Católicos en el radicalismo cordobés

Al finalizar la escuela primaria
en su ciudad natal ingresó como interno en el Colegio del Salvador en Buenos
Aires, donde se recibió de bachiller. Se trasladó a Córdoba e ingresó en la
Facultad de Derecho, recibiéndose de abogado, en 1895. Más tarde, en 1898 se
recibiría de Dr. en Derecho y Ciencias Sociales en la misma Universidad
nacional de Córdoba, con la tesis
“Acción Reivindicatoria” que fue publicada por la imprenta Domenici.
Desde 1909 y hasta la Reforma
Universitaria de 1918 ejerció el cargo de profesor de Derecho Público y Derecho
Constitucional en la Facultad donde había estudiado. También se desempeñó como
abogado de algunas importantes compañías de la provincia, como la empresa Luz y
Fuerza Motriz de Córdoba.
En
el ámbito profesional, fue, después de Juan Bautista Alberdi el tratadista por
excelencia del Derecho Público Provincial Argentino. Entre los trabajos escritos y publicados
por Arturo se pueden mencionar: Tratado de Derecho Público Provincial, El
cáncer de la sociedad; Derecho Federal Argentino; La
previsión Social Argentina; Acción Parlamentaria; Fallos
de la Cámara Federal de Córdoba; La compañía azucarera Concepción
ante la Corte Suprema Nacional, contra el Gobierno de Tucumán por inconstitucionalidad
de la ley del 18 de julio, titulada de regulación de la producción azucarera,
y un folleto titulado Temas Institucionales, publicado en el
periódico Los Principios en 1919. Además, fundó la Caja
Nacional de Ahorro Postal; promovió la Ley de Accidentes de Trabajo y fue autor
de la Ley de Jubilaciones de Bancarios y de Ferroviarios, entre otros logros.
Tanto su padre como más tarde
él, tuvieron una fuerte vinculación con los sectores católicos de los que
formaban parte activa. De esta forma, Arturo también tendría una destacada
influencia entre los católicos radicales que se remontó a varios años antes de
su incorporación formal al partido en 1919. En la localidad de Villa del
Totoral, donde aún hoy se encuentra su histórica residencia, fundó la primera
Sala de Primeros Auxilios.
Su
vida política comenzó en la Unión Provincial, agrupación surgida en abril de
1909 con el objetivo de disputar las elecciones provinciales de noviembre del
mismo año. Fue designado vicepresidente de esta fuerza, pero renunció a ese
cargo un mes antes de llevarse a cabo los comicios, disconforme con el proceso
de designación de las candidaturas.
Al
poco tiempo en 1913, participó en el Partido Constitucional de Córdoba, y a la
vez fundó el mismo partido en la Capital Federal, muchos de sus integrantes
eran hombres claramente alineados con la Iglesia. El Partido Constitucional,
sustentaba el lema de “Patria, familia, propiedad y tradiciones nacionales”, y
pretendía ser una fuerza política que aglutinara a caudillos conservadores a
nivel nacional, la agrupación se disolvió en 1918. No obstante, su
participación en esta última agrupación, Arturo mantenía desde siempre, una
importante influencia en el radicalismo local. A principios de 1915 contribuyó
a reconciliar la dirigencia de la UCR provincial realizando una mixtura
ideológica, de expectativas y de intereses personales y colectivos, apoyada
también por Elpidio González. Tal “reconciliación” se sustanció en el reingreso
de varios dirigentes católicos al seno partidario. Desde 1912 a 1916, fue
diputado nacional por Córdoba a través de la Unión Nacional, agrupación
conformada por un fuerte núcleo de personajes clericales. Arturo M. Bas,
ejerció su influencia política en la UCR de la provincia por intermedio de su
hermano Ignacio, afiliado radical y de otros militantes radicales. Su hermano, también llevó una activa vida
política, siendo candidato a gobernador de Córdoba en 1924 por la Unión Cívica
Radical antipersonalista. En las elecciones gubernativas cordobesas de
noviembre de 1915, Arturo contribuyó con su ascendiente a que el candidato a
vicegobernador de la fórmula radical fuera Julio C. Borda. Asimismo, la prensa
lo denunciaba por ser el líder de la agrupación Corda Frates, la cual
según los opositores tenía una fuerte influencia en el gobierno radical de
Eufrasio Loza (1915-1918) y, sobre todo, en su lobby contrario al
movimiento reformista. Recién en 1919, Arturo M. Bas se afilió al radicalismo,
tras la aprobación por parte de la dirigencia partidaria, de un programa
político y social coincidente con su postura ideológicamente conservadora.
A
partir de su ingreso formal y por un largo periodo, sería el dirigente católico
más trascendente del partido. En 1920 y en calidad de miembro de la UCR, fue
elegido por segunda vez diputado nacional. Cuando se produjo la fractura del
radicalismo a nivel nacional entre Personalistas y Antipersonalistas, Bas se
alineó con los segundos. A mediados de la década de 1920 su influencia en el
radicalismo declinó, debido a la fortaleza de la fracción personalista,
alcanzada principalmente por el sector Sabattinista.
También fue reconocido por su
intervención en favor de la calidad de vida de los trabajadores, acción que
llevó a cabo como parlamentario y también a través de su activa participación
en las asociaciones católicas. Se incorporó al Círculo Obrero de Córdoba (COC)
por primera vez en 1897 y tras haber dejado la institución temporalmente,
ingresó nuevamente en ella el 7 de setiembre de 1903. En el interior de los
CCOO de la República en la Capital Federal, Bas llegó a adquirir gran
relevancia por las diferentes tareas que cumplió: integró la secretaría de
trabajo de la institución creada con la finalidad de centralizar la
organización de agencias de colocaciones en todo el país, y de ese modo
concentrar todo lo referente a la inmigración, la relación entre obreros y
patrones, los asuntos legales, y la legislación del trabajo. Su accionar en los
CCOO le retribuyó apoyos políticos, ya que su la labor parlamentaria en favor
de los derechos laborales es indiscutible.
Presentó
varios proyectos como diputado nacional en favor de los trabajadores, algunos
de los cuales se convirtieron en Ley, tales como la Ley 9688 de “Accidentes de
Trabajo”, la Ley 9527 de creación de la “Caja Nacional de Ahorro Postal”, la
Ley 11173 de “Hogar Ferroviario” y la Ley 11232 de “Hogar Bancario”, entre
otras.
Para
reflejar su pensamiento social, nos encontramos con un ejemplo concreto, y son
las intervenciones y debates parlamentarios de Arturo M. Bas, en los cuales el
legislador justificaba la política social del Estado en la necesidad de
“moralizar” a los trabajadores, de fomentar en ellos una “actitud de ahorro y
previsión”, de garantizarles condiciones salubres de vida, y de “armonizar” las
relaciones entre el capital y el trabajo. Esta defensa pública de la armonía de
clases, trataba de aplicar con interpretaciones propias la postura que
propiciaba la Iglesia a nivel universal desde León XIII. De allí que su
atención en los intereses de los trabajadores era genuino como se evidencia en
el debate en el Congreso Nacional del proyecto de ley de Jubilación de los
Ferroviarios, presentado por el diputado Manuel Carlés. Bas en su calidad de
miembro de la subcomisión especial encargada de tratarlo defendió algunas
modificaciones presentadas por la comisión original con vistas a exigir un
aporte obligatorio a las empresas, calculado por el Estado, con el propósito de
que estas no eludieran sus compromisos económicos, y de ese modo poder
organizar la Caja de Jubilaciones. El proyecto modificado fue finalmente
sancionado y promulgado como ley N° 9653 en 1915.
Si bien fue un eficaz diputado
propulsor y defensor de proyectos de ley que pretendían mejorar las condiciones
de vida de los trabajadores, no por ello buscaba una completa transformación de
las condiciones económicas en las que se asienta el sistema de reproducción
capitalista; sus propuestas eran un reflejo de una corriente del catolicismo
social que se encontraba entre la más moderada. Para Bas la intervención
estatal servía para poner freno al peligro de la “lucha de clases” en aras de
la protección de un “orden social” basado en las “tradiciones católicas” de la
Nación Argentina. No obstante, no se puede cuestionar la relación que Arturo
había establecido con los sectores subalternos ya sea por su intervención en
los CCOO y su influencia directa en el COC, ya por su acción militante que
logró tener cierto éxito no tanto a pesar de los radicales, en donde encontraba
resistencias por su pensamiento conservador.
Arturo, fue un intelectual con gran capacidad,
tanto académica como profesional. De carácter y pensamiento netamente
conservador y con fuertes concepciones y posturas antiliberales, donde el dogma
de la iglesia era tal vez la voz implacable para sus pensamientos y que se
entroncaban con una retórica que apelaba a la necesidad de proteger los valores
y costumbres “nacionalistas”. Si consideramos en conjunto estos aspectos
reseñados de su pensamiento, Arturo M. defendía una imagen de la realidad que
naturalizaba las desigualdades sociales, reacio a la participación de las mayorías en el juego político, y
antiliberal; al mismo tiempo que manifestaba una sensibilidad hacia la
“cuestión social” que fue indudablemente genuina. Arturo fue parte de un sector
de la Unión Cívica Radical que si bien propulsaba, fomentaba y acompañaba ciertos
cambios que el partido ansiaba para la Nación, no acordaba con el partido en su
totalidad ideológica, estos sectores conservadores o mejor llamados “moderados”
dentro del partido tuvieron influencia como dijimos acercando posturas entre el
partido y los sectores de la iglesia y aquellos otros más tradicionales que
veían al radicalismo con desconfianza y hasta con cierta antipatía y que en
algún momento le valieron a la Unión Cívica Radical para aglutinar fuerzas de
distintas vertientes ideológicas y transformarse en un partido Nacional y
popular, donde convivían sectores de distintas extracciones y pensamientos.
Arturo
M. Bas, falleció en Buenos Aires el 22 de abril de 1935 siendo trasladados sus restos al cementerio de San
Jerónimo, en Córdoba.
Pablo Eduardo Vázquez
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