Hablar o leer sobre Oyhanarte para quien además de ser Radical es
Yrigoyenista produce una inmensa admiración y respeto, puesto que este insigne
valuarte de la dirigencia de la Unión Cívica
Radical fuera entre otras cosas aquel defensor de la causa Yrigoyenista hasta
sus últimos días.
Horacio Bernardo Oyhanarte nació en Rojas, Provincia de Buenos Aires un
15 de marzo de 1885, fue abogado, recibido en la Universidad
Nacional de La
Plata en 1907, pero fundamentalmente se desarrolló como político
y diplomático.
Su padre, Juan
Oyhanarte, quien fue asesinado por los conservadores por razones políticas en
1896, también fue el presidente del primer Comité Radical de Rojas, y director
del diario “La Verdad ”,
y luego sería dirigido por su madre, María Hegoburu. Toda la familia mantuvo
siempre una relación de gran fidelidad a Hipólito Yrigoyen. Sus hermanos fueron
Raúl, Juan, Rodolfo y Nicasio.
Se incorporó desde
muy joven a las filas del Radicalismo siguiendo los pasos de su padre y
abrazando la causa Radical Yrigoyenista.
Fue un hombre de acción, y el destino lo puso frente a Hipólito
Yrigoyen, quien sería su conductor y su ejemplo. Será el hombre que supo unir
su extraordinaria capacidad de acción, su desbordante energía, su pasión, con
ese genio, con esa dosis de intelectualidad absolutamente necesaria para
distinguirse y diferenciarse del resto. Se transformará en un orador claro y
profundo, que despertaba el entusiasmo de quienes lo escuchaban, en sus discursos
se imponía por sobre todo el contenido.
Participó en la Revolución radical de 1905. En 1914 fue elegido
Diputado Nacional representando a la Unión Cívica Radical. Es histórico su discurso
inicial como diputado cuestionando por fraudulenta la elección de la Provincia de Buenos Aires.
En 1909 era secretario del Comité de la Juventud y posteriormente
integró, entre otros cuerpos, la
Convención y el Comité nacional.
Durante la Primera Guerra
Mundial defendió en el Congreso la posición de neutralidad. Solía actuar
violentamente y batirse a duelo; en 1915 mantuvo un famoso reto a duelo con Alfredo
Palacios, que no llegó a concretarse, pero que significó para este último su
expulsión del Partido Socialista.
Brindó toda su vida a los
postulados que dieron origen, esencia y fundamento a la Unión Cívica Radical,
entre ellos, abrazó la causa Yrigoyenista, la emancipación nacional, el
sufragio libre, la reivindicación nacional, el respeto a la constitución y todo
ello con un gran sentido ético y moral digno de aquellos Dirigentes que
hicieron grande a la
Unión Cívica Radical.
Hizo un culto de la lucha contra
el “régimen falaz y descreído”, aquel régimen oligarca, fraudulento, petulante
y desvergonzado como él lo llamaba.
En la campaña
electoral para las elecciones presidenciales de 1916, escribió su libro El
Hombre, sobre la vida de Hipólito Yrigoyen, que tuvo una influencia
importante en la elección para Presidente
de la Nación.
Durante la segunda presidencia
de Hipólito Yrigoyen (1928-1930) desempeñó el cargo de Ministro de Relaciones
Exteriores. En su gestión se destaca el acuerdo D'Abernon - Oyhanarte con el Reino
Unido, de compra directa de material ferroviario de gobierno a gobierno, y las
negociaciones con la Unión
Soviética para comprar petróleo crudo a menor precio. Esta
última gestión ha sido mencionada entre las causas directas del golpe militar
del 6 de setiembre de 1930, ya que esto significaba el fin absoluto de la
dominación petrolera estadounidense y británica en nuestro País.
En el momento del
golpe militar que derrocó a Hipólito yrigoyen, fue Oyhanarte quien se mantuvo
en todo momento al lado del Presidente, intentó organizar la defensa y
finalmente fue él mismo quien lo protegió y logró la huida de Yrigoyen, lo
trasladó en su automóvil a La
Plata. Luego , refugiado en Uruguay, el gobierno militar
solicitó su extradición para ser enjuiciado en Argentina por corrupción, extradición
que fue rechazada por el gobierno uruguayo.

Una dolorosa enfermedad
lo aqueja y le impide desplazarse normalmente. Muere, a los 61 años, el 7 de
noviembre de 1946. Su cuerpo es velado en su casa de la calle Arroyo, en una
sala presidida por un gran retrato de Hipólito Yrigoyen. Una multitud de
radicales y su familia lo llevan a pulso hasta su destino final, el único
posible para un luchador de su talla: el Panteón de los Héroes de la Revolución del 90, en La Recoleta. Allí está
junto a Alem, y junto a Yrigoyen.
Pablo Eduardo Vázquez
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