lunes, 17 de octubre de 2016

Adolfo Saldías



Abogado, Historiador y Fundador de la U.C.R.
 

                         Nació en Buenos Aires el 6 de setiembre de 1849 en el seno de una tradicional familia.  Hijo del escribano Adolfo Saldías y de Carmen Castellote, fue bautizado el 28 de diciembre en la parroquia de San Ignacio.  Fue su abuelo paterno José Antonio de Saldías, nacido en El Olivar, Chile, el 7 de abril de 1791, descendiente de Pedro I, quien participó en la guerra de la Independencia y que cruzó la cordillera con O´Higgins y otros oficiales.  Por la parte materna, fueron sus abuelos Francisco Castellote, aragonés, que combatió en las Invasiones Inglesas como oficial del regimiento de Arribeños y luego de Patricios de Buenos Aires; y Antonia Estefanía Palacios, que fue una de las damas porteñas que junto a sus esclavos ayudó a defender la ciudad de Buenos Aires, contra el invasor inglés.
El matrimonio Saldías-Castellote instaló su hogar en la amplia casona de la calle Esmeralda 286 (hoy 848).  En esa espaciosa casa trajinaba la numerosa servidumbre, a la que Saldías recordó siempre con afecto y como sus iguales. En ese hogar paterno, impregnado con las ideas unitarias de su familia, nació y se formó Adolfo Saldías.  La familia Saldías solía pasar largas temporadas estivales en la estancia de Lobos, pero en la primavera de año 1872, el padre de Adolfo, enfermó gravemente. Falleció el 8 de enero de 1873, a los 47 años de edad.
Adolfo, Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires. El 12 de febrero de 1870, “La Discusión” publicó la introducción de un trabajo de Adolfo Saldías, titulado “La República y el Catolicismo”, bajo el seudónimo de “Fausto” que dedicó, entre otros, a Leandro N. Alem, que con sus 27 años ya se perfilaba como el futuro caudillo político.  Ese fue el comienzo de una amistad que duró hasta la muerte de Alem en 1896. El 14 de julio de 1873, a los 23 años, finalizó sus estudios doctorándose en Derecho y  exponiendo ante la Universidad de Buenos Aires su “Tesis” sobre el “Matrimonio civil, estudios de los capítulos III, IV y V, del Título 14. Sección 2da., Libro 1º del Código Civil”.  Este trabajo fue presentado 16 años antes de que el Congreso Nacional sancionara la ley sobre esta materia.  Fue su padrino de tesis el doctor Carlos Tejedor.  Recibió el diploma de honor de manos del doctor Juan María Gutiérrez, rector de la Universidad.
Comenzó a actuar en política a través del Partido Autonomista, liderado por Adolfo Alsina, junto con Aristóbulo del Valle, Leandro Alem y Bernardo de Irigoyen, además, fue un activo miembro de la masonería argentina.
El 24 de setiembre de 1874 estalló la revolución encabezada por Mitre.  Saldías,  que recién había contraído matrimonio, preparaba un viaje a Europa, pero en virtud del decreto de las autoridades constituidas, que llamaba a la Guardia Nacional a las armas fue a servir en el 5º Regimiento,  como capitán de Compañía. El 7 de diciembre las fuerzas revolucionarias fueron vencidas en “Santa Rosa” por las tropas al mando del entonces coronel Julio A. Roca, terminando con esta batalla la revolución. Saldías participó en estos acontecimientos, actuando en la ciudad de Buenos Aires y en la isla Martín García.
El 26 de setiembre de 1875, el gobernador Carlos Casares promulgó la ley de Educación común, y nombró director de la nueva repartición a Sarmiento, en esas nuevas funciones, llevó como secretario a Adolfo Saldías.  Seis meses después, el 26 de marzo de 1876 fue electo diputado a la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires.  Iniciaba así, a los 26 años su vida de estadista.  Fueron sus pares en aquella Legislatura, Roque Sáenz Peña, Lucio V. López, Ataliva Roca, Ricardo Lavalle, Julio Fonrouge, Rafael Hernández y Enrique B. Moreno entre otros.
Paralelamente a su tarea como legislador, Saldías trabajaba en su nuevo libro: “Ensayo sobre la historia de la Constitución Argentina”, que llegó a la opinión pública en febrero de 1879.
Estallada la revolución de 1880, signada por la sucesión de Nicolás Avellaneda y la federalización de la ciudad de Buenos Aires, después de dos meses de lucha en los que participó activamente en defensa de la autonomía provincial y de la integridad de su territorio, Saldías decidió viajar a Europa.  Embarcó el 10 de marzo de 1881, en compañía de su primera esposa Irene Arruda y llegaron a Barcelona el 3 de abril.
En Europa, publicó dos libros en París:  “Los Minotauros”, y el primer tomo de la “Historia de Rozas y su época”, que publicó en 1881 y que en la segunda edición de 1892 llevaría el título definitivo de “Historia de la Confederación Argentina”.  El segundo tomo vería la luz en 1884 y el tercero en 1887.  Las inquietudes de la investigación sobre la época que meditaba, llevaron a Saldías a reunir gran cantidad de material. Manuelita Rosas le escribió a Saldías, él y su esposa visitaron a Manuelita en Londres y ahí tuvo el historiador oportunidad de ver algunos papeles del archivo. En 1887, Manuelita, la Hija del restaurador, puso todo el archivo a su disposición definitivamente. Para la segunda edición de esta obra en 1892, corregida y aumentada, Saldías contó con numerosa documentación que le había sido enviada en baúles desde Londres. Dos años después de la muerte de Manuelita, acaecida en 1898, Máximo Terrero y sus hijos continuaron enviándole documentos del archivo.
Su curiosidad y su lealtad intelectual lo llevaron a descubrir documentos hasta entonces ocultos u olvidados. Historia de la Confederación Argentina estaba dedicado a Mitre, a quien envió una copia para que lo juzgara. Mitre le respondió lapidariamente, condenando el trabajo. La obra de Saldías no era la apología de Rosas; era un trabajo honesto de un liberal, que lo había desarrollado con criterio liberal, y condenando muchos aspectos del gobierno de Rosas, pero no todos. Rescató su gobierno fuerte, y sobre todo, la defensa de la soberanía nacional durante el período de los bloqueos franceses e ingleses (1838-1850). El libro de Saldías y su condena por Mitre fueron señalados como el momento fundacional del revisionismo histórico argentino.
Saldías regresó a Buenos Aires en marzo de 1882.  Le compró al Dr. Manuel Bilbao su parte del diario “La Libertad”, que compartió con Edelmiro Mayer y Juan José Lanusse y se hizo cargo de la Redacción, desde el 12 de julio.  Desde allí y durante casi dos años, llevó una oposición tenaz y constructiva al gobierno de Roca. Saldías produjo una extraordinaria obra intelectual, reflejando también su pensamiento y su ideario político en varios periódicos a los que estuvo vinculado desde los veinte años: “El Fénix” (1870), “El Nacional”, junto a Sarmiento; “La Libertad” (1882/3) y “El Argentino” (1890/93).  Fue uno de los periodistas más combativos de su tiempo.
El 23 de setiembre fue proclamado con mayoría de votos para diputado a la Convención Constituyente.  El 8 de febrero de 1883 comienza la publicación del Capítulo XX “Conquista del Desierto 1833-1834”, del Tomo II de la “Historia de Rozas y su época. Algunos trabajos que Saldías publicó en “La Libertad” los reimprimió en su libro “Civilia”, en 1888.  Renunció a la redacción del periódico en diciembre de 1883. En 1884 publicó el segundo tomo de la “Historia de la Confederación Argentina”.
Fue designado como miembro de la Comisión de la Biblioteca Popular de Belgrano, en abril de 1885; y luego miembro del Consejo Escolar del Distrito, y presidente del mismo. En mayo de 1888 Saldías parte nuevamente hacia Europa, mientras tanto la salud de su esposa Irene se fue agravando.  Irene Arruda de Saldías falleció en París, el 27 de febrero de 1889.  La muerte de su compañera lo devolvió al país y a la política, de la que se había alejado desde su renuncia a “La Libertad”.
Una Vez en Buenos Aires, participó de todas las actividades de la oposición. El doctor Manuel Gorostiaga tuvo la iniciativa de hablar con hombres de la oposición para acercarlos.  De esas conversaciones surgió el banquete del mes de junio de 1889, en el Café de París.  Pocos días después se volvían a reunir en la casa de Aristóbulo del Valle, donde concurrieron, además de Adolfo Saldías, Bartolomé Mitre, Vicente Fidel López, Bernardo de Irigoyen, Luis Sáenz Peña, Leandro N. Alem, Delfín Gallo, Pedro Goyena, José Manuel Estrada, Miguel Navarro Viola, Lucio Vicente López, José María Cantilo y Mariano Demaría, entre otros.
Nacía una nueva fuerza, formada por hombres de diversas tendencias políticas: liberales, autonomistas y católicos.  El domingo 15 de abril de 1890, quedó constituida la Unión Cívica, en la asamblea del Frontón Buenos Aires, ubicado en la calle Córdoba 1130. Los periódicos apoyaron la política de la oposición.  A “La Nación” se unió “La Prensa” y el 1º de julio apareció “El Argentino”, órgano oficial de la Unión Cívica.  Sus redactores fueron Joaquín Castellanos, Adolfo Saldías, Francisco Barroetaveña, Lisandro de la Torre, y Emilio Gouchón.
El 26 de julio de 1890 estalla la Revolución del Parque.  La Junta Revolucionaria se concentró en el Parque de Artillería y se fueron formando muchos cantones.  Varios regimientos se plegaron a la revolución.  Alem era el Jefe político y el general Luis María Campos el responsable de la acción militar. Luego de algunas acciones militares, solo quedó la salida de un armisticio.  Francisco Wright y Adolfo Saldías fueron comisionados para negociarlo.  Carlos Pellegrini y Aristóbulo del Valle se entrevistaron y acordaron un armisticio por veinticuatro horas, para enterrar los muertos; así fue que llegó la capitulación en términos honrosos para civiles y militares.
En 1891, Julio A. Roca líder del oficialista Partido Autonomista Nacional, pactó con Bartolomé Mitre una fórmula de unión entre los dos partidos, el acuerdo se formalizó el 16 de abril de 1891, y al oponerse Alem, provocó la ruptura de la Unión Cívica.  Sus seguidores crearon la Unión Cívica Radical.  Por su parte los seguidores de Mitre formaron la Unión Cívica Nacional. Allí Adolfo Saldias se mantuvo firme a sus convicciones y fue uno de los miembros fundadores de la U.C.R.
El 20 de diciembre se realizó un mitin radical en el frontón de Buenos Aires que reunió una multitud, esto generó la preocupación del oficialismo y ante la proximidad de las elecciones,  el 2 de abril de 1892, el presiente Pellegrini declaró el estado de sitio y ese mismo día fueron detenidos Alem y Victor M. Molina, sin ser respetados sus fueros parlamentarios, y también Martín M. Torino, Guillermo Leguizamón, Adolfo Saldías, el coronel Martín Irigoyen, Francisco Barroetaveña, Joaquín Castellanos, entre otros, y luego detenidos e incomunicados a bordo de la corbeta de guerra “La Argentina”.  Bernardo de Irigoyen quedó confinado en su campo “La Choza”, cerca de Luján.  Los políticos encarcelados fueron deportados a Montevideo.
el lazareto Rossetti
Quedaba claro que la única vía posible para desterrar a ese contubernio conservador adueñado del poder era seguir el camino revolucionario. La revolución de 1893 lo encontró a Saldías junto a Alem y el 21 de setiembre fue detenido con otros dirigentes radicales, recluidos primero en el pontón “Ushuaia” y luego en el hospital flotante, más conocido como el lazareto “Rossetti”, donde permanecieron casi un mes. El exilio del año 1893, que se prolongó hasta febrero del 94, le deparó a Saldías conocer a Sara Guillot y Conde con la que contrajo matrimonio el 14 de junio de ese año.
Las diferencias entre saldias e Hipólito Yrigoyen después de la muerte de Alem, produjeron el distanciamiento de Saldias de la Unión Cívica Radical, aunque sostuvo y siguió manteniendo y defendiendo los mismos principios hasta el final de su carrera política. El 1º de mayo de 1898, llegaba a la gobernación de la provincia de Buenos Aires, el doctor Bernardo de Irigoyen, quien ofreció a Saldías la cartera de Obras Públicas, cargo que éste desempeñó durante tres años. En 1902 es elegido Vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires, acompañando a Marcelino Ugarte.
En 1906 se incorporó a la Cámara de Diputados de la Nación, al mismo tiempo, publicaba “La evolución republicana en la Revolución Argentina”, y escribió la “Vida y obra del Padre Castañeda”. Concluido su mandato como diputado nacional, Saldías pudo volver a sus libros y a la gran colección de documentos que había logrado reunir durante muchos años.
En el año 1910, el Gobierno Nacional designa como Interventor de La Rioja al Dr. Adolfo Saldías. El 5 de noviembre de 1911 la Junta de Historia y Numismática Americana lo incorporó como miembro activo, en agosto de 1912 fue designado Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Bolivia. Después de permanecer Saldías más de seis meses ininterrumpidos en la ciudad de La Paz, pidió una licencia por cuestiones de salud. A comienzos de octubre de 1913 vuelve a La Paz con su hija, reanudando las conversaciones con las autoridades bolivianas y la correspondencia con nuestro ministro de Relaciones Exteriores, en relación con un conflicto estallado por cuestiones de límites. Para alejarse del crudo invierno de La Paz, en 1914 vuelve a Buenos Aires en uso de licencia, reanudando enseguida las actividades culturales. En septiembre 1916, Saldías regresó con su familia a La Paz, falleciendo en dicha ciudad el 17 de octubre a la edad de sesenta y cinco años.
Una vez llegados sus restos a la ciudad de Buenos Aires, y ya ejerciendo la Presidencia de la Nación Hipólito Yrigoyen, de acuerdo al decreto de honores del gobierno nacional, el cortejo fúnebre fue escoltado desde la estación Retiro por el Regimiento 6º de Caballería y presidido por los ministros de Relaciones Exteriores y Guerra, representantes del cuerpo diplomático, intendente municipal, altos funcionarios, amigos del extinto, miembros de su familia y público.

Fuente Consultada: www.revisionistas.com.ar

 
Pablo Eduardo Vázquez

jueves, 22 de septiembre de 2016

Valentín Vergara

Una gran trayectoria con convicción, ética y moral

                  Valentín Vergara nació en Diamante, Provincia de Entre Ríos en el año 1879, pertenecía a una familia de escasos recursos económicos, en un hogar humilde y con grandes dificultades, como toda familia que por aquellos tiempos sufría importantes carencias de índole económico, pero ésta, era una familia de grandes conceptos morales y de gran esfuerzo y sacrificio, que daría sus frutos al poder brindar a su hijo una digna educación, produciendo el gran y tan ansiado ascenso social.
                Desarrolló su niñez en la provincia de Entre Ríos, realizando sus primeros estudios en la ciudad de Concepción del Uruguay, donde los culminó con el título de bachiller en el Colegio del Uruguay que fundara, años antes, el General Justo José de Urquiza. Con el título secundario, se trasladó a Buenos Aires, donde ingresó a la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Buenos Aires, allí estudió y obtuvo el título de abogado, primero, y el de Doctor en Jurisprudencia, en el año 1904. Su tesis doctoral se basó en el tema de la posesión hereditaria, y por ella, fue distinguido con el diploma de honor
                Desde su juventud fue militante de la Unión Cívica Radical, y ya desde esa primera época, comenzó a adquirir notoriedad y relieve por su personalidad política, su inteligencia, su gran capacidad de oratoria y fundamentalmente por los altos valores éticos y morales que se condescendían con los principios que sostenía la Unión Cívica Radical desde su nacimiento. Participó en la revolución de 1905 contra el gobierno de Manuel Quintana, del cual, participando en los enfrentamientos, salvó su vida de manera providencial. Su firme convicción radical, su innegable formación jurídica que hacía de la Constitución Nacional una regla de vida y de su defensa una bandera de lucha, hicieron que Vergara, a los 26 años, tomara parte de esta gesta revolucionaria que la Unión Cívica Radical, comandada por Hipólito Yrigoyen llevó adelante en 1905.
                Terminados sus estudios universitarios, se radicó en la Ciudad bonaerense de Bahía Blanca junto a su hermano José María, también abogado, ambos habían sido contratados por Ferrocarriles del Sud y Valentín, no tardó en convertirse en una de las populares figuras del radicalismo de la zona.
                Contrajo matrimonio con Aurora González, con quien compartiría el resto de su vida, una mujer que lo acompañó y apuntaló en todo momento con respecto a su actividad política y pública.
                Fue en Bahía Blanca donde se rodeó de un gran prestigio profesional y afecto popular, siempre arraigado dentro de la U.C.R. al Yrigoyenismo, comenzó su accionar público primero, desde un escaño del Consejo Deliberante, luego ocupando el cargo de Intendente Municipal. Sus obras más importantes como Intendente de Bahía Blanca cuentan de: El Teatro Municipal, pavimentación de los caminos al cementerio, al puerto Ingeniero White y al matadero municipal, convirtió el “cementerio viejo” en la actual plaza Pellegrini.
                Terminada su gestión al frente del gobierno municipal, Vergara se dedicó de lleno a transitar la vida partidaria, llegando a ocupar por primera vez una banca en la Cámara de Diputados de la Nación, para la que fue elegido en los comicios del 3 de marzo de 1918, hasta 1922. Fue elegido con motivo del triunfo radical en las elecciones legislativas de 1918, con el 59% de los sufragios, contra el 35% del partido conservador.
                Su tarea legislativa tuvo como uno de sus objetivos centrales, luchar contra el centralismo ejercido por la ciudad de Buenos Aires en el país. Además, en 1919, presentó el proyecto de ley de Obras de saneamiento para la ciudad de Bahía Blanca; en el período legislativo de 1920, fue autor del proyecto de ley de construcción de un edificio para la Escuela Normalista de Bahía Blanca; otro, en igual sentido, para la construcción de un edificio destinado a la Escuela Normal Mixta de Olavarría; y otro, para la construcción de un edificio destinado a la Escuela Normal de Las Flores. En ese mismo año suscribió los proyectos sobre construcción de un pabellón de infecciosos en el Hospital San José de Bahía Blanca y otro de construcción de los cuarteles de Azul. Durante el año 1921 presentó el proyecto de ley para construir un ferrocarril desde San Luis hasta Bahía Blanca, que tenía por objeto generar un polo de salida para las mercaderías de la zona de Cuyo. En 1922, sus proyectos de ley presentados fueron sobre la reforma a la Ley de Pensiones y Jubilaciones de empleados de empresas particulares y de servicios públicos; y, otro sobre la creación de la Cooperativa Nacional de Hacendados.
                Este trabajo parlamentario se vio acompañado de importantes participaciones en el recinto donde Vergara defendió, siempre, los principios de la Unión Cívica Radical. De una oratoria ejemplar fue siempre la vos del radicalismo en el congreso, una de sus intervenciones con respecto al centralismo dice:
                “soy un convencido de que solamente con el engrandecimiento moral y material de las ciudades con vida propia y situadas a gran distancia de la Capital Federal, se conseguirá en el futuro realizar la aspiración nacional de descentralizar esta gran urbe que absorbe toda la República por la falta de aliciente, estímulo y atractivos de que se resienten la mayoría de los centros y ciudades del interior”.
                Presentó infinidad de proyectos de ley, donde también se pueden destacar: adquisición de semillas para los colonos de la provincia, construcción de seis edificios en Bahía Blanca, destinados a la escuela normal mixta, el colegio nacional, la escuela nacional de comercio, correos, telégrafos y palacio de tribunales.
                En 1922, encabezó la Lista de Candidatos a Diputados Nacionales en las elecciones llevadas a cabo el 2 de abril de ese año, y en las que la lista de la Unión Cívica Radical, encabezada por el doctor Vergara, obtuvo 114.504 votos (60,6%) contra 61.795 (32,7%) del Partido Conservador, obteniendo así la reelección. En este segundo mandato, fue nombrado presidente de la comisión de asuntos constitucionales, presidente del bloque de diputados radicales y vicepresidente de la Cámara. De ese segundo mandato legislativo es importante rescatar sus proyectos de ley sobre Jubilaciones y Pensiones para el personal de empresas periodísticas y sociedades anónimas; el de modificación de la ley sobre el ejercicio de la procuración; el de intervención federal a las provincias de Mendoza y San Juan; y el de construcción de un edificio para la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.
                En 1924, al producirse la división de la UCR en dos partidos, yrigoyenista y anti-personalista, Vergara formó parte del primero de los bloques, como siempre, desde sus inicios en política.
                El 31 de octubre de 1925 la Convención Provincial de la Unión Cívica Radical aprobó la Fórmula Vergara-Ortúzar para las elecciones a Gobernador que se iban a desarrollar en 1926. En la mencionada elección, el binomio radical se impuso con 109.110 votos, por sobre el binomio socialista integrado por  Repetto-Lemos quienes obtuvieron 25.239 sufragios, mientras que el Partido Conservador no presentó candidatos, anunciando la abstención.
                Fueron palabras de Vergara en aquella ocasión: “Pertenezco a un partido que se ha debatido en toda la República por el imperio del sufragio libre, los escrutinios puros, y la honradez dentro de la administración, y sería indigno de él y de su confianza, si dominado por un torpe sensualismo hiciera sentir la influencia oficial para contrariar la voluntad popular.”
                Valentín Vergara asumió la gobernación de la provincia de Buenos Aires el 1º de mayo de 1926, su compañero de fórmula como vicegobernador fue Victoriano de Ortúzar, fueron sus ministros: Ministro de Gobierno, doctor Obdulio Siri. Hacienda, señor Francisco Ratto. O. Públicas, ingeniero Ernesto C. Boatti.
                Al asumir, anunció que proseguiría el vasto plan de obras de su antecesor, José Luis Cantilo, que fomentaría el esfuerzo de los hombres que enriquecían la provincia con su labor agrícola y ganadera; que daría impulso a las industrias y propendería a la radicación de otras nuevas; que entregaría a la colonización y al trabajo ricas extensiones de tierra pública; que sería una de sus grandes preocupaciones la regularización de las finanzas provinciales, como asimismo el mejoramiento del régimen municipal vigente mediante la revisión constitucional. Prometiendo un gobierno digno de las predilecciones de que lo hacía objeto el electorado.
                Todo el gobierno de Vergara tuvo como telón de fondo el problema de la división del radicalismo, la amenaza permanente de la intervención federal y una complicada situación financiera para el distrito que arrojaba un déficit para el período de 17 millones de pesos y obligaciones a mediano plazo que superaban los 60 millones. Vergara trató de resolver los problemas fiscales aplicando una reducción de los gastos. Sabía que no podía hacer reducciones drásticas que estabilizaran el presupuesto. La decisión que tomó fue, la de pedir un préstamo para cubrir el déficit de ese año e impulsar el revalúo fiscal, aprobado en el último tramo de la gestión de Cantilo, para que se pudiera comenzar a cobrar en el ejercicio siguiente, de modo de sincerar el sistema tributario provincial y de ese modo generar un flujo mayor de recursos genuinos.
                Así como la intervención federal fue un tema que sobrevoló todo su mandato, también lo fue la cuestión de los juegos de azar. Para ambos casos, se puede afirmar que fueron cuestiones utilizadas por los "antipersonalistas" en pos de debilitar la candidatura del doctor Yrigoyen. En el conflicto de los juegos de azar, ideológicamente acompañados por los socialistas.
                Al margen de estas cuestiones, Vergara logró equilibrar las finanzas de la Provincia de Buenos Aires y además generó grandes obras de infraestructura que posibilitaron el crecimiento de la zona como podemos destacar: los Caminos que unían las ciudades de Morón con Luján, y Avellaneda con Quilmes, pavimentación en Mar del Plata, Ayacucho, San Isidro, Pehuajó y Zárate. Obras sanitarias en Chivilcoy, Arrecifes, Mercedes, Saladillo, La Plata y Avellaneda. Ampliación de la red del ferrocarril estatal de la provincia. Hospitales regionales en Bahía Blanca, Lobos, Pergamino, Junín y Zárate. Muelle de atraque en San Fernando, de 560 metros de largo. El estado provincial regía 2.000 escuelas primarias y 101 hospitales. No descuidó la adopción de medidas de profilaxis en aquellos lugares donde pudieran producirse epidemias debido a aglomeraciones accidentales, auspiciando también las distintas campañas realizadas por entidades científicas para contrarrestar los avances de enfermedades como la tuberculosis, avariosis, etc. La educación popular mereció preferente atención del gobierno que nos ocupa. El número de escuelas aumentó proporcionalmente al crecimiento de la inscripción en toda la provincia.
                Produjo un trabajo ejemplar al frente de la Provincia de Buenos Aires, sin haber perdido ninguna elección a lo largo de su mandato y garantizando la continuidad de la Unión Cívica Radical en el gobierno de la provincia, el 30 de abril de 1930, el Dr. Valentín Vergara dejaba la primera magistratura de la Provincia de Buenos Aires en manos de su sucesor, Nereo Crovetto.
                Sus palabras al finalizar su mandato fueron: “En el ejercicio del gobierno me he ajustado a los tres principios básicos que expresé al asumir: en lo político he tenido en cuenta la Constitución, a cuya sombra viven generosas todas las garantías y todas las libertades ciudadanas; en lo administrativo, he seguido el orden social; y en lo social la solidaridad y la igualdad”. Para finalizar diciendo que “El estado de Buenos Aires tiene constituida tal unidad y tal poderío económico y político que no habrá fuerza ni partido que pueda ya retrotraerlo al pasado”.
                Decidió poner un paréntesis a su actividad política. Para tal fin, había comenzado a reacondicionar su residencia en Bahía Blanca para retomar su trabajo de abogado. Desde La Plata viajó a Paraguay para descansar, y luego fue a su ciudad natal, Diamante, donde después de una cacería, contrajo una neumonía de la que no pudo recuperarse. Falleció el 22 setiembre 1930. Fue sepultado en el cementerio de Chacarita, en Capital.


Pablo Eduardo Vázquez

martes, 30 de agosto de 2016

DOMINGO FERNÁNDEZ BESCHTEDT y la UCR de LUJAN

                Nació en la Villa de Luján el 5 de noviembre de 1862 pero fue bautizado en San Fernando. Sus padres eran, Domingo Fernández Amoedo quien era médico y partidario de Juan Manuel de Rosas en el plano político, su madre era Irene Beschtedt. Tuvo dos hermanos.
                Domingo estudió en el Colegio del Salvador, en Buenos Aires. A los 23 años de edad se casó en Luján con su prima Enriqueta Fernández, de 19 años, quien más tarde, fallece en Ramos Mejía en el año 1934. De esta unión nacieron: 1 Domingo Fernández Beschtedt Fernández, b. 26 Jul 1889, Luján, Bs. As., Argentina,  d. 26 Dec 1954, Olivos, Bs. As., Argentina, 2 Horacio Fernández Beschtedt Fernández, b. 1894, Luján, Bs. As., Argentina, d. 1959, San Martín de los Andes, Neuquén, Argentina, 3 Elina Fernández Beschtedt Fernández, b. 1897, Luján, Bs. As., Argentina,  d. 26 Mar 1983, 4 Antonio Fernández Beschtedt Fernández, 5 Hernando Fernández Beschtedt Fernández. De sus hijos, dos fueron poetas (Domingo –más conocido como Fernán Félix de Amador– y Horacio), uno ingeniero y dos se dedicaron a la ganadería en el norte de la Patagonia, cerca del cerro Tronador.

                Según los que lo conocieron, Domingo poseía como virtudes personales ser un hombre de gran oratoria, activo, emprendedor, de mucha memoria y agradable a la hora de entablar cualquier tipo de conversación, demostrando cotidianamente ser una persona de mundo y actualidad. Su formación y el entorno familiar lo dotaron de grandes convicciones católicas, con gran responsabilidad y de fuertes convencimientos éticos y morales. Además fue un gran amante de la naturaleza en especial de los árboles y las flores.

                Se acercó a la política desde joven, fuertemente comprometido con la cuestión local y el medio que lo rodeaba, fue uno de los fundadores de la Unión Cívica Radical en Luján, organización de la que fue el primer Presidente de aquel comité local. Además fue un gran admirador, seguidor y amigo de Hipólito Yrigoyen, contándose como un de sus principales partidarios y hombre de confianza del gran caudillo, participó en las sublevaciones radicales, de 1890, 1892, 1893 y 1905. En la revolución radical de 1893 organiza desde su estancia “San Enrique” una columna al frente de la cual se apoderó de la cárcel y la estación ferroviaria de San Nicolás, resultando gravemente herido en el tumulto.

                Fue electo diputado provincial en 1894, llegó a vicepresidente y a presidente del Comité Nacional de la UCR, además de ocupar diversos cargos partidarios durante toda su trayectoria política. Fiel a su pensamiento y formación intelectual defendió durante toda su vida los postulados y las ideas que abrazó desde su fundación la Unión Cívica Radical con fuerte convicción, conducta y con un gran contenido ético y moral que le otorgó el respeto de tanto sus partidarios como sus adversarios, siendo un personaje de gran influencia sobre la sociedad que respetaba su inquebrantable compromiso con sus ideas.

                Entre sus logros y sus emprendimientos se destacan que fue colonizador de nuestra Patagonia, fundo allí la primera cabaña de lanares. La ciudad de Bariloche lo recuerda con una calle con su nombre, pues allí llevó el ferrocarril. También intervino en la creación del Parque Nacional del Sur, proyectó un parque en Bahía Blanca y plantó numerosos ejemplares de robles y rosales en su estancia en Lujan. En 1908, en Bahía Blanca funda la primera escuela mecánico-agrícola de la República Argentina.

                Después de que Hipólito Yrigoyen ganará las elecciones y asumiera la presidencia de la Nación, Yrigoyen lo nombró comisionado municipal de Luján en 1917. Por entonces don Domingo vivía en Lobería, donde tenía una estancia, llamada Las Highlanders, especializada en la cría de vacunos de esa raza, introducida por él mismo en el país. El martes 31 de julio asumió su puesto como comisionado en Lujan.

                Una vez al frente del cargo generó una gran cantidad de transformaciones que produjeron un gran desarrollo para Lujan, entre ellos podemos destacar la recuperación del ex cabildo de Lujan, la Casa Capitular funcionaba como Comisaría y había sufrido un grave derrumbe tras una tormenta, además se encontraba en pésimas condiciones y en un estado de total abandono, Fernández Beschtedt la transformó en Museo Colonial e Histórico, idea que el interventor federal José Luis Cantilo aprobó, dietando el decreto que redactó el propio Fernández Beschtedt con ayuda de su hijo homónimo de creación el 31 de diciembre de 1917. Domingo Fernández Beschtedt propuso crear una comisión encargada de organizar al museo y la integró como representante de Luján. En febrero de 1918 se encomendó al arquitecto Martín Noel su restauración, y el 28 de abril del mismo año se inauguraron las obras con asistencia del interventor y sus ministros. El 12 de octubre de 1923 abrió sus puertas el Museo, nombrándose director al Dr. Enrique Udaondo, quien continuó ejerciendo ese cargo hasta el día de su fallecimiento, el 6 de junio de 1962.

                Cabe señalar que este cabildo está ligado a hechos históricos de gran importancia; desde sus balcones se juró obediencia a los monarcas españoles Carlos III, Carlos IV y Fernando VII, y cuando el virrey Sobremonte huyó hacia Córdoba en 1806 dejó los tesoros del Virreinato depositados en él. En este mismo año fueron alojados en sus dependencias en calidad de detenidos el general Guillermo Carr Beresford, el coronel Denis Pack y varios oficiales ingleses de los que habían intentado apoderarse de Buenos Aires, quienes tramaron allí tiempo después una conspiración en connivencia con Saturnino Rodríguez Peña y Aniceto Padilla.

                Al Cabildo de Luján le cabe el honor de haber sido el primero que reconoció en el país a la Junta de Gobierno nombrada el 25 de mayo de 1810, y en la época de la anarquía del año 20 fue proclamado allí el 20 de junio gobernador de Buenos Aires el brigadier general Miguel Estanislao Soler, y poco después, para el mismo cargo, el general Carlos María de Alvear.

                En época del brigadier general Juan Manuel de Rosas el histórico edificio sirvió de prisión al general José María Paz, quien vivió allí durante cuatro años. También en 1875 Bartolomé Mitre estuvo confinado en él.

                Domingo, también tuvo la visión y la capacidad de generar y contarse como otro de sus logros la organización y creación del primer mercado popular de Lujan. Más tarde, en 1919 fundó en Luján, más precisamente en uno de los campos de su propiedad, la primera comuna agrícola. Fernández Beschtedt fue el visionario que concibió esta comunidad de chacras. En el año 1910 fundo la Comuna Agrícola Doctor Domingo Fernández adoptando un nuevo tipo de población rural e implemento innovadores métodos de cultivo, que hasta ese entonces en el país eran prácticamente desconocidos. Domingo había pensado en todo, desde el trazado de las calles y avenidas internas, como el diseño de las casas del tipo cottage, las cuales contaban con su cerco, pozo, molino y hasta con un tanque australiano; también había ideado desde los métodos de explotación de la tierra y cría de los animales hasta los medios para distribuir los productos. El centro de todas las avenidas de la Comuna era el castillo neogótico que data de 1841. Allí residía el propietario y su familia, funcionaba la administración, escuela y museo hortícola, talleres para el mayor rendimiento de los cultivos dirigidos por el hijo mayor del propietario: Enrique Beschtedt, ex alumno de la escuela agrícola de Guelph, en Canadá.

                Concluida su gestión en Luján, Yrigoyen lo designó presidente de los Ferrocarriles del Estado. Durante esta gestión concretó dos grandes obras, que podemos decir que pueden considerarse de las más importantes en la historia de nuestra Nación, por la importancia tanto comunicacional, como económica que representaban, estas obras fueron la línea de Huaitiquina que une a Salta con Antofagasta posibilitando la salida al Pacífico de una enorme región argentina y la de Bahía Blanca-Chile, estas dos obras permitían el rápido intercambio de productos como así la comercialización entre los dos países generando de esta forma un gran desarrollo para la zona. Además, durante su gestión, fundó el Instituto Cooperativo del personal ferroviario estatal, del cual fue el primer presidente y su revista oficial, "Riel y Fomento".

                Domingo pasó sus últimos años en la estancia “San José” al margen del rio lujan o más conocida como la estancia del castillo de Naveira. Lindera con el Aero Club Luján., de José R. Naveira, su yerno, que había sido suya hasta comienzos del siglo XX y era conocida como Estancia san enrique y que la había vendido a Arturo Z. Paz, que se la vendió años después al padre de Naveira. Domingo falleció en Luján el 30 de agosto de 1953 a los 91 años de edad.

 
Pablo Eduardo Vázquez