupción; vivir sin voz ni voto la vida pública de un pueblo que nació libre; ver desaparecer día por día las reglas, los principios, las garantías de toda administración pública regular, consentir los avances al tesoro, la adulteración de la moneda, el despilfarro de la renta; tolerar la usurpación de nuestros derechos políticos y la supresión de nuestras garantías individuales que interesan a la vida civil, sin esperanza alguna de reacción ni de mejora, porque todos los caminos están tomados para privar al pueblo de gobierno propio; y mantener en el poder a los mismos que han labrado la desgracia de la república; saber que los trabajadores emigran y que el comercio se arruina, porque, con la desmonetización del papel, el salario no basta para las primeras necesidades de la vida y se han suspendido los negocios y no se cumplen las obligaciones; soportar la miseria dentro del país y esperar la hora de la bancarrota internacional que nos deshonraría ante el extranjero; resignarse y sufrir todo fiando nuestra suerte y la de nuestra posteridad a lo imprevisto y a la evolución del tiempo, sin tentar el esfuerzo supremo, sin hacer los grandes sacrificios que reclama una situación angustiosa y casi desesperada, sería consagrar la impunidad del abuso, aceptar un despotismo ignominioso, renunciar al gobierno libre y asumir la más grave responsabilidad ante la patria, porque hasta los extranjeros podrían pedirnos cuenta de nuestra conducta, desde que ellos han venido a nosotros bajo los auspicios de una constitución que los ciudadanos hemos jurado y cuya custodia nos hemos reservado como un privilegio, que promete justicia y libertad a todos los hombres del mundo que vengan a habitar el suelo argentino.
La Junta Revolucionaria no necesita decir al pueblo de la nación y a las naciones extrañas los motivos de la revolución, ni detallar cronológicamente todos los desaciertos, todos los abusos, todos los delitos, todas las iniquidades de la administración actual. El país entero está fuera de quicio, desde la Capital hasta Jujuy. Las instituciones libres han desaparecido de todas partes: no hay república, no hay sistema federal, no hay gobierno representativo, no hay administración, no hay moralidad. La vida política se ha convertido en industria lucrativa.
El presidente de la república ha dado el ejemplo, viviendo en la holgura, haciendo la vida de los sátrapas con un menosprecio inaudito por el pueblo y con una falla de dignidad que cada día se ha hecho más irritante. Ni en Europa ni en América podía encontrarse en estos tiempos un gobierno que se le parezca; la codicia ha sido su inspiración, la corrupción ha sido su medio. Ha extraviado la conciencia de muchos hombres con las ganancias fáciles e ilícitas, ha envilecido la administración del Estado obligando a los funcionarios públicos a complacencias indebidas y ha pervertido las costumbres públicas y privadas prodigando favores que representan millones. El mismo ha recibido propinas de cuanto hombre de negocio ha mercado en la nación, y forma parte de los sindicatos organizados para las grandes especulaciones, sin haber introducido capital ni idea propia, sino la influencia y los medios que la constitución ponía en sus manos para la mejor administración del Estado. En cuatro años de gobierno se ha hecho millonario, y su fortuna acumulada por tan torpes medios se exhibe en bienes valiosísimos cuya adquisición se ha anunciado por la prensa. Su participación en los negocios administrativos es notoria, pública y confesada. Los presentes que ha recibido, sin noción de la delicadeza personal, suman cientos de miles de pesos y constan en escrituras públicas, porque los regalos no se han limitado a objetos de arte o de lujo; han llegado a donaciones de bienes territoriales, que el público ha denunciado como la remuneración de favores oficiales. Puede decirse que él ha vivido de los bienes del Estado y que se ha servido del erario público para constituirse un patrimonio propio. Su clientela le ha imitado; sujetos sin profesión, sin capital, sin industria, han esquilmado los bancos del Estado, se han apoderado de las tierras públicas, han negociado concesiones de ferrocarriles y puertos y se han hecho pagar su influencia con cuantiosos dineros.

En el orden público ha suprimido el sistema representativo hasta constituir un Congreso unánime sin discrepancia de opiniones, en el que únicamente se discute el modo de caracterizar mejor la adhesión personal, la sumisión y la obediencia pasiva. El régimen federativo ha sido escarnecido; los gobernadores de provincia, salvo rara excepción, son sus lugartenientes; se eligen, mandan, administran y se suceden según su antojo: rendidos a su capricho. Mendoza ha cambiado en horas de gobernador como en los tiempos revueltos de la anarquía. Tucumán presenció una jornada de sangre, fraguada por la intriga para incorporarla al sistema del monopolio político; no ha habido elección de gobernador que no haya sido otra cosa que un simple acto de comercio. Entre Ríos, bajo la ley marcial, acaba de recibir la imposición de un candidato resistido por la opinión pública. Córdoba ha sido el escenario de un juicio político inventado para arrojar del gobierno a un hombre de bien: hoy día es un aduar; la sociedad sobrecogida vive con los sobresaltos de los tiempos de Bustos y Quiroga.
Las demás provincias argentinas están reducidas a feudos: Salta, la noble provincia del norte, ha sido enfeudada y enfeudadas están igualmente al presidente, Santiago y Corrientes, La Rioja, Jujuy, San Luis y Catamarca.
Jamás argentino alguno ejerció mando más ofensivo ni más deprimente para las leyes de una nación libre.
En el orden financiero los desastres, los abusos, los escándalos, se cuentan por días. Se han hecho emisiones clandestinas para que el Banco Nacional pague dividendos falsos, porque los especuladores oficiales habían acaparado las acciones y la crisis sorprendió antes de que pudieran recoger el botín. El ahorro de los trabajadores y los depósitos del comercio se han distribuido con mano pródiga en el círculo de los favoritos del poder que han especulado por millones y han vivido en el fausto sin revelar el propósito de cumplir jamás sus obligaciones. La deuda pública se ha triplicado, los títulos a papel se han convenido, sin necesidad, en títulos a oro, aumentando considerablemente las obligaciones del país con el extranjero; se han entregado a la especulación más de cincuenta millones de pesos oro que había producido la venta de los fondos públicos de los bancos garantidos, y hoy día la nación no tiene una sola moneda metálica y está obligada al servicio en oro de más de ochenta millones de títulos emitidos para ese fin; se vendieron los ferrocarriles de la nación para disminuir la deuda pública, y realizada la venta se ha despilfarrado el precio; se enajenaron las obras de salubridad, y en medio de las sombras que rodean ese escándalo sin nombre, el pueblo únicamente ve que ha sido atado, por medio siglo, al yugo de una compañía extranjera, que le va a vender la salud a precio de oro; los bancos garantidos se han desacreditado con las emisiones falsas; la moneda de papel está depreciada en doscientos por ciento y se aumenta la circulación con treinta y cinco millones de la emisión clandestina, que se legaliza, y con cien millones, que se disfrazan con el nombre de bonos hipotecarios, pero que son verdadero papel moneda, porque tienen fuerza cancelatoria; cuando comienza la miseria se encarece la vida con los impuestos a oro; y después de haber provocado la crisis más intensa de que haya recuerdo en nuestra historia, ha estado a punto de entregar fragmentos de la soberanía para obtener un nuevo empréstito, que también se habría dilapidado, como se ha dilapidado todo el caudal del Estado.
Esta breve reseña de los agravios que el pueblo de la nación ha sufrido, está muy lejos de ser completa. Para dar idea exacta sería necesario formular una acusación circunstanciada y prolija de los delitos públicos y privados que ha cometido el jefe del Estado contra las instituciones, contra el bienestar y el honor de los argentinos. El pueblo la hará un día y requerirá su castigo, no para de que no se puede gobernar la república sin responsabilidad y sin honor.
Conocemos y medimos la responsabilidad que asumimos ante el pueblo de la Nación; hemos pensado en los sacrificios que demanda un movimiento en el que se compromete la tranquilidad pública y la vida misma de muchos de nuestros conciudadanos; pero el consejo de patriotas ilustres, de los grandes varones, de los hombres de bien, de todas las clases sociales, de todos los partidos, el voto íntimo de todas las provincias oprimidas, y hasta el sentimiento de los residentes extranjeros, nos empuja a la acción y sabemos que la opinión pública bendice y aclama nuestro esfuerzo, sean cuales fueren los sacrificios que demande.
El movimiento revolucionario de este día no es la obra de un partido político. Esencialmente popular e impersonal, no obedece ni responde a las ambiciones de círculo u hombre público alguno. No derrocamos el gobierno para separar hombres y sustituirlos en el mando; lo derrocamos para devolverlo al pueblo a fin de que el pueblo lo reconstituya sobre la base de la voluntad nacional y con la dignidad de otros tiempos, destruyendo esta ominosa oligarquía de advenedizos que ha deshonrado ante propios y extraños las instituciones de la república. El único autor de esta revolución, de este movimiento sin caudillo, profundamente nacional, larga, impacientemente esperada, es el pueblo de Buenos Aires que, fiel a sus tradiciones, reproduce en la historia una nueva evolución regeneradora que esperaban anhelosas todas las provincias argentinas.
El ejército nacional comparte con el pueblo las glorias de este día; sus armas se alzan para garantir el ejercicio de las instituciones. El soldado argentino es hoy día, como siempre, el defensor del pueblo, la columna más firme de la constitución, la garantía sólida de la paz y de la libertad de la república. La Constitución es la ley suprema de la Nación, es tanto como la bandera, y el soldado argentino que la dejara perecer sin prestarle su brazo, alegando la obediencia pasiva, no sería un ciudadano armado de un pueblo libre, sino el instrumento o el cómplice de un soberano déspota. El ejército no mancha su bandera ni su honor militar, ni su bravura, ni su fama, con un motín de cuartel. Sus soldados, sus oficiales y sus jefes han debido cooperar y han cooperado a este movimiento, porque la causa del pueblo es la causa de todos; es la causa de los ciudadanos y del ejército; porque la patria está en peligro de perecer y porque es necesario salvarla de la catástrofe. Su intervención contendrá la anarquía, impedirá desórdenes, garantizará la paz. Esa es su misión constitucional y no la tarea oscura, poco honrosa, de servir de gendarmería urbana para sofocar las libertades públicas.
El período de la revolución será transitorio y breve; no durará sino el tiempo indispensable para que el país se organice constitucionalmente. El gobierno revolucionario presidirá la elección de tal manera que no se suscite ni la sospecha de que la voluntad nacional haya podido ser sorprendida, subyugada o defraudada. El elegido para el mando supremo de la nación será el ciudadano que cuente con la mayoría de sufragios, en comicios pacíficos y libres, y únicamente quedarán excluidos como candidatos los miembros del gobierno revolucionario, que espontáneamente ofrecen al país esta garantía de su imparcialidad y de la pureza de sus propósitos.



Por la Junta Revolucionaria Leandro N. Alem, Aristóbulo del Valle, Mariano Demaría, Mariano Goyena, Juan José Romero, Lucio V. López